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Lección 06

Sábado, 5 de agosto de 2017

 

“Apacienta mis corderos”

“Cristo tenía otra lección que dar, especialmente relacionada con Pedro. La forma en que Pedro había negado a su Maestro había ofrecido un vergonzoso contraste con sus anteriores profesiones de lealtad. Había deshonrado a Cristo e incurrido en la desconfianza de sus hermanos. Ellos pensaban que no se le debía permitir asumir su posición anterior entre ellos, y él mismo sentía que había perdido su confianza. Antes de ser llamado a asumir de nuevo su obra apostólica, debía dar delante de todos ellos pruebas de su arrepentimiento. Sin esto, su pecado, aunque se hubiese arrepentido de él, podría destruir su influencia como ministro de Cristo. El Salvador le dio oportunidad de recobrar la confianza de sus hermanos y, en la medida de lo posible, eliminar el oprobio que había atraído sobre el Evangelio” (El deseado de todas las gentes, pág. 751).

 

Aclaración y restauración

1. En esta ocasión, ¿Qué preguntó Jesús a Pedro? ¿Qué deberíamos entender de su pregunta y el mandato que Él dio al discípulo?

Juan 21:15 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos.

“Mientras Cristo y los discípulos estaban comiendo juntos a orillas del mar, el Salvador dijo a Pedro, refiriéndose a sus hermanos: ‘Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?’ Pedro había declarado una vez: ‘Aunque todos sean escandalizados en ti, yo nunca seré escandalizado.”1 Pero ahora supo estimarse con más verdad. ‘Sí, Señor –dijo:– tú sabes que te amo.’ No aseguró vehementemente que su amor fuese mayor que el de sus hermanos. No expresó su propia opinión acerca de su devoción. Apeló a Aquel que puede leer todos los motivos del corazón, para que juzgase de su sinceridad: ‘Tú sabes que te amo.’ Y Jesús le ordenó: ‘Apacienta mis corderos’” (El deseado de todas las gentes, pág. 751).

 

2. Cuando Jesús le hizo a Pedro la misma pregunta por segunda vez, ¿Qué respondió él? ¿Tal vez Jesús estaba reprendiendo al discípulo por su triple negación? ¿Qué había sucedido inmediatamente después que Pedro negó a su Señor?

Juan 21:16

Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.

Lucas 22:61, 62

Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 62Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.

“Esta vez no preguntó a Pedro si le amaba más que sus hermanos. La segunda respuesta fue como la primera, libre de seguridad extravagante: ‘Sí, Señor: tú sabes que te amo.’ Y Jesús le dijo: ‘Apacienta mis ovejas’” (El deseado de todas las gentes, pág. 752).

 

3. ¿Por qué Jesús repitió la misma pregunta tres veces? ¿Qué cambio profundo demuestran las respuestas de este discípulo impulsivo?

Juan 21:17, primera parte

Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas?

“Tres veces había negado Pedro abiertamente a su Señor, y tres veces Jesús obtuvo de él la seguridad de su amor y lealtad… Delante de los discípulos congregados, Jesús reveló la profundidad del arrepentimiento de Pedro, y demostró cuán cabalmente humillado se hallaba el discípulo una vez jactancioso.

“Pedro era naturalmente audaz e impulsivo, y Satanás se había valido de estas características para vencerle. Precisamente antes de la caída de Pedro, Jesús le había dicho: ‘Satanás os ha pedido para zarandaros como a trigo; mas yo he rogado por ti que tu fe no falte: y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.’ Había llegado ese momento, y era evidente la transformación realizada en Pedro. Las preguntas tan apremiantes por las cuales el Señor le había probado, no habían arrancado una sola respuesta impetuosa o vanidosa; y a causa de su humillación y arrepentimiento, Pedro estaba mejor preparado que nunca antes para actuar como pastor del rebaño” (El deseado de todas las gentes, pág. 752).

 

La misión de su vida

4. ¿Qué misión confió Jesús a Pedro después del profundo arrepentimiento y transformación espiritual del discípulo? ¿Qué transformación le capacitó para realizar este servicio?

Juan 21:1, última parte

Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.

“La primera obra que Cristo confió a Pedro al restaurarle en su ministerio consistía en apacentar a los corderos. Era una obra en la cual Pedro tenía poca experiencia. Iba a requerir gran cuidado y ternura, mucha paciencia y perseverancia… Hasta entonces Pedro no había sido apto para hacer esto, ni siquiera para comprender su importancia. Pero ésta era la obra que Jesús le ordenaba hacer ahora. Había sido preparado para ella por el sufrimiento y el arrepentimiento que había experimentado.

“Antes de su caída, Pedro había tenido la costumbre de hablar inadvertidamente, bajo el impulso del momento… Pero el Pedro convertido era muy diferente. Conservaba su fervor anterior, pero la gracia de Cristo regía su celo. Ya no era impetuoso, confiado en sí mismo, ni vanidoso, sino sereno, dueño de sí y dócil. Podía entonces alimentar tanto a los corderos como a las ovejas del rebaño de Cristo” (El deseado de todas las gentes, págs. 752, 753).

