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Lección 14

Sábado, 30 de septiembre de 2017.

 

Dios en Cristo, reconciliando al mundo consigo mismo

“El hombre, que en su alma, con una vida corrupta, ha desfigurado la imagen de Dios, con el esfuerzo humano no puede operar un cambio radical en sí mismo. Debe aceptar las provisiones del evangelio; se debe reconciliar con Dios con la obediencia a su ley y la fe en Jesucristo. A partir de ese momento, su vida bebe estar sometida al gobierno de un nuevo principio. Mediante el arrepentimiento, la fe y las buenas obras puede perfeccionar un carácter justo y, por los méritos de Cristo, reclamar para sí los privilegios de los hijos de Dios. Si aceptamos los principios de la verdad divina, y les damos un lugar en el corazón, nos llevarán a una altura tal de excelencia moral que jamás hubiéramos siquiera imaginado” (Signs of the Times, 1 de agosto de 1878; Testimonios para la iglesia, tomo 4, pág. 289).

 

Enemigos y aborrecedores de Dios

1. ¿Cómo describen las Escrituras la condición inconversa del hombre en relación con Dios?

Jeremías 5:23

No obstante, este pueblo tiene corazón falso y rebelde; se apartaron y se fueron.

Romanos 1:30

murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres.

Romanos 5:10, primera parte

Porque si siendo enemigos…

“Toda la familia humana ha transgredido la ley de Dios y, como transgresores de la ley, los hombres están arruinados sin esperanza, pues son enemigos de Dios, sin vigor para hacer nada bueno. ‘Lamente carnal es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede’ (Romanos 8:7). Mirándose en el espejo moral –la santa ley de Dios– el hombre se ve a sí mismo como pecador y está convencido de su mala condición, de su condenación sin esperanza bajo el justo castigo de la ley. Pero no ha sido dejado en una condición de sufrimiento sin esperanza en que lo haya sumido el pecado, pues Aquel que era igual a Dios ofreció su vida en el Calvario a fin de salvar al transgresor de la ruina. ‘De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna’ (Juan 3:16)” (Mensajes selectos, tomo 1, pág. 377).

 

La ofrenda más grandiosa

2. ¿Qué suceso especial tomó lugar mientras todavía éramos pecadores, rebeldes y enemigos de Dios?

Romanos 5:8, 10

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros… 10Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

“Jesús era la majestad del cielo, el amado comandante de los ángeles, quienes se complacían en hacer la voluntad de él. Era uno con Dios ‘en el seno del Padre’ (Juan 1:18), y sin embargo no pensó que era algo deseable ser igual a Dios mientras el hombre estuviera perdido en el pecado y la desgracia. Descendió de su trono, dejó la corona y el cetro reales, y revistió su divinidad con humanidad. Se humilló a sí mismo hasta la muerte de cruz para que el hombre pudiera ser exaltado a un sitial con Cristo en su trono. En él tenemos una ofrenda completa, un sacrificio infinito, un poderoso Salvador, que puede salvar hasta lo último a todos los que vienen a Dios por medio de él. Con amor, viene a revelar al Padre, a reconciliar al hombre con Dios, a hacerlo una nueva criatura, renovada de acuerdo con la imagen de Aquel que lo creó” (Mensajes selectos, tomo 1, pág. 377).

 

3. En su trato con el hombre, ¿qué ha hecho el Padre a través de su Hijo?

2 Corintios 5:18, primera parte

Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo…

Efesios 2:17, 18

Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; 18porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

“Cristo sufrió para que mediante la fe en él nuestros pecados fuesen perdonados. Vino a ser el sustituto y la seguridad del hombre, tomando sobre sí el castigo que no merecía, para que nosotros que lo merecíamos pudiésemos ser libertados y volver a la lealtad hacia Dios en virtud de los méritos de un Salvador crucificado y resucitado. El es nuestra única esperanza de salvación. En virtud de su sacrificio, los que ahora somos probados, somos prisioneros de esperanza. Hemos de revelar al universo –al mundo caído y a los mundos no caídos– que en Dios hay perdón y que mediante su amor podemos ser reconciliados con él. El hombre que se arrepiente, que experimenta contrición de corazón, que cree en Cristo como sacrificio expiatorio, llega a comprender que Dios se ha reconciliado con él” (La educación cristiana, pág. 57).

 

Reconciliación con Dios

4. ¿Cómo el sacrificio de Jesús reconcilia al hombre con Dios?

Colosenses 1:20-22

y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. 21Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado 22en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él.

