Volver

Lección 02

Sábado, 14 de enero de 2017

“La sangre del nuevo testamento”

 

“Mientras comía la pascua con sus discípulos, instituyó en su lugar el rito que había de conmemorar su gran sacrificio. La fiesta nacional de los judíos iba a desaparecer para siempre. El servicio que Cristo establecía había de ser observado por sus discípulos en todos los países y a través de todos los siglos.

“…La Pascua fue ordenada como conmemoración del libramiento de Israel de la servidumbre egipcia. Dios había indicado que, año tras año, cuando los hijos preguntasen el significado de este rito, se les repitiese la historia. Así había de mantenerse fresca en la memoria de todos aquella maravillosa liberación. El rito de la cena del Señor fue dado para conmemorar la gran liberación obrada como resultado de la muerte de Cristo. Este rito ha de celebrarse hasta que él venga por segunda vez con poder y gloria. Es el medio por el cual ha de mantenerse fresco en nuestra mente el recuerdo de su gran obra en favor nuestro” (El Deseado de todas las gentes, pág. 608).

El deseo más grande del Maestro

1. ¿Qué instruyó Jesús a sus discípulos que hiciesen para prepararse para la pascua? Cuando llegó la hora, ¿con quiénes celebró el servicio agrado?

 

Mateo 26:17-20 El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua?  Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos. 19 Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la pascua. 20 Cuando llegó la noche, se sentó a la mesa con los doce.

 

“Cristo se hallaba en el punto de transición entre dos sistemas y sus dos grandes fiestas respectivas. El, el Cordero inmaculado de Dios, estaba por presentarse como ofrenda por el pecado, y así acabaría con el sistema de figuras y ceremonias que durante cuatro mil años había anunciado su muerte. Mientras comía la pascua con sus discípulos, instituyó en su lugar el rito que había de conmemorar su gran sacrificio. La fiesta nacional de los judíos iba a desaparecer para siempre. El servicio que Cristo establecía había de ser observado por sus discípulos en todos los países y a través de todos los siglos.

“La Pascua fue ordenada como conmemoración del libramiento de Israel de la servidumbre egipcia. Dios había indicado que, año tras año, cuando los hijos preguntasen el significado de este rito, se les repitiese la historia. Así había de mantenerse fresca en la memoria de todos aquella maravillosa liberación” (El Deseado de todas las gentes, pág. 608).

 

2. ¿Qué dijo Jesús a los discípulos sobre lo que deseaba hacer? Describe los diferentes significados sobre lo que Él dijo acerca de este servicio tan especial en este tiempo tan singular de la historia.

Lucas 22:14-16 Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! 16 Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios.

 

“Esta era la última Pascua que Jesús habría de guardar con sus discípulos. El Señor sabía que había llegado su hora. Él era el Cordero pascual y en el día que comiera la Pascua, también sería sacrificado. Sabía que las circunstancias relacionadas con esta ocasión jamás serían olvidadas por sus discípulos…

“En esta última noche con sus discípulos Jesús tenía muchas cosas que decirles. Y, si ellos hubieran estado dispuestos a recibir lo que les tenía que impartir, se habrían librado de una desgarradora angustia y de mucha desilusión e incredulidad. Pero el Señor vio que no podrían soportar lo que deseaba decirles” (Manuscrito 106, 1903; El Cristo triunfante, pág. 261).

“En lugar de la festividad nacional que el pueblo judío había observado, él instituyó un servicio conmemorativo, el rito del lavamiento de los pies y la cena sacramental para ser observado a través de todos los tiempos por sus seguidores en todos los países. Estos debían repetir siempre el acto de Cristo, a fin de que todos vieran que el verdadero servicio exige un ministerio abnegado” (Signs of the Times, 16 de mayo de 1900; El evangelismo, pág. 204).

Una cordial invitación

3. Después de dar gracias y partir el pan, ¿a qué invitó Jesús a sus discípulos? ¿Qué significaba el pan partido que Él estaba repartiéndoles?

 

Mateo 26:26 Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

 

“Nuestro Salvador dijo: “Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. ... Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida”. Esto es verdad acerca de nuestra naturaleza física. A la muerte de Cristo debemos aun esta vida terrenal. El pan que comemos ha sido comprado por su cuerpo quebrantado. El agua que bebemos ha sido comprada por su sangre derramada. Nadie, santo, o pecador, come su alimento diario sin ser nutrido por el cuerpo y la sangre de Cristo. La cruz del Calvario está estampada en cada pan. Está reflejada en cada manantial Todo esto enseñó Cristo al designar los emblemas de su gran sacrificio. La luz que resplandece del rito de la comunión realizado en el aposento alto hace sagradas las provisiones de nuestra vida diaria. La despensa familiar viene a ser como la mesa del Señor, y cada comida un sacramento” (El Deseado de todas las gentes, pág. 615).

