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Lección 04

Sábado, 22 de julio de 2017

“Bienaventurados los que creen”

“En el trato que concedió a Tomás, Jesús dio una lección para sus seguidores. Su ejemplo demuestra cómo debemos tratar a aquellos cuya fe es débil y que dan realce a sus dudas. Jesús no abrumó a Tomás con reproches ni entró en controversia con él. Se reveló al que dudaba. Tomás había sido irrazonable al dictar las condiciones de su fe, pero Jesús, por su amor y consideración generosa, quebrantó todas las barreras. La incredulidad queda rara vez vencida por la controversia. Se pone más bien en guardia y halla nuevo apoyo y excusa. Pero revélese a Jesús en su amor y misericordia como el Salvador crucificado, y de muchos labios antes indiferentes se oirá el reconocimiento de Tomás: ‘¡Señor mío, y Dios mío!’” (El deseado de todas las gentes, pág. 748).

 

Méritos del Redentor

8. Después de la muerte de Jesús, ¿los creyentes aún recibirían el perdón ofreciendo sacrificios animales?

Hebreos 10:4; 9:14

Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados… 9:14¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

“Pero el cuadro tiene un aspecto más halagüeño. ‘A los que remitiereis los pecados, les son remitidos.’ Dad el mayor relieve a este pensamiento. Al trabajar por los que yerran, dirigid todo ojo a Cristo. Tengan los pastores tierno cuidado por el rebaño de la dehesa del Señor. Hablen a los que yerran de la misericordia perdonadora del Salvador. Alienten al pecador a arrepentirse y a creer en Aquel que puede perdonarle. Declaren, sobre la autoridad de la Palabra de Dios: ‘Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.’ A todos los que se arrepienten se les asegura: ‘El tendrá misericordia de nosotros; él sujetará nuestras iniquidades, y echará en los profundos de la mar todos nuestros pecados”” (El deseado de todas las gentes, pág. 746).

 

2. ¿En qué nombre, o por los méritos de quién, iban los discípulos a predicar arrepentimiento y remisión de pecados en Jerusalén así como también en cualquier otra parte del mundo?

Lucas 24:46, 47

y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; 47y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.

Hechos 4:12

Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

“Únicamente en este sentido tiene la iglesia poder para absolver al pecador. La remisión de los pecados puede obtenerse únicamente por los méritos de Cristo. A ningún hombre, a ningún cuerpo de hombres, es dado el poder de librar al alma de la culpabilidad. Cristo encargó a sus discípulos que predicasen la remisión de pecados en su nombre entre todas las naciones; pero ellos mismos no fueron dotados de poder para quitar una sola mancha de pecado. El nombre de Jesús es el único nombre ‘debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos’” (El deseado de todas las gentes, pág. 746).

 

Ausencia y pérdida

3. ¿Estaba Tomás con los otros discípulos cuando Jesús apareció ante ellos por primera vez? ¿Qué gran privilegio se perdió entonces?

Juan 20:24

Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.

“Cuando Cristo se encontró por primera vez con los discípulos en el aposento alto, Tomás no estaba con ellos. Oyó el informe de los demás y recibió abundantes pruebas de que Jesús había resucitado; pero la lobreguez y la incredulidad llenaban su alma. El oír a los discípulos hablar de las maravillosas manifestaciones del Salvador resucitado no hizo sino sumirlo en más profunda desesperación. Si Jesús hubiese resucitado realmente de los muertos no podía haber entonces otra esperanza de un reino terrenal. Y hería su vanidad el pensar que su Maestro se revelase a todos los discípulos excepto a él. Estaba resuelto a no creer, y por una semana entera reflexionó en su condición, que le parecía tanto más obscura en contraste con la esperanza y la fe de sus hermanos” (El deseado de todas las gentes, pág. 747).

 

Duda e incredulidad

4. Aunque había oído las noticias, ¿estaba listo para creer en la resurrección de Jesús? ¿Qué precisaba él para estar convencido?

Juan 20:25

Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.

Marcos 16:14, última parte…

Y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.

“Durante ese tiempo, declaró repetidas veces: ‘Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.’ No quería ver por los ojos de sus hermanos, ni ejercer fe por su testimonio. Amaba ardientemente a su Señor, pero permitía que los celos y la incredulidad dominasen su mente y corazón” (El deseado de todas las gentes, pág. 747).

 

5. ¿Qué sucedió una semana después? ¿Qué invitó a hacer Jesús a Tomás?

Juan 20:26, 27, primera parte

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. 27Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado;…

“Una noche, Tomás resolvió reunirse con los demás. A pesar de su incredulidad, tenía una débil esperanza de que fuese verdad la buena nueva. Mientras los discípulos estaban cenando, hablaban de las evidencias que Cristo les había dado en las profecías. Entonces ‘vino Jesús, las puertas cerradas, y púsose en medio, y dijo: Paz a vosotros.’

