Volver

Lección 13

Sábado, 1 de abril de 2017

Negando a su Señor

“‘El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas’. ¡Qué corriente de mal y desperdicios fluye por el talento del habla! ¡Y cuántos niegan a Cristo por sus palabras! En lugar de hacer una buena confesión de Cristo por su conversación, dicen: ‘No conozco al Hombre’. Es muy fácil tener una forma de santidad; pero hacer una completa confesión de nuestra fe en Cristo, significa que nuestras palabras, nuestra manera de vestir, y nuestro espíritu testificarán del hecho” (Carta 19, 1897; La voz: su educación y uso correcto, pág. 65).

Siguiendo a la distancia

1. Mientras las autoridades tenían a Jesús en la corte, ¿qué estaban haciendo dos de sus discípulos?

Mateo 26:58

Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin.

Juan 18:15, 16

Y seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Y este discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote; 16 mas Pedro estaba fuera, a la puerta. Salió, pues, el discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y habló a la portera, e hizo entrar a Pedro.

“Después de abandonar a su Maestro en el huerto, dos de ellos se habían atrevido a seguir desde lejos a la turba que se había apoderado de Jesús. Estos discípulos eran Pedro y Juan. Los sacerdotes reconocieron a Juan como discípulo bien conocido de Jesús, y le dejaron entrar en la sala esperando que, al presenciar la humillación de su Maestro, repudiaría la idea de que un ser tal fuese Hijo de Dios. Juan habló en favor de Pedro y obtuvo permiso para que entrase también.

“En el atrio, se había encendido un fuego; porque era la hora más fría de la noche, precisamente antes del alba, Un grupo se reunió en derredor del fuego, y Pedro se situó presuntuosamente entre los que lo formaban. No quería ser reconocido como discípulo de Jesús. Y mezclándose negligentemente con la muchedumbre, esperaba pasar por alguno de aquellos que habían traído a Jesús a la sala” (El Deseado de todas las gentes, pág. 659).

Intentos para ocultarse

2. Viendo a Pedro en la multitud, ¿qué le dijo una joven que estaba al servicio del sumo sacerdote? ¿Reconoció Pedro que era discípulo de Jesús?

Juan 18:18, primera parte

Y estaban en pie los siervos y los alguaciles que habían encendido un fuego; porque hacía frío, y se calentaban…

Marcos 14:66-68

Estando Pedro abajo, en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote; 67y cuando vio a Pedro que se calentaba, mirándole, dijo: Tú también estabas con Jesús el nazareno. 68Mas él negó, diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices. Y salió a la entrada; y cantó el gallo.

“Pero al resplandecer la luz sobre el rostro de Pedro, la mujer que cuidaba la puerta le echó una mirada escrutadora. Ella había notado que había entrado con Juan, observó el aspecto de abatimiento que había en su cara y pensó que sería un discípulo de Jesús. Era una de las criadas de la casa de Caifás, y tenía curiosidad por saber si estaba en lo cierto. Dijo a Pedro: ‘¿No eres tú también de los discípulos de este hombre?’ Pedro se sorprendió y confundió; al instante todos los ojos del grupo se fijaron en él. El hizo como que no la comprendía, pero ella insistió y dijo a los que la rodeaban que ese hombre estaba con Jesús. Pedro se vio obligado a contestar, y dijo airadamente: ‘Mujer, no le conozco’.

“Pedro no había querido que fuese conocido su verdadero carácter. Al asumir un aire de indiferencia, se había colocado en el terreno del enemigo, y había caído fácil presa de la tentación. Si hubiese sido llamado a pelear por su Maestro, habría sido un soldado valeroso; pero cuando el dedo del escarnio le señaló, se mostró cobarde. Muchos que no rehúyen una guerra activa por su Señor, son impulsados por el ridículo a negar su fe. Asociándose con aquellos a quienes debieran evitar, se colocan en el camino de la tentación” (El Deseado de todas las gentes, págs. 658, 659).

3. Cuando otra mujer le reconoció como discípulo de Jesús, ¿qué respondió Pedro la segunda vez?

Mateo 26:71, 72

Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno. 72Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre.

