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Lección 10

Sábado 11 de marzo de 2017

La oración en el Getsemaní

“Contemplé a Jesús en el huerto con sus discípulos. Con profunda tristeza les mandó orar para que no cayesen en tentación. Sabía él que su fe iba a ser probada, y frustrada su esperanza, por lo que necesitarían toda la fortaleza que pudieran obtener por estrecha vigilancia y ferviente oración. Con copioso llanto y gemidos, oraba Jesús diciendo: ‘Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya’. El Hijo de Dios oraba en agonía. Gruesas gotas de sangre se formaban en su rostro y caían al suelo. Los ángeles se cernían sobre aquel paraje, presenciando la escena; pero sólo uno fue comisionado para ir a confortar al Hijo de Dios en su agonía… porque el plan estaba trazado, y debía cumplirse” (Primeros Escritos, pág. 166).

Juntos en oración

1. ¿A dónde fue Jesús con los discípulos después de la última cena y su última conversación? ¿Por qué fue allí?

Juan 18:1 Habiendo dicho Jesús estas cosas, salió con sus discípulos al otro lado del torrente de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos.

Lucas 22:39 Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron.

Mateo 26:36 Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.

“Jesús y los discípulos iban hacia Getsemaní, al pie del monte de las Olivas, lugar apartado que él había visitado con frecuencia para meditar y orar. El Salvador había estado explicando a sus discípulos la misión que le había traído al mundo y la relación espiritual que debían sostener con él” (El Deseado de todas las gentes, pág. 628).

“Por encima del trono se destaca la cruz; y como en vista panorámica aparecen las escenas de la tentación, la caída de Adán y las fases sucesivas del gran plan de redención. El humilde nacimiento del Salvador; su juventud pasada en la sencillez y en la obediencia; su bautismo en el Jordán; el ayuno y la tentación en el desierto; su ministerio público, que reveló a los hombres las bendiciones más preciosas del cielo; los días repletos de obras de amor y misericordia, y las noches pasadas en oración y vigilia en la soledad de los montes; las conspiraciones de la envidia, del odio y de la malicia con que se recompensaron sus beneficios; la terrible y misteriosa agonía en Getsemaní, bajo el peso anonadador de los pecados de todo el mundo;…” (El conflicto de los siglos, pág. 647).

Orando por otros

2. ¿Cuál fue la preocupación del Salvador en este momento? ¿Qué pidió Él que hiciesen sus discípulos en ese momento particularmente doloroso?

Mateo 26:37, 38 Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. 38Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.

“En el desierto de la tentación, en el huerto de Getsemaní y en la cruz, nuestro Salvador cruzó armas con el príncipe de las tinieblas. Sus heridas llegaron a ser los trofeos de su victoria en favor de la familia humana. Mientras Cristo pendía agonizante de la cruz, mientras los malos espíritus se regocijaban, y los hombres impíos le escarnecían, su calcañar fue en verdad herido por Satanás. Pero ese mismo acto aplastaba la cabeza de la serpiente. Por la muerte destruyó ‘al que tenía el imperio de la muerte, es a saber, al diablo’ (Hebreos 2:14). Este acto decidió el destino del jefe de los rebeldes, y aseguró para siempre el plan de la salvación. Al morir, Cristo venció el poder de la muerte; al resucitar, abrió para sus seguidores las puertas del sepulcro. En esa última gran contienda vemos cumplirse la profecía: ‘Esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar’ (Génesis 3:15)” (Profetas y Reyes, pág. 517).

Eligiendo entre la voluntad humana y la voluntad de Dios

3. ¿En qué posición oró Él? Haciendo frente a la copa amarga de las consecuencias del pecado humano, ¿qué le pidió Él a su Padre? Sin embargo, ¿qué estaba Él dispuesto a aceptar?

Mateo 26:39 Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.

Marcos 14:35, 36 Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora. 36Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú.