Recordando el más grande sacrificio

4. ¿Por quiénes sería partido su cuerpo pronto? Por lo tanto, ¿cuál debía ser su responsabilidad desde ese momento en adelante?

 

Lucas 22:19 Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.

1 Corintios 11:24-26 Y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

 

“Nuestro Señor dice: Bajo la convicción del pecado, recordad que yo morí por vosotros. Cuando seáis oprimidos, perseguidos y afligidos por mi causa y la del Evangelio, recordad mi amor, el cual fue tan grande que di mi vida por vosotros. Cuando vuestros deberes parezcan austeros y severos, y vuestras cargas demasiado pesadas, recordad que por vuestra causa soporté la cruz, menospreciando la vergüenza. Cuando vuestro corazón se atemoriza ante la penosa prueba, recordad que vuestro Redentor vive para interceder por vosotros…

“Al recibir el pan y el vino que simbolizan el cuerpo quebrantado de Cristo y su sangre derramada, nos unimos imaginariamente a la escena de comunión del aposento alto. Parecemos pasar por el huerto consagrado por la agonía de Aquel que llevó los pecados del mundo. Presenciamos la lucha por la cual se obtuvo nuestra reconciliación con Dios. El Cristo crucificado es levantado entre nosotros…

“La Pascua fue ordenada como conmemoración del libramiento de Israel de la servidumbre egipcia. Dios había indicado que, año tras año, cuando los hijos preguntasen el significado de este rito, se les repitiese la historia. Así había de mantenerse fresca en la memoria de todos aquella maravillosa liberación” (El Deseado de todas las gentes, págs. 614, 616, 608).

Símbolo de la sangre purificadora

5. ¿Qué representa el jugo de la vid que Él les ofreció? ¿A cuántos discípulos invitó a beber de él?

 

Mateo 26:27 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos.

 

“En cualquier oportunidad en que se reuniesen para conmemorar su muerte, relataban cómo él ‘tomando el vaso, y hechas gracias, les dio, diciendo: Bebed de él todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisión de  los pecados. Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid hasta aquel día, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre’. En su tribulación, hallaban consuelo en la esperanza del regreso de su Señor. Les era indeciblemente precioso el pensamiento: ‘ Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga’” (El Deseado de todas las gentes, pág. 614).

“Cristo estableció que su cena se conmemorara con frecuencia para hacernos recordar su sacrificio, en el que dio su vida por la redención de los pecados de todos los que creyesen en él y lo recibiesen” (Review and Herald, 22 de junio de 1897; El evangelismo, pág. 204).

La sangre del nuevo testamento

6. ¿Qué testamento sello Él con su sangre? ¿Cuán lejos llegaría el gran resultado del sacrificio de derramar su sangre?

 

Mateo 26:28 Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.

 

“Al participar con sus discípulos del pan y del vino, Cristo se comprometió como su Redentor. Les confió el nuevo pacto, por medio del cual todos los que le reciben llegan a ser hijos de Dios, coherederos con Cristo. Por este pacto, venía a ser suya toda bendición que el cielo podía conceder para esta vida y la venidera. Este pacto había de ser ratificado por la sangre de Cristo. La administración del sacramento había de recordar a los discípulos el sacrificio infinito hecho por cada uno de ellos como parte del gran conjunto de la humanidad caída” (El Deseado de todas las gentes, pág. 613).

“En esta última acción de Cristo en la que compartió con sus discípulos el pan y el vino, se dio en prenda a ellos como su Redentor mediante un nuevo pacto, en el que estaba escrito y sellado que sobre todos los que reciben a Cristo por la fe se derramarán todas las bendiciones que el cielo pueda proporcionar, tanto en esta vida como en la vida inmortal futura.

“Este pacto debería ser ratificado por la propia sangre de Cristo. Las ofrendas y los sacrificios de la antigüedad habían mantenido constantemente este hecho en la memoria del pueblo escogido” (Review and Herald, 22 de junio de 1897; El evangelismo, pág. 204).