 

Un requisito esencial

5. ¿Cuál es uno de los requisitos esenciales para ser un pastor del rebaño del Señor? ¿Qué perspectiva final hizo ver el Señor a Pedro para que estuviese preparado para servir al Maestro?

Juan 21:18, 19

De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. 19Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.

“Mencionó sólo una condición para ser discípulo y servir. ‘¿Me amas?’ dijo. Esta es la cualidad esencial. Aunque Pedro poseyese todas las demás, sin el amor de Cristo no podía ser pastor fiel sobre el rebaño del Señor. El conocimiento, la benevolencia, la elocuencia, la gratitud y el celo son todos valiosos auxiliares en la buena obra; pero sin el amor de Jesús en el corazón, la obra del ministro cristiano fracasará seguramente.

“Antes de su muerte, Jesús le había dicho: ‘Donde yo voy, no me puedes ahora seguir; mas me seguirás después.’ A esto Pedro había contestado: ‘Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? mi alma pondré por ti’…  Pedro había fracasado cuando vino la prueba, pero volvía a tener oportunidad de probar su amor hacia Cristo. A fin de que quedase fortalecido para la prueba final de su fe, el Salvador le reveló lo que le esperaba. Le dijo que después de vivir una vida útil, cuando la vejez le restase fuerzas, habría de seguir de veras a su Señor” (El deseado de todas las gentes, págs. 753).

 

Llevado el evangelio al martirio

6. Cuando Pedro preguntó sobre el futuro de un discípulo compañero, ¿qué respondió Jesús? ¿Es la instrucción de seguirle sólo para Pedro o  para cada uno de nosotros?

Juan 21:20-22

Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? 21Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? 22Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.

“Ahora estaba preparado para participar de la misión de sacrificio de su Señor. Cuando por fin fue llevado a la cruz, fue, a petición suya, crucificado con la cabeza hacia abajo. Pensó que era un honor demasiado grande sufrir de la misma manera en que su Maestro había sufrido.

“Para Pedro la orden ‘Sígueme’ estaba llena de instrucción… No corras delante de mí. Así no tendrás que arrostrar solo las huestes de Satanás. Déjame ir delante de ti, y entonces no serás vencido por el enemigo…

“¡Cuántos son hoy semejantes a Pedro! Se interesan en los asuntos de los demás, y anhelan conocer su deber mientras que están en peligro de descuidar el propio. Nos incumbe mirar a Cristo y seguirle. Veremos errores en la vida de los demás y defectos en su carácter. La humanidad está llena de flaquezas. Pero en Cristo hallaremos perfección. Contemplándole, seremos transformados” (El deseado de todas las gentes, págs. 754, 755).

 

7. ¿Por cuánto tiempo realizó Pedro la misión evangélica que el Señor le confió? ¿Hacia quién dirigió él la mirada de otro que, como él, eran ancianos de iglesia?

1 Pedro 5:1-4

Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: 2Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; 3no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. 4Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

“Pedro había sido restaurado a su apostolado, pero la honra y la autoridad que recibió de Cristo no le dieron supremacía sobre sus hermanos… Pedro no había de ser honrado como cabeza de la iglesia… La lección que Cristo le había enseñado a orillas del mar de Galilea, la conservó Pedro toda su vida” (El deseado de todas las gentes, pág. 755).

“Ahora, cuando su cuerpo una vez activo estaba agobiado por el peso de los años y el trabajo, podía escribir: ‘Carísimos, no os maravilléis cuando sois examinados por fuego, lo cual se hace para vuestra prueba, como si alguna cosa peregrina os aconteciese; antes bien gozaos de que sois participantes de las aflicciones de Cristo; para que también en la revelación de su gloria os gocéis en triunfo.’…

“Se necesitan pastores–pastores fieles–que no lisonjeen al pueblo de Dios ni lo traten duramente, sino que lo alimenten con el pan de vida; hombres que sientan diariamente en sus vidas el poder transformador del Espíritu Santo, y que abriguen un fuerte y desinteresado amor hacia aquellos por los cuales trabajan” (Los hechos de los apóstoles, págs. 418, 419).

 

Para estudio adicional

“En esto es dada una lección para todos los que siguen a Cristo. El Evangelio no transige con el mal. No puede disculpar el pecado. Los pecados secretos han de ser confesados en secreto a Dios. Pero el pecado abierto requiere una confesión abierta. El oprobio que ocasiona el pecado del discípulo recae sobre Cristo. Hace triunfar a Satanás, y tropezar a las almas vacilantes. El discípulo debe, hasta donde esté a su alcance, eliminar ese oprobio dando prueba de su arrepentimiento” (El deseado de todas las gentes, pág. 751).

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