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Lección 02

Sábado, 8 de julio de 2017

 

De la desesperación al gozo

“Si los discípulos no hubieran insistido en su invitación, no habrían sabido que su compañero de viaje era el Señor resucitado. Cristo no impone nunca su compañía a nadie. Se interesa en aquellos que lo necesitan. Pero si los hombres son demasiado indiferentes para pensar en el Huésped celestial o pedirle que more con ellos, pasa de largo. Así muchos sufren grave pérdida. No conocen a Cristo más de lo que le conocieron los discípulos mientras andaban con él en el camino”  (Manuscrito 113,1897; El Cristo triunfante, pág. 298).

 

Caminando y conversando

1. Al final del día de la resurrección, ¿hacia dónde iban dos discípulos? ¿Cuál era el tema de su conversación?

Lucas 24:13, 14

Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. 14E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido.

“Hacia el atardecer del día de la resurrección, dos de los discípulos se hallaban en camino a Emaús, pequeña ciudad situada a unos doce kilómetros de Jerusalén. Estos discípulos no habían tenido un lugar eminente en la obra de Cristo, pero creían fervientemente en él. Habían venido a la ciudad para observar la Pascua, y se habían quedado muy perplejos por los acontecimientos recientes. Habían oído las nuevas de esa mañana, de que el cuerpo de Cristo había sido sacado de la tumba, y también el informe de las mujeres que habían visto a los ángeles y se habían encontrado con Jesús. Volvían ahora a su casa para meditar y orar. Proseguían tristemente su viaje vespertino, hablando de las escenas del juicio y de la crucifixión. Nunca antes habían estado tan descorazonados. Sin esperanza ni fe, caminaban en la sombra de la cruz” (El deseado de todas las gentes, pág. 738).

 

Un compañero de viaje desconocido

2. ¿Quién se acercó  a ellos mientras hablaban? ¿Qué les preguntó?

Lucas 24:15-17

Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. 16Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. 17Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?

“… Estaban tan absortos en su lobreguez y desaliento, que no le observaron detenidamente. Continuaron su conversación, expresando los pensamientos de su corazón. Razonaban acerca de las lecciones que Cristo había dado, que no parecían poder comprender. Mientras hablaban de los sucesos que habían ocurrido, Jesús anhelaba consolarlos. Había visto su pesar; comprendía las ideas contradictorias que, dejando a su mente perpleja, los hacían pensar: ¿Podía este hombre que se dejó humillar así ser el Cristo? Ya no podían dominar su pesar y lloraban. Jesús sabía que el corazón de ellos estaba vinculado con él por el amor, y anhelaba enjugar sus lágrimas y llenarlos de gozo y alegría. Pero primero debía darles lecciones que nunca olvidaran” (El deseado de todas las gentes, pág. 738).

 

Perplejidad e incertidumbre

3. ¿Cómo respondió Cleofás a las preguntas de Jesús? ¿Qué fue evidenciado mediante su versión de los eventos que habían ocurrido?

Lucas 24:18-21, primera parte

Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días? 19Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; 20y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron. 21Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel…

“Después de la muerte de Cristo, los discípulos estuvieron a punto de ser vencidos por el desaliento. Su Señor había sido rechazado, condenado y crucificado… El sol de la esperanza de los discípulos se había puesto, y la noche había descendido sobre sus corazones. A menudo repetían las palabras: ‘Nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel’ (Lucas 24:21). Solitarios y con el corazón quebrantado, recordaron sus palabras: ‘Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará?’ (Lucas 23:31).” (Los hechos de los apóstoles, pág. 21).

“No comprendían que tan exactamente como la primera parte de su revelación, se iba a cumplir la última, de que al tercer día resucitaría. Esta era la parte que debieran haber recordado. Los sacerdotes y príncipes no la habían olvidado. El día ‘después de la preparación, se juntaron los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos a Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré.’ Pero los discípulos no recordaban estas palabras” (El deseado de todas las gentes, pág. 739).

 

4. ¿La apariencia de los ángeles y su mensaje de la resurrección habían estado convenciendo a estos discípulos?

Lucas 24:21, última parte-24

…Además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. 22Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; 23y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive. 24 Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.

“Muchos, especialmente los que son jóvenes en la vida cristiana, se sienten a veces turbados por las insinuaciones del escepticismo. Hay en la Escritura muchas cosas que no pueden explicar, ni siquiera percibir, y Satanás las emplea para hacer vacilar su fe en las Santas Escrituras como revelación de Dios. Preguntan: ‘¿Cómo sabré cuál es el buen camino? Si la Biblia es en verdad la Palabra de Dios, ¿cómo puedo librarme de estas dudas y perplejidades?’” (El camino a Cristo, pág. 105).

“Mientras consultéis a vuestras dudas y temores, o tratéis de resolver todo lo que no podáis comprender claramente antes de tener fe, vuestras perplejidades no harán sino aumentar y profundizarse. Si os allegáis a Dios, sintiéndoos impotentes y dependientes de él, como lo sois en realidad, y en una oración humilde y confiada dais a conocer vuestras necesidades a Aquel cuyo saber es infinito,… Él podrá y querrá escuchar vuestro clamor, y hará resplandecer la luz en vuestro corazón y en derredor vuestro; porque por medio de la oración sincera vuestra alma se pone en relación con la mente del Ser infinito… ‘Tal vez no sintáis la presión de su toque, pero su mano reposa sobre vosotros con amor y ternura compasiva” (Obreros evangélicos, pág. 335).

