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Lección 01

Sábado, 7 de enero de 2017

“Bienaventurados seréis si las hiciereis”

 

“La reconciliación mutua de los hermanos es la obra para la cual se estableció el rito del lavamiento de los pies. Por el ejemplo de nuestro Señor y Maestro, esta ceremonia humillante ha sido convertida en una ordenanza sagrada. Cuandoquiera que se celebre, Cristo está presente por medio de su Santo Espíritu. Es este Espíritu el que trae convicción a los corazones.

“Al celebrar Jesús este rito con sus discípulos, la convicción se apoderó de todos, menos de Judas. Así también nos poseerá la convicción mientras Cristo hable a nuestros corazones. Las fuentes del alma serán depuradas. La mente será vigorizada y, surgiendo a la actividad y la vida, quebrantará toda barrera que haya causado desunión y descarrío. Los pecados que han sido cometidos aparecerán con mayor distinción que nunca antes; pues el Espíritu Santo los traerá a nuestro recuerdo. Las palabras de Cristo: “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis, si las hiciereis”, se verán revestidas de nuevo poder” (Review and Herald, 4 de noviembre de 1902; El evangelismo, pág. 203).

Amad hasta el último momento

1. ¿Qué es lo que siempre motivó los sentimientos y acciones de Jesús para con sus discípulos? ¿Qué hizo Él hasta el fin?

 

Juan 13:1 Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.

 

“Cristo sabía que para él había llegado el tiempo de partir del mundo e ir a su Padre. Y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Estaba ahora en la misma sombra de la cruz, y el dolor torturaba su corazón. Sabía que sería abandonado en la hora de su entrega. Sabía que se le daría muerte por el más humillante procedimiento aplicado a los criminales. Conocía la ingratitud y crueldad de aquellos a quienes había venido a salvar. Sabía cuán grande era el sacrificio que debía hacer, y para cuántos sería en vano. Sabiendo todo lo que le esperaba, habría sido natural que estuviese abrumado por el pensamiento de su propia humillación y sufrimiento. Pero miraba como suyos a los doce que habían estado con él y que, pasados el oprobio, el pesar y los malos tratos que iba a soportar, habían de quedar a luchar en el mundo. Sus pensamientos acerca de lo que él mismo debía sufrir estaban siempre relacionados con sus discípulos. No pensaba en sí mismo. Su cuidado por ellos era lo que predominaba en su ánimo” (El Deseado de todas las gentes, pág. 599).

Sirviendo y limpiando a sus discípulos

2. Sabiendo que era tiempo de dejarlos, ¿qué hizo Jesús cuando estuvieron juntos?

 

Juan 13:2-5 Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, 3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, 4 se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. 5 Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.

 

“Era costumbre, en ocasión de una fiesta, que un criado lavase los pies de los huéspedes, y en esa ocasión se habían hecho preparativos para este servicio. La jarra, el lebrillo y la toalla estaban allí, listos para el lavamiento de los pies; pero no había siervo presente, y les tocaba a los discípulos cumplirlo. Pero cada uno de los discípulos, cediendo al orgullo herido, resolvió no desempeñar el papel de siervo… Por su silencio, se negaban a humillarse.

“¿Cómo iba Cristo a llevar a estas pobres almas adonde Satanás no pudiese ganar sobre ellas una victoria decisiva? ¿Cómo podría mostrarles que el mero profesar ser discípulos no los hacía discípulos, ni les aseguraba un lugar en su reino? ¿Cómo podría mostrarles que es el servicio amante y la verdadera humildad lo que constituye la verdadera grandeza? ¿Cómo habría de encender el amor en su corazón y habilitarlos para entender lo que anhelaba explicarles?... “Esta acción abrió los ojos de los discípulos… Así expresó Cristo su amor por sus discípulos” (El Deseado de todas las gentes, págs. 600, 601).

 

Una nueva comprensión

3. Maravillado de lo que el Señor estaba haciendo por sus discípulos, ¿qué dijo Pedro cuando Jesús se acercó a él para lavar sus pies? ¿Comprendió lo que Jesús estaba haciendo?

 

Juan 13:6, 7 Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? 7 Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después .

 

“Cuando llegó el turno de Pedro, éste exclamó con asombro: ‘¿Señor, tú me lavas los pies?’ La condescendencia de Cristo quebrantó su corazón. Se sintió lleno de vergüenza al pensar que ninguno de los discípulos cumplía este servicio. ‘Lo que yo hago–dijo Cristo, –tú no entiendes ahora; mas lo entenderás después’. Pedro no podía soportar el ver a su Señor, a quien creía ser Hijo de Dios, desempeñar un papel de siervo. Toda su alma se rebelaba contra esta humillación. No comprendía que para esto había venido Cristo al mundo. Con gran énfasis, exclamó: ‘¡No me lavarás los pies jamás!’” (El Deseado de todas las gentes, pág. 602).

