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Lección 12

Sábado, 16 de septiembre de 2017

 

La suficiencia de la expiación de Cristo

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. Cualquier otro conocimiento es vano a menos que Cristo more en el corazón, y esté entretejido con los afectos. Nuestro Señor trazó que su iglesia reflejase al mundo la plenitud y suficiencia que encontramos en Él. Sus hijos obtienen su gozo de una Fuente más elevada de lo que el mundo pueda comprender; y mientras estén recibiendo constantemente de la abundancia de Dios en dones espirituales y temporales, han de representar al mundo el amor y beneficencia de Cristo” (Review and Herald, 11 de diciembre de 1888).

 

El Salvador

1. ¿Cómo describió el ángel del Señor la obra expiatoria de Jesús por los penitentes? ¿Qué era necesario antes que Él pudiese lavar los pecados del pueblo?

Mateo 1:21

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Hebreos 2:17

Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.

“Debiéramos meditar en las Escrituras, pensando seria y sinceramente en las cosas que atañen a nuestra salvación eterna. La infinita misericordia y amor de Jesús, el sacrificio hecho por nosotros, exigen una seria y solemne reflexión. Debiéramos espaciarnos en el carácter de nuestro querido Redentor e Intercesor. Debiéramos procurar comprender el significado del plan de salvación. Debiéramos meditar en la misión de Aquel que vino para salvar a su pueblo de sus pecados. Nuestra fe y amor se fortalecerán a través de la contemplación de los temas celestiales. Nuestras oraciones serán más y más aceptables a Dios porque estarán más y más mezcladas con fe y amor. Serán más inteligentes y fervorosas. Habrá una confianza más constante en Jesús, y tendremos una experiencia diaria y viva en la voluntad y el poder de Cristo para salvar hasta lo máximo a todos los que acuden a Dios mediante él…” (Nuestra elevada vocación, pág. 115).

 

Aquel que no conocía el pecado fue hecho pecado por causa del hombre

2. A pesar de ser inocente y santo, ¿Qué tomó sobre sí Jesús para expiar por los pecados del hombre y salvarlo de la condenación? ¿Qué daría Él para limpiar el pecado del hombre?

2 Corintios 5:21

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Hebreos 9:28

Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.

Isaías 53:11, 12

Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. 12Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

“Aunque aborrecía el pecado con perfecto odio, acumuló sobre su alma los pecados de todo el mundo. Inmaculado, llevó los pecados de los culpables. Inocente, se ofreció sin embargo como sustituto por los transgresores. El peso de la culpabilidad de todos los pecados cargó sobre el alma divina del Redentor del mundo. Los malos pensamientos, las malas palabras, los malos actos de cada hijo e hija de Adán demandaron una paga que recayó sobre Cristo, pues se había convertido en el sustituto del hombre. Aunque no era suya la culpa del pecado, su espíritu fue desgarrado y magullado por las transgresiones de los hombres, y Aquel que no conoció pecado llegó a ser pecado por nosotros para que pudiéramos ser justicia de Dios en él” (Mensajes selectos, tomo 1, pág. 378).

 

Herido por nuestras transgresiones

3. ¿Qué sufrimiento soportó el Salvador para expiar por los pecados del hombre?

Isaías 53:4, 5, 10

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados… 10Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.

“Se creía generalmente entre los judíos que el pecado era castigado en esta vida. Se consideraba que cada aflicción era castigo de alguna falta cometida por el mismo que sufría o por sus padres. Es verdad que todo sufrimiento es resultado de la transgresión de la ley de Dios, pero esta verdad había sido falseada… Por lo tanto, aquel a quien le sobrevenía una gran aflicción o calamidad debía soportar la carga adicional de ser considerado un gran pecador.

“Así estaba preparado el camino para que los judíos rechazaran a Jesús. El que ‘llevó… nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores,’ iba a ser tenido por los judíos ‘por azotado, por herido de Dios y abatido;’ y de él escondieron ‘el rostro’” (El deseado de todas las gentes, pág. 436).

“El ruego del alma debe ser… Permítaseme verlo como mi ayudador, como el varón de dolores, experimentado en quebrantos. Tú, oh Señor, debes ser mi ayudador. Tú fuiste herido por mis transgresiones, molido por mis pecados… y por tu llaga fui curado” (Exaltad a Jesús, pág. 104).

 

Redención a través de la sangre preciosa

4. ¿Se puede calcular el valor de la sangre preciosa y vida del Hijo de Dios? ¿La redención del hombre fue lograda por la dádiva de cosas corruptibles, tales como dinero o bienes materiales?

1 Pedro 1:18, 19

sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.

Hebreos 9:13, 14

Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, 14¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

“Todos los hombres han sido comprados por este precio infinito. Al derramar todos los tesoros del cielo en este mundo, al darnos en Cristo todo el cielo, Dios ha comprado la voluntad, los afectos, la mente, el alma de cada ser humano. Todos los hombres pertenecen a Dios, ya sean creyentes o incrédulos. Todos son llamados a servirle, y en el día del juicio se requerirá de todos que rindan cuenta de la forma en que hayan respondido a esa demanda” (Palabras de vida del gran Maestro, pág. 261).

“Usted debería estar dispuesto a que todos sepan que no se pertenece, sino que es de Aquel que lo compró a un precio infinito, y que usted no sólo está comprometido, sino decidido a glorificarle en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios. Un amor de tal magnitud debe, no sólo impulsarlo a confesar a Cristo con los labios, sino también con la vida, y a dar fruto para la gloria de Dios” (El Cristo triunfante, pág. 92).

