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Lección 13

Sábado, 23 de septiembre de 2017

 

El Salvador

“Aunque conocemos a Cristo en cierto sentido, es decir, que es el Salvador del mundo, es mucho más que eso. Debemos tener un conocimiento de Cristo Jesús y una experiencia en él, un conocimiento experimental de Cristo, qué es él para nosotros y qué somos nosotros para él. Esta es la experiencia que todos necesitamos. Ahora bien, yo no la puedo tener por ninguno de ustedes, ni ustedes la pueden tener por mí. La obra que se debe hacer en nuestro favor se cumplirá gracias a la manifestación del Santo Espíritu de Dios sobre las mentes y los corazones humanos. El corazón debe ser purificado y santificado” (Cada día con Dios, pág. 211).

 

Promesas de salvación

1. ¿Qué maravillosa promesa dio el Señor siglos antes de llenar los corazones de gozo y esperanza?

Isaías 49:6; 56:1

Dice: Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra… 56:1Así dijo Jehová: Guardad derecho, y haced justicia; porque cercana está mi salvación para venir, y mi justicia para manifestarse.

“Dios ha hablado en lenguaje clarísimo acerca de cada tema que afecta la salvación del alma” (Mensajes selectos, tomo 1, pág. 190).

“Con las palabras: ‘Yo soy la luz del mundo,’ Jesús declaró ser el Mesías. En el templo donde Cristo estaba enseñando, Simón el anciano lo había declarado ‘luz para ser revelada a los Gentiles, y la gloria de tu pueblo Israel’. En esas palabras, le había aplicado una profecía familiar para todo Israel. El Espíritu Santo había declarado por el profeta Isaías: ‘Poco es que tú me seas siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures los asolamientos de Israel: también te di por luz de las gentes, para que seas mi salud hasta lo postrero de la tierra.’ Se entendía generalmente que esta profecía se refería al Mesías, y cuando Jesús dijo: ‘Yo soy la luz del mundo,’ el pueblo no pudo dejar de reconocer su aserto de ser el Prometido” (El deseado de todas las gentes, pág. 430).

 

Redentor del mundo

2. ¿A través de quién logra el Señor la gran obra de redención? ¿Cómo expresó Jesús esto cuando habló sobre su misión en el mundo?

Lucas 19:10

Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Juan 12:47; 3:17

Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo… 3:17Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

“Cristo vino a poner la salvación al alcance de todos. Sobre la cruz del Calvario pagó el precio infinito de la redención de un mundo perdido. Su abnegación y sacrificio propio, su labor altruista, su humillación, sobre todo la ofrenda de su vida, atestiguan la profundidad de su amor por el hombre caído. Vino a esta tierra a buscar y salvar a los perdidos. Su misión estaba destinada a los pecadores: de todo grado, de toda lengua y nación. Pagó el precio para rescatarlos a todos y conseguir que se le uniesen y simpatizasen con él. Los que más yerran, los más pecaminosos, no fueron pasados por alto; sus labores estaban especialmente dedicadas a aquellos que más necesitaban la salvación que él había venido a ofrecer. Cuanto mayores eran sus necesidades de reforma, más profundo era el interés de él, mayor su simpatía, y más fervientes sus labores. Su gran corazón lleno de amor se conmovió hasta lo más profundo en favor de aquellos cuya condición era más desesperada, de aquellos que más necesitaban su gracia transformadora” (Testimonios para la iglesia, tomo 5, pág. 603).

“Cuando Cristo es recibido como Salvador personal, la salvación viene al alma” (El deseado de todas las gentes, pág. 510).

 

Redimidos por su sangre

3. ¿Qué es más precioso que el oro y la plata, mediante lo cual somos redimidos?

Efesios 1:7

En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.

1 Pedro 1:18, 19

Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.

Apocalipsis 5:9

Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación.

·Ahora es el día de su salvación. La luz de la cruz del Calvario resplandece ahora en rayos claros y brillantes, que revelan a Jesús como nuestro sacrificio por el pecado. Mientras lea las promesas que le he presentado, recuerde que son la expresión de un amor y una compasión inefables. El gran corazón lleno de un amor infinito se siente atraído hacia el pecador con compasión ilimitada. ‘Tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados’ (Efesios 1:7). Sí, crea tan sólo que Dios es su auxiliador. Quiere restaurar en el hombre su imagen moral. En la medida en que usted se acerque a él con confesión y arrepentimiento, él se acercará a usted con misericordia y perdón. Todo lo debemos al Señor. Es el Autor de nuestra salvación. Mientras obra su propia salvación con temor y temblor, ‘Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad’ (Filipenses 2:13)” (Testimonios para la iglesia, tomo 5, pág. 597).

 

Salvación del pecado

4. ¿De qué enfermedad infecciosa, mortal hallamos curación, debido a la gracia redentora de Jesucristo?

Mateo 1:21

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

1 Juan 3:5

Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.

“Cristo ‘se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras’ (Tito 2:14). El hizo una ofrenda tan completa que, mediante su gracia, cada uno puede alcanzar la norma de perfección. De los que reciban su gracia y sigan su ejemplo se escribirá en el libro de la vida: ‘Completo en él [en Cristo] sin mancha ni mácula’” (En los lugares celestiales, pág. 9).