Lucas 22:41, 42 Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, 42diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

“Dios conoce el fin desde el principio. Conoce el corazón de todo hombre. Lee todo secreto del alma. Sabe si aquellos por quienes se hace oración podrían o no soportar las pruebas que les acometerían si hubiesen de sobrevivir. Sabe si sus vidas serían bendición o maldición para sí mismos y para el mundo. Esto es una razón para que, al presentarle encarecidamente a Dios nuestras peticiones, debamos decirle: ‘Empero no se haga mi voluntad, sino la tuya’ (Lucas 22:42). Jesús añadió estas palabras de sumisión a la sabiduría y la voluntad de Dios cuando en el huerto de Getsemaní rogaba: ‘Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso’ (Mateo 26:39). Y si estas palabras eran apropiadas para el Hijo de Dios, ¡cuánto más lo serán en labios de falibles y finitos mortales!” (El Ministerio de Curación, pág. 175).

“En el huerto de Getsemaní Cristo sufrió en lugar del hombre y la naturaleza humana del Hijo de Dios vaciló bajo el terrible horror de la culpa del pecado, hasta que de sus labios pálidos y temblorosos surgió el clamor agonizante: ‘Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa’... La naturaleza humana hubiera muerto en ese momento, allí mismo, bajo la horrible sensación de pecado, si no hubieran venido ángeles del cielo para fortalecerlo a fin de que pudiera soportar la agonía... Cristo estaba sufriendo la pena de muerte que fue la sentencia del transgresor de la ley de Dios” (La maravillosa gracia de Dios, pág. 168).

Un consejo importante

4. Cuando Él regresó para buscar consuelo de parte de los discípulos, ¿qué encontró? ¿Qué seria instrucción les dio para que no cayesen en la hora de tentación?

Mateo 26:40, 41 Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? 41Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

“Levantándose con penoso esfuerzo, fue tambaleándose adonde había dejado a sus compañeros. Pero ‘los halló durmiendo’. Si los hubiese hallado orando, habría quedado aliviado. Si ellos hubiesen estado buscando refugio en Dios para que los agentes satánicos no pudiesen prevalecer sobre ellos, habría quedado consolado por su firme fe. Pero no habían escuchado la amonestación repetida: ‘Velad y orad’.… No comprendían la necesidad de velar y orar fervientemente para resistir la tentación” (El Deseado de todas las gentes, pág. 639).

“El único camino seguro lo señaló Jesús en su amonestación: ‘Velad y orad’. Mateo 26:41. Hay necesidad de vigilancia. Nuestros propios corazones son engañosos; estamos rodeados de todas las debilidades y flaquezas humanas, y Satanás está decidido a destruir. Nosotros podremos no estar en guardia, pero nuestro adversario nunca está ocioso. Conociendo su infatigable vigilancia, no durmamos, como lo hacen otros, antes ‘sed, pues, sobrios, y velad en oración’ (1 Pedro 4:7; 5:8). Hay que hacer frente al espíritu y la influencia del mundo, pero no debiera permitirse que éstos se posesionen de nuestra mente y corazón” (Testimonios para la iglesia, tomo 5, pág. 386).

5. ¿Eran los discípulos conscientes de cuán seria era la situación? Mientras el Señor buscaba otra vez contacto directo con su Padre, ¿qué hacían los discípulos somnolientos?

Mateo 26:42, 43 Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. 43Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño.

Marcos 14:40 Al volver, otra vez los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño; y no sabían qué responderle.

“Cuando se puso en manos del Salvador la copa del sufrimiento en el jardín del Getsemaní, un pensamiento acudió a su mente: ¿Bebería de esa copa o abandonaría al mundo para que se perdiera en sus pecados? Su sufrimiento sobrepujaba la comprensión humana. Cuando le sobrevino la agonía, ‘era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra’ (Lucas 22:44). La copa misteriosa tembló en sus manos” (Cada día con Dios, pág. 47).

Ayuda para beber la copa

6. Cuando los discípulos fueron incapaces de suplir consuelo o ayuda, ¿quién vino a alentar a Jesús en aquella hora más difícil? ¿Cuán intensa fue la agonía mientras conversaba con su Padre? Comparte tus opiniones sobre cuán difícil imaginas que fue para el Salvador cuando perdía su vida en beneficio de la humanidad.

Lucas 22:43, 44 Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. 44Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

“En medio de esa crisis terrible, cuando todo estaba en juego, el ángel poderoso que permanece junto a la presencia de Dios acudió al lado de Cristo, no para retirar la copa que tenía en la mano sino para fortalecerlo a fin de que la bebiera, dándole la seguridad del amor del Padre.