“Volviéndose hacia Tomás dijo: ‘Mete tu dedo aquí, y ve mis manos:…’ Estas palabras demostraban que él conocía los pensamientos y las palabras de Tomás. El discípulo acosado por la duda sabía que ninguno de sus compañeros había visto a Jesús desde hacía una semana. No podían haber hablado de su incredulidad al Maestro. Reconoció como su Señor al que tenía delante de sí. No deseaba otra prueba. Su corazón palpitó de gozo, y se echó a los pies de Jesús clamando: ‘¡Señor mío, y Dios mío!’” (El deseado de todas las gentes, pág. 747).

 

No seáis incrédulos

6. ¿Qué dijo Jesús a Tomás después de presentarle razones para creer? ¿Qué testimonio tenemos para que no seamos incrédulos como Tomás y merezcamos el mismo reproche?

Juan 20:27, última parte…

Y no seas incrédulo, sino creyente.

1 Juan 1:1, 2

Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida 2(porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó).

“Esperad en Dios, confiad en él y en sus promesas, ya sea que os sintáis felices o no… Acudid a las Escrituras y recibid inteligentemente la Palabra de Dios como él la ha dicho. Cumplid con las condiciones y creed que él os aceptará como sus hijos. No seáis faltos de fe, sino creyentes…

“Debemos orar más y hacerlo con fe. No debemos orar y luego escapar como temerosos de recibir una respuesta. Dios… contestará si velamos en oración, si creemos que recibiremos las cosas que hemos pedido, y seguimos creyendo sin perder la paciencia ni dejar de creer. Esto es velar en oración. Vigilemos la oración de fe con expectación y esperanza. Debemos rodearla de seguridad y no perder la fe, sino creer. La oración de fe del justo nunca se pierde. Puede ser que la respuesta no sea de acuerdo con lo que se ha esperado, pero seguramente vendrá, porque la palabra de Dios está empeñada” (Nuestra elevada vocación,  págs. 121, 136).

 

Bienaventurados los que creen

7. Después de verle y tocar sus heridas, ¿qué reconoció Tomás ante el Salvador? ¿Somos bienaventurados cuando actuamos como Tomás o cuando confiamos completamente en la palabra del Señor?

Juan 20:28, 29

Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! 29Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.

1 Pedro 1:8

A quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso.

Lucas 1:45

Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor.

“Jesús aceptó este reconocimiento, pero reprendió suavemente su incredulidad: ‘Porque me has visto, Tomás, creíste: bienaventurados los que no vieron y creyeron.’ La fe de Tomás habría sido más grata a Cristo si hubiese estado dispuesto a creer por el testimonio de sus hermanos. Si el mundo siguiese ahora el ejemplo de Tomás, nadie creería en la salvación; porque todos los que reciben a Cristo deben hacerlo por el testimonio de otros.

“Muchos aficionados a la duda se disculpan diciendo que si tuviesen las pruebas que Tomás recibió de sus compañeros, creerían… Muchos que, como Tomás, esperan que sea suprimida toda causa de duda, no realizarán nunca su deseo. Quedan gradualmente confirmados en la incredulidad. Los que se acostumbran a mirar el lado sombrío, a murmurar y quejarse, no saben lo que hacen. Están sembrando las semillas de la duda, y segarán una cosecha de duda. En un tiempo en que la fe y la confianza son muy esenciales, muchos se hallarán así incapaces de esperar y creer” (El deseado de todas las gentes, pág. 748).

 

Para estudio adicional

“Sea el arrepentimiento del pecador aceptado por la iglesia con corazón agradecido. Condúzcase al arrepentido de las tinieblas de la incredulidad a la luz de la fe y de la justicia. Colóquese su mano temblorosa en la mano amante de Jesús. Una remisión tal es ratificada en el cielo” (El deseado de todas las gentes, pág. 746).

“Dios nunca nos pide creer, sin dar suficiente evidencia sobre la cual fundar nuestra fe. Su existencia, su carácter, la veracidad de su palabra, todos son establecidos por el testimonio que apela a nuestra razón; y este testimonio es abundante…Nuestra fe debe descansar sobre la evidencia, no sobre la demostración. Los que desean dudar tendrán oportunidad; mientras los que realmente desean conocer la verdad hallarán mucha evidencia sobre la cual descansar su fe.

“Es imposible que las mentes finitas comprendan plenamente el carácter o las obras del Ser Infinito. Para el intelecto más agudo, para la mente más altamente educada, ese Ser santo debe permanecer siempre revestido de misterio” (A Call to Stand Apart, pág. 46).

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