“Pedro procuraba no mostrarse interesado en el juicio de su Maestro, pero su corazón estaba desgarrado por el pesar al oír las crueles burlas y ver los ultrajes que sufría. Más aún, se sorprendía y airaba de que Jesús se humillase a sí mismo y a sus seguidores sometiéndose a un trato tal. A fin de ocultar sus verdaderos sentimientos, trató de unirse a los perseguidores de Jesús en sus bromas inoportunas, pero su apariencia no era natural. Mentía por sus actos, y mientras procuraba hablar despreocupadamente no podía refrenar sus expresiones de indignación por los ultrajes infligidos a su Maestro” (El Deseado de todas las gentes, págs. 659, 660).

Olvidando el consejo del Maestro

4. En este momento, ¿recordó Pedro la advertencia que el Señor le había dado precisamente pocas horas antes?

Lucas 22:31

Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo.

“Muchos en la actualidad se encuentran donde se hallaba Pedro cuando con confianza propia afirmó que no iba a negar a su Señor. Debido a su suficiencia propia son presa fácil de los engaños de Satanás. Los que son conscientes de su debilidad confían en un poder superior. Y mientras miran a Dios, Satanás no tiene poder sobre ellos. Pero los que confían en sí mismos son fácilmente derrotados. Recordemos que si no prestamos atención a las advertencias de Dios, caeremos. Cristo no evitará las heridas de los que se introduzcan por su cuenta en el terreno del enemigo. Deja que el autosuficiente avance impulsado por su supuesta fortaleza, actuando como si supiera más que su Señor. Entonces sobrevienen el sufrimiento y una vida trunca, o tal vez la derrota y la muerte” (Manuscrito 115, 1902; Seventh-day Adventist Bible Commentary, tomo 5, pág. 1102).

Falta de valor

5. Cuando Pedro fue interrogado por tercera vez sobre su relación con Jesús, ¿tuvo valor de confesar su fe en el Maestro? Utilizando un lenguaje ordinario, ¿cómo negó a su Señor otra vez?

Juan 18:26

Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dijo: ¿No te vi yo en el huerto con él?

Marcos 14:70, segunda parte, 71

Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos. 71Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco a este hombre de quien habláis.

“Le fue dada otra oportunidad. Transcurrió una hora, y uno de los criados del sumo sacerdote, pariente cercano del hombre a quien Pedro había cortado una oreja, le preguntó: ‘¿No te vi yo en el huerto con él?’ ‘Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres Galileo, y tu habla es semejante’. Al oír esto, Pedro se enfureció. Los discípulos de Jesús eran conocidos por la pureza de su lenguaje, y a fin de engañar plenamente a los que le interrogaban y justificar la actitud que había asumido, Pedro negó ahora a su Maestro con maldiciones y juramentos” (El Deseado de todas las gentes, pág. 660).

El momento fatídico cuando el gallo cantó

6. ¿Qué se oyó mientras él estaba aún hablando y negando al Maestro por tercera vez? ¿Qué efecto tuvo la mirada del Señor sobre él, incluso cuando el canto del gallo estaba aún sonando en sus oídos?

Lucas 22:60, última parte, 62

Y en seguida, mientras él todavía hablaba, el gallo cantó. Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 62Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.

“Mientras los juramentos envilecedores estaban todavía en los labios de Pedro y el agudo canto del gallo repercutía en sus oídos, el Salvador se desvió de sus ceñudos jueces y miró de lleno a su pobre discípulo. Al mismo tiempo, los ojos de Pedro fueron atraídos hacia su Maestro. En aquel amable semblante, leyó profunda compasión y pesar, pero no había ira.

“Al ver ese rostro pálido y doliente, esos labios temblorosos, esa mirada de compasión y perdón, su corazón fue atravesado como por una flecha. Su conciencia se despertó. Los recuerdos acudieron a su memoria y Pedro rememoró la promesa que había hecho unas pocas horas antes, de que iría con su Señor a la cárcel y a la muerte. Recordó su pesar cuando el Salvador le dijo en el aposento alto que negaría a su Señor tres veces esa misma noche. Pedro acababa de declarar que no conocía a Jesús, pero ahora comprendía, con amargo pesar, cuán bien su Señor lo conocía a él, y cuán exactamente había discernido su corazón, cuya falsedad desconocía él mismo” (El Deseado de todas las gentes, pág. 660).