Comunión con Cristo

7. Compartiendo el pan y vino simbólicos, ¿con quiénes tenemos comunión? Aunque podamos ser muchos, ¿qué llegamos a ser cuando participamos de ese

único pan?

 

1 Corintios 10:16, 17 La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? 17 Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.

 

“Este pasaje se aplica en un sentido especial a la santa comunión. Mientras la fe contempla el gran sacrificio de nuestro Señor, el alma asimila la vida espiritual de Cristo. Y esa alma recibirá fuerza espiritual de cada comunión. El rito forma un eslabón viviente por el cual el creyente está ligado con Cristo, y así con el Padre. En un sentido especial, forma un vínculo entre Dios y los seres humanos que dependen de él” (El Deseado de todas las gentes, pág. 615).

“El amor de Jesús, con su poder constrictivo, ha de mantenerse fresco en nuestra memoria. Cristo instituyó este rito para que hablase a nuestros sentidos del amor de Dios expresado en nuestro favor. No puede haber unión entre nuestras almas y Dios excepto por Cristo. La unión y el amor entre hermanos deben ser cimentados y hechos eternos por el amor de Jesús. Y nada menos que la muerte de Cristo podía hacer eficaz para nosotros este amor. Es únicamente por causa de su muerte por lo que nosotros podemos considerar con gozo su segunda venida. Su sacrificio es el centro de nuestra esperanza. En él debemos fijar nuestra fe” (El Deseado de todas las gentes, pág. 614).

 

8. ¿Qué se dice de aquellos que participarán de la cena de la boda celestial del Cordero?

 

Lucas 14:15; 13:29 Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios…

13:29 Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

 

 

“Cristo ha sido un compañero diario y un amigo familiar para sus fieles seguidores. Estos han vivido en contacto íntimo, en constante comunión con Dios. Sobre ellos ha nacido la gloria del Señor. En ellos se ha reflejado la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. Ahora se regocijan en los rayos no empañados de la refulgencia y gloria del Rey en su majestad. Están preparados para la comunión del cielo; pues tienen el cielo en sus corazones…

“‘Bienaventurados los que son llamados a la cena del Cordero’ (Apocalipsis 19:6-9)” (Palabras de vida del gran Maestro, págs. 346, 347).

Preguntas de reflexión

  • ¿Por qué esperó Jesús hasta los últimos días de su vida para establecer el nuevo pacto?
  • ¿Piensas que hubieron algunas condiciones que cumplir por parte de los participantes del nuevo pacto?
  • Durante la celebración de la Cena del Señor, ¿por qué es importante recordar que el Redentor ha establecido esta ordenanza al mismo tiempo que el nuevo pacto? ¿Qué implicaciones tiene esto para nosotros?
  • Cuando participamos del vino y el pan con otros, ¿qué sentimientos de unidad y armonía ayudan a establecer el cuerpo espiritual mencionado por el apóstol Pablo?

Para estudio adicional

(Review and Herald, 14 de junio de 1898) Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 5, págs. 1139, 1140. “Los pensamientos del que contempla el amor sin par del Salvador, se elevarán, su corazón se purificará, su carácter se transformará. Saldrá a ser una luz para el mundo, a reflejar en cierto grado ese misterioso amor. Cuanto más contemplemos la cruz de Cristo, más plenamente adoptaremos el lenguaje del apóstol cuando dijo: ‘Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo’” (El Deseado de todas las gentes, pág. 616).

“En este mandato, Cristo liberó a sus discípulos de las preocupaciones y cargas de las antiguas obligaciones judías de los ritos y ceremonias. Éstas nunca más tuvieron ninguna virtud; puesto que el tipo se encontró con el antitipo en Sí mismo, la autoridad y el fundamento de todos los mandatos judíos que le señalaban como la gran y única ofrenda eficaz por los pecados del mundo. Él dio este mandato sencillo para que fuese un periodo especial en el que Él mismo siempre estuviese presente, para inducir a todos los que participan en él a sentir el impulso de su propia conciencia, a despertar su interés a una comprensión de las lecciones simbolizadas, a revivir su memoria, a convencerse de pecado, y a recibir su arrepentimiento penitencial. Él les enseñaba que un hermano no debía exaltarse sobre otro hermano, que los peligros de la desunión y contiendas se verán y percibirán; ya que la salud y actividad santa del alma están implicadas” (Seventh-day Adventist Bible Commentary, tomo 5, pág. 1139).