“La infinita misericordia, el amor de Jesús y el sacrificio hecho por nosotros, exigen una seria y solemne reflexión. Debemos espaciarnos en el carácter de nuestro querido Redentor e Intercesor. Debemos procurar comprender el significado del plan de salvación y meditar en la misión de Aquel que vino para salvar a su pueblo de sus pecados. Nuestra fe y amor se fortalecerán mediante la contemplación de los temas celestiales. Nuestras oraciones serán más aceptables a Dios porque estarán más mezcladas con fe y amor” (Mente, carácter y personalidad, tomo 2, pág. 372).

 

Libres de condenación

5. A pesar de todos los errores y pecados que cometemos en la vida, ¿de qué nos libra el Señor en su gran misericordia?

Romanos 8:1

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Juan 5:24

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

“Todos tienen el privilegio de vivir de manera que Dios los apruebe y los bendiga. No es la voluntad de nuestro Padre celestial que estemos siempre en condenación y tinieblas. Marchar con la cabeza baja y el corazón lleno de preocupaciones relativas a uno mismo no es prueba de verdadera humildad. Podemos acudir a Jesús y ser purificados, y permanecer ante la ley sin avergonzarnos ni sentir remordimientos. ‘Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, mas conforme al Espíritu’ (Romanos 8:1)” (El conflicto de los siglos, pág. 469).

 

Salvados de la muerte

6. Además de la mancha de pecado y condenación subsiguiente, ¿de qué fin aterrador librará el Señor a todo aquel que viene a Él?

Salmos 49:15

Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, porque él me tomará consigo. Selah.

Oseas 13:14

De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol; la compasión será escondida de mi vista.

1 Corintios 15:54, 55

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. 55¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

“Cristo reclama como suyos a todos los que han creído en su nombre. El poder vitalizador del Espíritu de Cristo que mora en el cuerpo mortal, vincula a cada alma creyente a Jesucristo. Los que creen en Jesús son sagrados para su corazón, porque su vida está oculta con Cristo en Dios…

“¡Qué mañana gloriosa será la de la resurrección! ¡Qué maravillosa escena ocurrirá cuando Cristo venga para ser admirado por los que creen! Todos los que participaron de la humillación y los sufrimientos de Cristo también participarán de su gloria. Mediante la resurrección de Cristo, cada santo creyente que duerma en Jesús surgirá triunfante de su prisión. Los santos resucitados proclamarán: ‘¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?’ 1 Corintios 15:55…

“Jesús ha triunfado sobre la muerte y ha destruido las cadenas de la tumba, y todos los que duermen en el sepulcro compartirán su victoria; saldrán de sus tumbas tal como salió el Conquistador…” (Mensajes selectos, tomo 2, págs. 309, 310).

 

Él volverá y salvará a sus hijos

7. En vista de todas estas bendiciones, ¿a qué maravilloso suceso dirige cada hijo de Dios su atención y esperanza?

Isaías 25:9

Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación.

Juan 10:10, última parte, 28

…Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia… 28Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

“Jesús viene… con la gloria de su Padre, con todo el séquito de los santos ángeles consigo para escoltarlo en su regreso a la tierra. El cielo quedará vacío de ángeles. Mientras tanto, los santos que lo esperan estarán mirando al cielo, como los ‘varones galileos’ cuando ascendió desde el monte de las Olivas. Luego, sólo los que son santos, los que han seguido enteramente al manso Modelo, exclamarán con gozoso arrobamiento al contemplarlo: ‘He aquí éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará’. Y serán transformados ‘en un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta”, esa trompeta que resucita a los santos dormidos y los llama a levantarse de sus lechos de polvo, revestidos de gloriosa inmortalidad, exclamando: ‘¡Victoria! ¡Victoria! sobre la muerte y el sepulcro’” (Hijos e hijas de Dios, pág. 362).

 

Para estudio adicional

“No podemos ganar la salvación, pero debemos buscarla con tanto interés y perseverancia como si abandonáramos todas las cosas del mundo por ella” (Palabras de vida del gran Maestro, pág. 89).

“¡Qué representación es dada aquí! ‘Mi salvación pronto ha de venir’– aquella gran salvación planeada para cada alma por medio de Jesucristo, la salvación por la cual los profetas han inquirido y examinado diligentemente. Nuestro Señor pronto ha de venir a nosotros con misericordia, compasión y amor. Debemos salir a recibirle como a un huésped bienvenido” (Loma Linda Messages, pág. 87).

“Cuanto más contemplemos el carácter de Cristo, y cuanto más experimentemos su poder salvador, más agudamente nos daremos cuenta de nuestra propia debilidad e imperfección, y más fervientemente consideraremos a Cristo como nuestra fortaleza y nuestro Redentor. No tenemos poder en nosotros mismos para limpiar el templo del alma de su contaminación; pero cuando nos arrepentimos de nuestros pecados contra Dios, y buscamos el perdón en virtud de los méritos de Cristo, él impartirá esa fe que obra por amor y purifica el corazón. Por fe en Cristo, y por la obediencia de la ley de Dios, podemos ser santificados, y así obtener la preparación para asociarnos con los santos ángeles y con los redimidos de albos mantos en el reino de gloria” (La edificación del carácter, pág. 82).

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