La puerta de misericordia aún abierta

7. ¿Jesús cerró la puerta de misericordia y la relación fraternal en contra de Pedro después de su negación vergonzosa? ¿Qué lección hay en esto para nosotros cuando enfrentamos la hora de tentación?

Lucas 22:32

Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.

Mateo 26:41

Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

“Pedro negó a su Señor en la hora de la prueba, pero Jesús no dejó a su pobre discípulo. Aunque Pedro se odiaba a sí mismo, el Señor lo amaba; y después de su resurrección, lo llamó por su nombre, y le envió un amante mensaje. Oh, qué Salvador bondadoso, amante y compasivo tenemos nosotros! Y él nos ama aunque erremos” (A fin de conocerle, pág. 281).

“Después que Pedro fue inducido a negarse a sí mismo y a depender en absoluto del poder divino, recibió su llamamiento a trabajar como subpastor. Cristo había dicho a Pedro, antes que le negara: ‘Y tú una vez vuelto, confirma a tus hermanos’ (Lucas 22: 32). Estas palabras indicaban la obra extensa y eficaz que este apóstol debía hacer en lo futuro en favor de aquellos que aceptaban la fe. Su experiencia personal con el pecado, el sufrimiento y el arrepentimiento, lo habían preparado para esa obra. Mientras no reconoció sus debilidades, no pudo conocer la necesidad que tenían los creyentes de depender de Cristo. En medio de la tormenta de la tentación había llegado a comprender que el hombre solamente puede caminar seguro cuando pierde toda confianza en sí mismo y la deposita en el Salvador” (Los hechos de los apóstoles, pág. 414).

Preguntas de reflexión

• Considerando las experiencias que hayas hecho en el pasado, ¿te sientes más o menos seguro/a que Pedro cuando tienes que depender de ti mismo?

• ¿Fueron Pedro y Saulo los únicos que debían renunciar a su confianza propia, o todos tenemos que hacer dicha experiencia?

• Si no podemos controlarnos más de lo que pudo Pedro, ¿cómo lidiamos con aquellos que nos hieren, como Pedro hirió a Cristo?

• ¿Estamos dispuestos y preparados para lidiar con dichas circunstancias y personas en la manera que Jesús hizo con Pedro?

Para estudio adicional

“Se puede confiar en los que ponen a Cristo en primer lugar en todo. Que no dependan de sí mismos, ni ahoguen su interés religioso en su negocio. ¿Ha confiado Dios intereses sagrados al hombre? Entonces él espera que sientan su propia debilidad y dependencia de Dios. Es peligroso que los hombres confíen en su propio entendimiento; por lo tanto debieran buscar diariamente de arriba la fuerza y la sabiduría. Dios debe estar en todos sus pensamientos; así todas las asechanzas y sutilezas de la antigua serpiente no podrán inducirlos a un descuido pecaminoso de su deber. Harán frente al adversario con el simple instrumento que Dios usó: ‘Escrito está’. O bien lo reprenderán con un: ‘¡Vete Satanás!’ (Mateo 4:10).

“El único camino seguro lo señaló Jesús en su amonestación: ‘Velad y orad’ (Mateo 26:41). Hay necesidad de vigilancia. Nuestros propios corazones son engañosos; estamos rodeados de todas las debilidades y flaquezas humanas, y Satanás está decidido a destruir. Nosotros podremos no estar en guardia, pero nuestro adversario nunca está ocioso. Conociendo su infatigable vigilancia, no durmamos, como lo hacen otros, antes ‘sed, pues, sobrios, y velad en oración’ (1 Pedro 4:7; 5:8). Hay que hacer frente al espíritu y la influencia del mundo, pero no debiera permitirse que éstos se posesionen de nuestra mente y corazón” (Testimonios para la iglesia, tomo 5, págs. 385, 386).

* * *