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Lección 07

Sábado, 12 de agosto de 2017

“Id, y predicad el evangelio”

“El mandato que dio el Salvador a los discípulos incluía a todos los creyentes en Cristo hasta el fin del tiempo. Es un error fatal suponer que la obra de salvar almas sólo depende del ministro ordenado. Todos aquellos a quienes llegó la inspiración celestial, reciben el Evangelio en cometido. A todos los que reciben la vida de Cristo se les ordena trabajar para la salvación de sus semejantes. La iglesia fue establecida para esta obra, y todos los que toman sus votos sagrados se comprometen por ello a colaborar con Cristo” (El deseado de todas las gentes, pág. 761).

 

Ánimo y evidencia infalible

1. ¿Por cuánto tiempo después de su crucifixión Jesús continuó reuniéndose con sus discípulos dando evidencia de su resurrección, así como también instruyéndolos en cuanto al reino de Dios?

Hechos 1:3

A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.

“Cuarenta días permaneció Jesús con sus discípulos, alegrándoles el corazón al declararles más abiertamente las realidades del reino de Dios. Los comisionó para dar testimonio de cuanto habían visto y oído referente a su pasión, muerte y resurrección, así como de que él había hecho sacrificio por el pecado, para que cuantos quisieran pudieran acudir a él y encontrar vida. Con fiel ternura les dijo que serían perseguidos y angustiados, pero que hallarían consuelo en el recuerdo de su experiencia y en la memoria de las palabras que les había hablado. Les dijo que él había vencido las tentaciones de Satanás y obtenido la victoria por medio de pruebas y sufrimientos… Sin embargo, también podrían ellos vencer como él había vencido” (Primeros escritos, pág. 188).

 

2. ¿Qué le preguntaron ellos? ¿Qué demostró esta pregunta?

Hechos 1:6, 7

Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?  7Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad

“Precisamente antes de dejar a sus discípulos, Cristo explicó claramente una vez más la naturaleza de su reino. Les recordó las cosas que les había dicho anteriormente respecto a ese reino. Declaró que no era su propósito establecer en este mundo un reino temporal. No estaba destinado a reinar como monarca terrenal en el trono de David. Cuando los discípulos le preguntaron: ‘Señor, ¿restituirás el reino a Israel en este tiempo?’ él respondió: ‘No toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad’ (Hechos 1:6, 7). No era necesario para ellos penetrar más en el futuro de lo que las revelaciones que él había hecho los capacitaban para hacerlo. Su trabajo era proclamar el mensaje evangélico” (Los hechos de los apóstoles, pág. 24).

 

La comisión del evangelio

3. ¿A dónde fueron los discípulos cuando llegó la hora de que el Salvador se despida de ellos? ¿Qué les dijo sobre la misión de la iglesia y su relación con ella?

Mateo 28:16-18

Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. 17Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. 18Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

“Esta fue la única entrevista que Jesús tuvo con muchos de los creyentes después de su resurrección. Vino y les habló diciendo: ‘Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.’ Los discípulos le habían adorado antes que hablase, pero sus palabras, al caer de labios que habían sido cerrados por la muerte, los conmovían con un poder singular. Era ahora el Salvador resucitado. Muchos de ellos le habían visto ejercer su poder sanando a los enfermos y dominando a los agentes satánicos. Creían que poseía poder para establecer su reino en Jerusalén, poder para apagar toda oposición, poder sobre los elementos de la naturaleza. Había calmado las airadas aguas; había andado sobre las ondas coronadas de espuma; había resucitado a los muertos. Ahora declaró que ‘toda potestad’ le era dada. Sus palabras elevaron los espíritus de sus oyentes por encima de las cosas terrenales y temporales hasta las celestiales y eternas. Les infundieron el más alto concepto de su dignidad y gloria” (El deseado de todas las gentes, pág. 758).

 

4. ¿Qué gran comisión les confió Él a ellos? ¿Qué mensaje especial debían compartir con el mundo entero?

Marcos 16:15

Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

“Los sucesos de la vida de Cristo, su muerte y resurrección, las profecías que señalaban estos sucesos, los misterios del plan de la salvación, el poder de Jesús para perdonar los pecados,—de todas estas cosas habían sido testigos, y debían hacerlas conocer al mundo. Debían proclamar el Evangelio de paz y salvación mediante el arrepentimiento y el poder del Salvador” (Los hechos de los apóstoles, pág. 22).

“Los discípulos no habían de aguardar que la gente acudiera a ellos. Ellos debían ir a la gente y buscar a los pecadores como el pastor busca a la oveja perdida. Cristo les presentó el mundo como campo de labor… Habían de predicar acerca del Salvador, acerca de su vida de amor abnegado, su muerte ignominiosa, su amor sin parangón e inmutable. Su nombre había de ser su consigna, su vínculo de unión. En su nombre habían de subyugar las fortalezas del pecado. La fe en su nombre había de señalarlos como cristianos” (Testimonios para la iglesia, tomo 8, pág. 21).