“Cuando se ve a Dios como realmente es, brilla la bendita verdad con una luz nueva y más clara. Se esfuma con los brillantes rayos del Sol de Justicia lo que mantenía a la mente en perplejidad. Y, sin embargo, habrá muchas cosas que no comprenderemos; pero tenemos la bendita seguridad de que lo que no conocemos ahora, lo sabremos más allá” (Mensajes selectos, tomo 1, pág. 216).

Una limpieza mayor

4. ¿Fue el lavamiento de pies de los discípulos de Jesús un acto de cortesía, o tuvo un significado mucho más profundo? ¿Sin la limpieza espiritual, es posible tener comunión y estar conectado con Jesús?

 

Juan 13:8-11 Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. 9 Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. 10 Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. 11 Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos.

 

“Solemnemente, Cristo dijo a Pedro: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo”. El servicio que Pedro rechazaba era figura de una purificación superior. Cristo había venido para lavar el corazón de la mancha del pecado. Al negarse a permitir a Cristo que le lavase los pies, Pedro rehusaba la purificación superior incluida en la inferior. Estaba realmente rechazando a su Señor. No es humillante para el Maestro que le dejemos obrar nuestra purificación. La verdadera humildad consiste en recibir con corazón agradecido cualquier provisión hecha en nuestro favor, y en prestar servicio para Cristo con fervor.

“Al oír las palabras, ‘si no te lavare, no tendrás parte conmigo’, Pedro renunció a su orgullo y voluntad propia. No podía soportar el pensamiento de estar separado de Cristo; habría significado la muerte para él. ‘No sólo mis pies –dijo– más aun las manos y la cabeza. Dícele Jesús: El que está lavado, no necesita sino que lave los pies, mas está todo limpio’” (El Deseado de todas las gentes, pág. 602).

Un ejemplo único

5. ¿Cuán habitual es para un maestro o señor servir a sus discípulos o siervos? Más allá de lo que pensemos de este servicio, ¿qué pide el Señor que hagamos cada uno de nosotros?

 

Juan 13:12-14 Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? 13 Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. 14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.

 

“‘ Todos vosotros sois hermanos’. Como hermanos estamos identificados con Cristo y el uno con el otro. Como hermanos somos idénticos a Cristo, y a través de su gracia, idénticos el uno con el otro. Y cuando lavamos los pies de los seguidores de Cristo, es como si estuviésemos tocando en realidad al Hijo de Dios. Realizamos este acto porque Cristo nos dijo que lo hiciéramos, y Cristo mismo está entre nosotros. Su Espíritu Santo hace la obra de unir los corazones. Para llegar a ser uno con Cristo requiere abnegación y sacrificio propio a cada paso.

“La ejecución de la orden de humildad requiere un auto examen. Los nobles principios del alma son fortalecidos en cada una de estas ocasiones. Cristo vive en nosotros, y esto atrae corazón a corazón. Somos llevados a amarnos como hermanos, a ser amables, tiernos, corteses en el servicio diario, teniendo corazones que pueden sentir la aflicción del otro” (Carta 210, 1899; Seventh-day Adventist Bible Commentary, tomo 5, pág. 1139).

 

6. ¿Fue el servicio especial que Jesús realizó por sus discípulos uno que sólo Él podía hacer o fue un ejemplo para todos sus seguidores? ¿Qué sucederá si seguimos su maravilloso ejemplo?

Juan 13:15-17 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. 16 De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. 17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.

“Así expresó Cristo su amor por sus discípulos. El espíritu egoísta de ellos le llenó de tristeza, pero no entró en controversia con ellos acerca de la dificultad. En vez de eso, les dio un ejemplo que nunca olvidarían. Su amor hacia ellos no se perturbaba ni se apagaba fácilmente. Sabía que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos, y que él provenía de Dios e iba a Dios. Tenía plena conciencia de su divinidad; pero había puesto a un lado su corona y vestiduras reales, y había tomado forma de siervo. Uno de los últimos actos de su vida en la tierra consistió en ceñirse como siervo y cumplir la tarea de un siervo” (El Deseado de todas las gentes, pág. 601).

“La humildad es un principio activo que se desarrolla de una concientización cabal del gran amor de Dios, y siempre se demostrará a través de la forma en que obra. Participando de la ordenanza del lavamiento de pies, demostramos que estamos dispuestos a realizar este acto de humildad. Estamos haciendo lo mismo que Cristo hizo, pero no ha de hablarse de esto como un acto de humillación. Es un acto que simboliza la condición de la mente y el corazón” (Carta 210, 1899; Seventh-day Adventist Bible Commentary, tomo 5, pág. 1139).