 

Perplejidad e incertidumbre

5. Sin identificarse, ¿qué hizo Jesús para ayudar a estos discípulos perplejos a entender las profecías concernientes a su muerte y resurrección?

Lucas 24:25-27

Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! 26¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? 27Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

“Empezando con Moisés, alfa de la historia bíblica, Cristo expuso en todas las Escrituras las cosas concernientes a él… Pero era necesario que comprendiesen el testimonio que le daban los símbolos y las profecías del Antiguo Testamento. Su fe debía establecerse sobre éstas. Cristo no realizó ningún milagro para convencerlos, sino que su primera obra consistió en explicar las Escrituras… Ahora les demostró por los profetas que era la evidencia más categórica para su fe…

“El Salvador se revela en el Antiguo Testamento tan claramente como en el Nuevo. Es la luz del pasado profético lo que presenta la vida de Cristo y las enseñanzas del Nuevo Testamento con claridad y belleza. Los milagros de Cristo son una prueba de su divinidad; pero una prueba aun más categórica de que él es el Redentor del mundo se halla al comparar las profecías del Antiguo Testamento con la historia del Nuevo” (El deseado de todas las gentes, págs. 739, 740).

 

“Quédate con nosotros”

6. Grandemente movidos por las explicaciones de Jesús,  ¿qué le invitaron los discípulos a hacer, puesto que se estaba haciendo tarde? ¿Cuándo le reconocieron? ¿Cuál fue su privilegio especial?

Lucas 24:28-31, primera parte

Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. 29Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. 30Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. 31Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron;…

“‘Quédate con nosotros,’ dijeron. Como no parecía aceptar la invitación, insistieron diciendo: ‘Se hace tarde, y el día ya ha declinado.’ Cristo accedió a este ruego y ‘entró pues a estarse con ellos.’

“Si los discípulos no hubiesen insistido en su invitación, no habrían sabido que su compañero de viaje era el Señor resucitado. Cristo no impone nunca su compañía a nadie. Se interesa en aquellos que le necesitan. Gustosamente entrará en el hogar más humilde y alegrará el corazón más sencillo. Pero si los hombres son demasiado indiferentes para pensar en el Huésped celestial o pedirle que more con ellos, pasa de largo. Así muchos sufren grave pérdida. No conocen a Cristo más de lo que le conocieron los discípulos mientras andaban con él en el camino” (El deseado de todas las gentes, pág. 741).

 

Mensajeros de la resurrección y esperanza

7. ¿Qué sucedió en el momento cuando le reconocieron? ¿Cuán sorprendidos quedaron ellos por esto, y qué les indujo a hacer?

Lucas 24:31, última parte-32-33, 35

…Mas él se desapareció de su vista. 32Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? 33Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos… 35Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan.

“Dejan sin probar su cena, y llenos de gozo vuelven a tomar la misma senda por la cual vinieron, apresurándose para ir a contar las nuevas a los discípulos que están en la ciudad… No ven ni saben que tienen la protección de Aquel que recorrió el camino con ellos. Con su bordón de peregrino en la mano, se apresuran deseando ir más ligero de lo que se atreven… A veces corriendo, a veces tropezando, siguen adelante, con su compañero invisible al lado de ellos todo el camino…

“Su corazón salta de gozo… Cristo es un Salvador vivo. Ya no le lloran como muerto. Cristo ha resucitado, repiten vez tras vez. Tal es el mensaje que llevan a los entristecidos discípulos. Deben contarles la maravillosa historia del viaje a Emaús. Deben decirles quién se les unió en el camino. Llevan el mayor mensaje que fuera jamás dado al mundo, un mensaje de alegres nuevas, de las cuales dependen las esperanzas de la familia humana para este tiempo y para la eternidad” (El deseado de todas las gentes, pág. 742)

 

Para estudio adicional

“Razonando sobre la base de la profecía, Cristo dio a sus discípulos una idea correcta de lo que había de ser en la humanidad. Su expectativa de un Mesías que había de asumir el trono y el poder real de acuerdo con los deseos de los hombres, había sido engañosa… Cristo deseaba que las ideas de sus discípulos fuesen puras y veraces en toda especificación. Debían comprender, en la medida de lo posible, la copa de sufrimiento que le había sido dada. Les demostró que el terrible conflicto que todavía no podían comprender era el cumplimiento del pacto hecho antes de la fundación del mundo. Cristo debía morir, como todo transgresor de la ley debe morir si continúa en el pecado. Todo esto había de suceder, pero no terminaba en derrota, sino en una victoria gloriosa y eterna. Jesús les dijo que debía hacerse todo esfuerzo posible para salvar al mundo del pecado” (El deseado de todas las gentes, pág. 740).

“Las verdades que tenían tan levemente discernidas ahora se presentan reveladas con un resplandor de luz. Las mismas cosas que Él les había dicho se han cumplido. La fe comienza a revivir. Sus corazones laten con una esperanza fuerte y renovada cuando escuchan ávidamente las palabras llanas y sencillas de su compañero de viaje desconocido. Se sorprenden al sentir que sus corazones cargados se vuelven ligeros; y cuando piensan en Jesús, en todo lo que Él fue para ellos, en todo lo que Él sufrió, sus corazones fluyen libremente. Su confianza no se había perdido” (Signs of the times, 20 de enero de 1888).

 

 

 

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