“Cristo bebió la copa, y por esto los pecadores pueden acudir a Dios para encontrar perdón y gracia. Pero los que participen de la gloria de Cristo también deben participar de sus sufrimientos...” (Cada día con Dios, pág. 47).

“Este es un camino de abnegación. Y cuando pensamos que el camino es demasiado estrecho, que se exige demasiada abnegación en esta senda estrecha; cuando decimos: ¡Cuán duro es renunciar a todo!, hagámonos la pregunta: ¿A cuánto renunció Cristo por mí? Esto ensombrece cualquier actitud que nosotros llamemos abnegación. Contemplemos a Jesús en el huerto, mientras suda grandes gotas de sangre. Un ángel solitario es enviado del cielo para fortalecer al Hijo de Dios. Seguid a Cristo camino del tribunal, mientras lo ridiculiza, escarnece e insulta la muchedumbre enfurecida.

“…Contempladle colgado de la cruz durante aquellas espantosas horas de agonía hasta que los ángeles velan sus rostros para no ver la horrible escena, y el sol oculta su luz, rehusando contemplarla. Pensad en estas cosas y preguntaos: ‘¿Es demasiado estrecho el camino?’ No, no” (Testimonios para la iglesia, tomo 1, pág. 219).

Oración por fortaleza

7. Los discípulos no dieron a Jesús consuelo ni aliento a través de la oración cuando podrían haberlo hecho. ¿Lo hicieron después cuando el peligro se intensificó? ¿Cómo podría su experiencia haber sido muy diferente si hubiesen permanecido despiertos y orando con su Maestro?

Mateo 26:44-46 Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras. 45Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. 46Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega.

Lucas 22:45, 46 Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; 46y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación.

“El Salvador del mundo se levantó y buscó a sus discípulos, y, por tercera vez, los halló durmiendo. Los miró tristemente. Sus palabras, sin embargo, los despertó…” (Spirit of Prophecy, tomo 3, pág. 102).

“De nuevo Cristo buscó a sus discípulos, y otra vez los encontró durmiendo. Si ellos hubieran permanecido despiertos, velando y orando con su Salvador, habrían recibido fuerzas para la prueba que los aguardaba. Al perder esto, no dispusieron de fortaleza cuando más la necesitaban” (La única esperanza, pág. 97).

“Si hubiesen permanecido en vela, no habrían perdido su fe al contemplar al Hijo de Dios muriendo en la cruz. Esta importante vigilia nocturna debía destacarse por medio de nobles luchas mentales y oraciones que los habrían robustecido para presenciar la indecible agonía del Hijo de Dios. Los habría preparado para que, mientras contemplaban sus sufrimientos en la cruz, comprendieran algo de la naturaleza de la angustia abrumadora que él soportó en el huerto de Getsemaní. Y habrían quedado mejor capacitados para recordar las palabras que les había dirigido con referencia a sus sufrimientos, muerte y resurrección; y en medio de la lobreguez de aquella hora terrible y penosa, algunos rayos de esperanza habrían iluminado las tinieblas y sostenido su fe” (Testimonios para la iglesia, págs. 185, 186).

Preguntas de reflexión

• ¿Alguna vez alguien ha hecho una experiencia como la que Jesús ofreció en el Getsemaní?

• Piensa en las veces que recibiste fuerza para enfrentar las situaciones más difíciles de la vida.

• ¿Qué lección podemos aprender de la gran perseverancia de Jesús en la oración?

• ¿Qué actitudes necesitamos cambiar?

Para estudio adicional

“Es terrible para el pecador impenitente caer en las manos del Dios vivo. La prueba de esto es la destrucción del mundo antiguo por el diluvio, y el relato del fuego que cayó del cielo para destruir a los habitantes de Sodoma. Pero nunca esto había sido probado con tanta amplitud como en la agonía de Cristo, el Hijo del Dios infinito, cuando soportó la ira de Dios por un mundo pecador. Como consecuencia del pecado, la transgresión de la ley de Dios, el jardín del Getsemaní ha llegado a ser el lugar preeminente del sufrimiento por un mundo pecaminoso. Ninguna pena, ninguna agonía pueden compararse con las que soportó el Hijo de Dios” (La maravillosa gracia de Dios, pág. 168).

 

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