 

Fe, bautismo y salvación

5. ¿En qué nombre habían de ser bautizados los creyentes? ¿Cuán trascendental es esta gran misión?

Mateo 28:19

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

“La comisión evangélica es la magna carta misionera del reino de Cristo. Los discípulos habían de trabajar fervorosamente por las almas, dando a todos la invitación de misericordia…

“Habían de bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El nombre de Cristo había de ser su consigna, su divisa distintiva, su vínculo de unión, la autoridad para su curso de acción y la fuente de su éxito. Nada que no llevara su nombre y su inscripción había de ser reconocido en su reino” (Los hechos de los apóstoles, pág. 23).

“A nosotros también se nos da la misma comisión. Se nos ordena que avancemos como mensajeros de Cristo, a fin de enseñar, instruir y persuadir a hombres y mujeres, instándolos a prestar atención a la palabra de vida. A nosotros también se nos asegura la permanente presencia de Cristo. Cualesquiera fueren las dificultades con las cuales tengamos que contender, cualesquiera las pruebas que debamos soportar, la siguiente promesa llena de gracia nos pertenece constantemente: ‘He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo’” (Manuscrito 24, 1903; El evangelismo, pág. 15).

 

6. Aunque Jesús había obrado y predicado allí extensamente, ¿dónde habían de comenzar los discípulos su ministerio? ¿Cuáles serán los resultados maravillosos para todos los que creen en las buenas nuevas y hacen su pacto bautismal con el Señor?

Lucas 24:47

y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.

Marcos 16:16

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.

“Cristo ordenó a sus discípulos que empezasen en Jerusalén la obra que él había dejado en sus manos. Jerusalén había sido escenario de su asombrosa condescendencia hacia la familia humana…

“Pero la obra no debía detenerse allí. Había de extenderse hasta los más remotos confines de la tierra…

“Los discípulos tenían que comenzar su obra donde estaban. No habían de pasar por alto el campo más duro ni menos promisorio. Así también, todos los que trabajan para Cristo han de empezar donde están” (El deseado de todas las gentes, págs. 759-762).

“No hay límite para hacer la obra misionera en cumplimiento de esta comisión, sin embargo, debido a la falta de fe por parte del pueblo de Dios, la obra a menudo a llegado casi a una paralización… Si el pueblo de Dios hubiese poseído el verdadero espíritu misionero, las naciones que están yaciendo en la oscuridad habrían sido antes iluminadas por sus esfuerzos abnegados” (Australian Union Conference Record, 14 de octubre, 1907).

 

Obediencia y enseñanza

7. Además de creer en su mensaje, ¿Qué hacen todos los verdaderos seguidores de Cristo? ¿Quiénes asisten a los predicadores del evangelio a cumplir su misión?

Mateo 28:20

Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

“En el mandato dirigido a sus discípulos, Cristo no sólo esbozó su obra, sino que les dió su mensaje. Enseñad al pueblo, dijo, ‘que guarden todas las cosas que os he mandado.’ Los discípulos habían de enseñar lo que Cristo había enseñado. Ello incluye lo que él había dicho, no solamente en persona, sino por todos los profetas y maestros del Antiguo Testamento. Excluye la enseñanza humana… ‘La ley y los profetas,’ con el relato de sus propias palabras y acciones, son el tesoro confiado a los discípulos para ser dado al mundo. El nombre de Cristo es su consigna, su señal de distinción, su vínculo de unión, la autoridad de su conducta y la fuente de su éxito. Nada que no lleve su inscripción ha de ser reconocido en su reino” (El deseado de todas las gentes, pág. 766).

“El que trabaja en un país extranjero debe llevar en su corazón la paz y el amor del cielo; porque ésta es su única seguridad… Se necesitan energía y abnegación en el campo misionero. Dios pide hombres que promuevan los triunfos de la cruz, hombres que perseveren bajo desalientos y privaciones; hombres que tengan el celo, la resolución y la fe indispensables en el campo misionero” (Obreros evangélicos, págs. 484, 485).

 

Para estudio adicional

“Estas palabras designan nuestro campo de acción y nuestra labor. Nuestro campo es el mundo; nuestra obra, la proclamación de las verdades que Cristo vino al mundo a proclamar. A hombres y mujeres ha de brindárseles la oportunidad de obtener un conocimiento de la verdad presente, la oportunidad de saber que Cristo es su Salvador; que ‘de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna’. Juan 3:16” (Testimonios para la iglesia, tomo 8, pág. 216).

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