Lavando la enajenación, los celos y el orgullo

7. Cuando pensamos en el lavamiento de los pies de los discípulos de Jesús, ¿qué purificación viene a la mente? ¿qué impureza debe ser quitada de todos los que entrarán al reino del Señor?

 

1 Juan 2:1, 2 Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. 2 Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

Apocalipsis 1:5 Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre.

 

“…Jesús… deseó por este mismo acto lavar el enajenamiento, los celos y el orgullo de sus corazones. Esto era mucho más importante que lavar sus polvorientos pies. Con el espíritu que entonces manifestaban, ninguno de ellos estaba preparado para tener comunión con Cristo. Hasta que fuesen puestos en un estado de humildad y amor, no estaban preparados para participar en la cena pascual, o del servicio recordativo que Cristo estaba por instituir. Sus corazones debían ser limpiados. El orgullo y el egoísmo crean disensión y odio, pero Jesús se los quitó al lavarles los pies. Se realizó un cambio en sus sentimientos. Mirándolos, Jesús pudo decir: ‘Vosotros limpios estáis’. Ahora sus corazones estaban unidos por el amor mutuo. Habían llegado a ser humildes y a estar dispuestos a ser enseñados…

“Como Pedro y sus hermanos, nosotros también hemos sido lavados en la sangre de Cristo, y sin embargo la pureza del corazón queda con frecuencia contaminada por el contacto con el mal. Debemos ir a Cristo para obtener su gracia purificadora. Pedro rehuía el poner sus pies contaminados en contacto con las manos de su Señor y Maestro; pero ¡con cuánta frecuencia ponemos en contacto con el corazón de Cristo nuestros corazones pecaminosos y contaminados! ¡Cuán penosos le resultan nuestro mal genio, nuestra vanidad y nuestro orgullo! Sin embargo, debemos llevarle todas nuestras flaquezas y contaminación. Él es el único que puede lavarnos. No estamos preparados para la comunión con él a menos que seamos limpiados por su eficacia” (El Deseado de todas las gentes, págs. 602, 603).

Preguntas de reflexión

  • ¿Es nuestra responsabilidad proveer sólo limpieza física a nuestra familia y amistades, o también somos llamados a compartir pureza espiritual?
  • Qué necesitamos para ser capaces de demostrar a los demás cómo ser espiritualmente puros?
  • ¿Qué nos sucederá si estamos dispuestos a participar de este ministerio?
  • ¿Cuáles son los resultados cuando seguimos el ejemplo de Jesús en su espíritu?

Para estudio adicional

“Cuando él, a quien los ángeles adoran, que era rico en honor, esplendor y gloria, vino a esta tierra y tomó la naturaleza del hombre, no presentó su naturaleza excelsa como excusa para mantenerse separado de los desafortunados. Al hacer su obra se lo vio entre los afligidos, los pobres, los angustiados y los necesitados. Cristo era la personificación del refinamiento y la pureza; su vida y carácter eran elevados; pero en su ministerio no se lo encontró entre hombres de altisonantes títulos, ni entre los más honorables de este mundo, sino con los despreciados y necesitados. “Viene –dice el divino Maestro–, a salvar lo que se había perdido”. Sí; la Majestad de los cielos siempre trabajó para ayudar a los que más necesitaban ayuda. Ojalá que el ejemplo de Cristo haga que esa clase de gente que está tan centrada en su propio pobre yo que considera indigno de su refinado gusto y elevada vocación ayudar a  los más desamparados, se avergüence de las excusas que pone para no actuar. Estas personas se han ubicado por encima de su Señor, y al final se asombrarán cuando descubran que son más bajos que los más bajos de esa clase con la que sus personalidades refinadas y sensibles les disgusta mezclarse y por la que les desagrada trabajar. Es cierto que puede no siempre ser agradable unirse con el Maestro y llegar a ser cooperadores con él ayudando a la gente más necesitada; pero ésta es la obra para hacer la cual Cristo se humilló. ¿Es el siervo mayor que su Señor? Él ha dado el ejemplo, y nos insta a que lo imitemos” (Testimonios para la iglesia, tomo 2, pág. 415).

“Esta ceremonia significa mucho para nosotros. Dios quiere que asumamos toda la escena, no sólo el acto de la limpieza externa. Esta lección no se refiere meramente a ese acto. Debe revelar la gran verdad de que Cristo es un ejemplo de lo que nosotros a través de su gracia debemos ser en nuestra relación el uno con el otro. Muestra que toda la vida debería ser un ministerio humilde y fiel” (Manuscrito 43, 1897; Seventh- day Adventist Bible Commentary, tomo 5, pág. 1139).