 

Dando su propia vida

5. En el tiempo del Antiguo Testamento, el pecador compraba y sacrificaba al animal como la víctima, pero ¿cómo se realizó el sacrificio más grande alguna vez hecho en la historia?

Mateo 20:28

Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Juan 10:15

Así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

1 Timoteo 2:6

El cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.

“Así también Cristo, con su propia justicia inmaculada, después de derramar su preciosa sangre entra en el lugar santo a purificar el santuario. Y allí la corriente carmesí inicia el servicio de reconciliación entre Dios y el hombre” (La fe por la cual vivo, pág. 202).

“Así como el sumo sacerdote rociaba la sangre caliente sobre el propiciatorio mientras la nube fragante de incienso ascendía delante de Dios, del mismo modo, cuando confesemos nuestros pecados y  supliquemos la eficacia de la sangre expiatoria de Cristo, nuestras oraciones han de ascender al cielo, fragantes con los méritos del carácter de nuestro Salvador. A pesar de nuestra indignidad, hemos de recordar que hay Uno que puede quitar el pecado, y que está dispuesto y ansioso por salvar al pecador. Con su propia sangre pagó la pena por todos los transgresores. Él quitará todo pecado reconocido delante de Dios con un corazón contrito” (Comentario Bíblico Adventista, tomo 7, pág. 970).

 

La expiación suficiente

6. ¿Tuvo el sacrificio provisto por el Hijo de Dios un resultado limitado, como fue el caso para los sacrificios animales en tiempos antiguos? ¿Cuán lejos llega la redención comprada por Jesús?

Hebreos 9:11, 12

Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, 12y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.

“Hay una bendición pronunciada sobre todos los que lloran. Si no hubiesen existido dolientes en nuestro mundo, Cristo no hubiese podido revelar al hombre el carácter paterno de Dios. Aquellos que están oprimidos por la condena del pecado han de conocer la bienaventuranza del perdón, y sus pecados han de ser borrados. Si no hubiese quien llore, la suficiencia de la expiación de Cristo por el pecado no habría sido comprendida” (Signs of the Times, 8 de agosto de 1895).

“La sangre de Cristo es eficaz, pero debe ser aplicada constantemente. Dios no sólo quiere que sus siervos usen los medios que ha dispuesto para ellos para glorificarlo, sino que desea que se consagren ellos mismos a su causa. Si ustedes, hermanos, se han vuelto egoístas… necesitan que se les aplique con urgencia la sangre del sacrificio y consagrarse ustedes y todas sus posesiones a Dios” (Testimonios para la iglesia, tomo 4, pág. 124).

 

Predicando el arrepentimiento y remisión de pecados en su nombre

7. Considerando el gran valor de la redención comprada para toda la humanidad, ¿qué proclama el fiel pueblo de Dios al mundo?

1 Timoteo 3:16

E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria.

Lucas 24:46, 47

y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; 47y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.

Mateo 28:19

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Hechos 20:21

Testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.

“Cristo dijo a sus discípulos que ellos debían comenzar su trabajo en Jerusalén. Esa ciudad había sido el escenario de su asombroso sacrificio por la raza humana. Allí, cubierto con el vestido de la humanidad, había caminado y hablado con los hombres, y pocos habían discernido cuánto se había acercado el cielo a la tierra. Allí había sido condenado y crucificado. En Jerusalén había muchos que creían secretamente que Jesús de Nazaret era el Mesías, y muchos que habían sido engañados por los sacerdotes y gobernantes. El Evangelio debía ser proclamado a éstos. Debían ser llamados al arrepentimiento. Debía aclararse la maravillosa verdad de que sólo mediante Cristo puede obtenerse la remisión de los pecados. Y mientras Jerusalén estaba agitada por los conmovedores sucesos de pocas semanas atrás, era cuando la predicación de los discípulos haría la más profunda impresión” (Los hechos de los apóstoles, pág. 25).

 

Para estudio adicional

Tito 2:14

Quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

“La ofrenda hecha por nuestro Salvador fue de valor suficiente para hacer una expiación completa por los pecados de todo el mundo, y todos los que mediante arrepentimiento y fe huyan a este Refugio, hallarán seguridad; aquí hallarán paz de la presión más pesada de culpa, y alivio de la condenación más profunda. Mediante el sacrificio expiatorio de Cristo, y su obra mediadora a nuestro favor, podemos llegar a estar reconciliados con Dios. La sangre de Cristo demostrará ser eficaz para lavar la mancha carmesí de pecado” (Signs of the Times, 20 de enero de 1881).

“Cuando los hombres y las mujeres puedan comprender plenamente la magnitud del gran sacrificio que fue hecho por la Majestad del cielo al morir en lugar del hombre, entonces será magnificado el plan de salvación,… Este mundo parecerá de poco valor a aquellos que estimen el gran precio de la redención del hombre, la preciosa sangre del amado Hijo de Dios… ¿Quién puede medir el amor que sintió Cristo por el mundo perdido, mientras pendía de la cruz sufriendo por los pecados de los hombres culpables? Este incomprensible amor de Dios fue inconmensurable, infinito” (Testimonios para la iglesia, tomo 2, pág. 191).

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