Efesios 2:13

Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

“Sin la cruz el hombre no podría relacionarse con el Padre. De ella pende toda nuestra esperanza. Gracias a ella el cristiano puede avanzar con las pisadas de un vencedor, pues de ella procede la luz del amor del Salvador. Cuando el pecador llega a la cruz y mira a Aquel que murió para salvarlo, puede regocijarse con todo gozo, pues sus pecados son perdonados. Arrodillándose delante de la cruz ha llegado al lugar más alto a que pueda ascender un hombre. La luz del conocimiento de la gloria de Dios se revela en el rostro de Jesucristo, y se pronuncian las palabras de perdón: Vivid, oh vosotros, culpables pecadores, vivid” (Review and Herald, 29 de abril de 1902; Comentario Bíblico Adventista, tomo 5, pág. 1108).

“Demandó los méritos infinitos de su sangre para expiar por aquellos que reciben su amor, y siguen sus pasos. El hombre puede obtener el perdón y la paz sólo a través de Aquel que nos amó, y quien nos lavará de nuestros pecados con su propia sangre” (Signs of the Times, 6 de julio de 1888).

 

5. ¿Cuán completa es la sangre de Jesús para limpiar al hombre de pecado y reconciliarlo con Dios?

Efesios 1:10

De reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

Colosenses 1:14, 20-22

En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados… 20y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. 21Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado 22en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él.

“Y el apóstol Pablo, escribiendo a la iglesia de Colosas, dice: ‘Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él’” (Bible Echo, 21 de febrero de 1898).

“Hay una obra seria y solemne que hacer en este tiempo. El estandarte debe ser levantado en todas partes. Dios ‘nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra…’” (Manuscript Releases, tomo 21, pág. 51).

 

Reconciliación entre los pueblos

6. ¿Cómo unió el sacrificio de Jesús la brecha entre el cielo y la tierra, y también quitó las divisiones entre los hombres?

Efesios 2:12-14, 16

En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. 13Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. 14Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación… 16Y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

“Cristo no admitía distinción alguna de nacionalidad, jerarquía social, ni credo. Los escribas y fariseos deseaban hacer de los dones del Cielo un beneficio local y nacional, y excluir de Dios al resto de la familia humana. Pero Cristo vino para derribar toda valla divisoria. Vino para manifestar que su don de misericordia y amor es tan ilimitado como el aire, la luz o las lluvias que refrigeran la tierra. La vida de Cristo fundó una religión sin castas; en la que judíos y gentiles, libres y esclavos, unidos por los lazos de fraternidad, son iguales ante Dios. Nada hubo de artificioso en sus procedimientos. Ninguna diferencia hacía entre vecinos y extraños, amigos y enemigos. Lo que conmovía el corazón de Jesús era el alma sedienta del agua de vida” (Reflejemos a Jesús, pág. 19).

 

Un ministerio especial

7. Habiendo alcanzado una curación tan grande entre el cielo y la tierra, ¿qué ministerio maravilloso ha dado Jesucristo a su pueblo?

2 Corintios 5:18-20

Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

“Hay una gran obra delante de nosotros. Hay que amonestar al mundo. Hay que traducir la verdad en muchos idiomas para que todas las naciones disfruten de su influencia pura y vivificadora. Esta obra exige el ejercicio de todos los talentos que Dios nos ha confiado: la pluma, la prensa, la voz, el bolsillo y los afectos santificados del alma. Cristo nos ha hecho embajadores para que demos a conocer su salvación a los hijos de los hombres; y si estamos vestidos con la justicia de Cristo y llenos con el gozo de su Espíritu que mora en el interior, no podremos guardar silencio” (El evangelismo, pág. 415).

 

Para estudio adicional

“Los que están en lugar de Cristo rogando que las almas se reconcilien con Dios, deberían manifestar por precepto y ejemplo un interés inalterable por su salvación. Su fervor, perseverancia, abnegación y espíritu de sacrificio deberían de exceder la diligencia y la sinceridad de los que procuran las ganancias terrenales, en la medida en que las almas son más valiosas que las heces de la tierra, y el motivo más elevado que el de una empresa terrenal… Las cosas de la tierra no son duraderas, aunque cuesten mucho. Pero un alma salvada resplandecerá en el reino de los cielos por las edades eternas” (Testimonios para la iglesia, tomo 2,  pág. 301).

“Por medio de la cruz sabemos que nuestro Padre celestial nos ama con amor infinito y eterno, y nos atrae hacia él con una anhelante simpatía que supera a la de una madre por su hijo descarriado. ¿Podemos admirarnos de que Pablo exclame: ‘Lejos esté de mí gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo’? Tenemos también el privilegio de gloriarnos en la cruz del Calvario; es nuestro el privilegio de entregarnos plenamente a Aquel que se dio a sí mismo por nosotros. Luego, con la luz del amor que brilla de su rostro sobre los nuestros, saldremos para reflejarla a los que están en tinieblas” (Review and Herald, 29 de abril de 1902; Comentario bíblico adventista, tomo 5, pág. 1108).

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