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El estado del hombre

 

 

1. Principio

Creemos que tras la caída en el pecado, el ser humano perdió su elevada posición ante Dios, y desde entonces todos los seres humanos se encuentran bajo el pecado y sus consecuencias. Nace ya con debilidad y tendencia al mal, y sometido al poder de la muerte.

“Su naturaleza quedó tan debilitada por la transgresión, que ya no pudo –por su propia fuerza- resistir el poder del mal…

Por su caída el hombre se enajenó de Dios y la tierra quedó separada del cielo. A través del abismo existente entre ambos no podía haber comunión alguna.” El Camino a Cristo, 23, 26.

“Cuando el hombre quebrantó la ley divina, su naturaleza se hizo mala.” El Conflicto de los Siglos, 559.

“El hombre se había envilecido tanto por el pecado que le era imposible por sí mismo ponerse en armonía con Aquel cuya naturaleza es bondad y pureza.” Patriarcas y Profetas, 49.

Por lo cual la situación de todas las personas se ha tornado desesperada. Romanos 5:12; 3:10-12; 6:23; salmo 51:5; Mateo 15:18-20; Gálatas 5:19-21; Romanos 7:18-20.

 

 

2. Introducción

“He aquí, solamente he hallado esto: que Dios hizo al hombre recto, mas ellos buscaron muchas cuentas.” Eclesiastés 7:29. Esta cita bíblica expresa el mismo pensamiento del informe de la creación: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. …” Génesis 1:31. El ser humano era perfecto y bueno, ya que había sido creado a imagen de Dios.

Con el fin de preservar la naturaleza sin tacha de la primera pareja el Señor ideó un plan de modo que ésta probara su lealtad y obediencia al Creador: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” Génesis 2:16, 17. La orden era clara y específica, pero lamentablemente, el ser humano desconsideró la palabra del Señor y creyó otras palabras: “Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis.” Génesis 3:4. Ambas declaraciones son contradictorias, ya que representan dos opciones diferentes; una, obediencia y otra, desobediencia. La primera procede de Dios y la segunda del diablo.

Con Satanás se originó el pecado, tal como se describe en 1 Juan 3:8 “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio”. Además reúne toda una serie de calificativos cómo los que se describen a continuación: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.” Juan 8:44.

Sin embargo, Satanás no era así, sino que cuando fue creado era perfecto: “Perfecto eras en todos tus camino desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.” Ezequiel 28:15. Así pues, el diablo cambió su condición original, tal como se describe en Judas 6: “…los ángeles que no guardaron su original estado”, ya que de acuerdo a 2 Pedro 2:4 “…los ángeles que pecaron”.

“Era voluntad de Dios que la inmaculada pareja no conociese absolutamente nada de lo malo. Les había dado abundantemente el bien, y vedado el mal. Pero, contra su mandamiento, habían comido del fruto prohibido, y ahora continuarían comiéndolo y conocerían el mal todos los días de su vida. Desde entonces el linaje humano sufriría las asechanzas de Satanás. “ Patriarcas y Profetas, 43

 

 

3. Definición

La transformación de la naturaleza humana de la perfección a la pecaminosidad, requiere una definición concreta del pecado. “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” 1 Juan 3:4. Pero, no hay que olvidar el proceso descrito en Santiago 1:15 “Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado”, ya que “… el pecado siendo consumado, da a luz la muerte”, y “… la paga del pecado es muerte” Romanos 6:23.

A continuación se detalla esquemáticamente las anteriores afirmaciones:

La muerte como resultado último del pecado se transfiere desde la transgresión de Adán, tal como se describe en Romanos 5:12 “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”.

Es fundamental tomar en consideración el cambio que se produjo en la raza humana y por la cual Pablo se lamenta: “Y yo sé que en mí (es a saber, en mi carne) no mora el bien …” Romanos 7:18 y 21 “… el mal está en mí”.

En el ser humano se enfrentan dos poderes: el bien y el mal. Uno de los dos será vencedor. A fin de que el bien venza al mal, el Cielo ya tomó medidas: “Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tu le herirás en el calcañar” Génesis 3:15. Esta primera promesa y profecía bíblica establecía la victoria definitiva del bien sobre el mal por medio de Jesús: “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él …” 1 Juan 3:5 y en otra palabras: “Gracias doy a Dios por Jesucristo Señor nuestro” Romanos 7:25.

“Por la fe en el sacrificio reconciliador de Cristo, los hijos de Adán pueden ser hecho hijos de Dios. Al revestirse de la naturaleza humana, Cristo eleva a la humanidad. Los hombres caídos son colocados donde pueden, por la relación con Cristo, llegar a ser dignos del título de ‘hijos de Dios’” El Camino a Cristo, 16.

 

 

4. Características

Los rasgos que identifican al ser humano en su forma natural, se describen claramente en Gálatas 5:19-21 “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, banqueteos, y cosas semejantes a éstas; de las cuales os he anunciado, que los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios”. Las cuales se encuentran en abierta oposición a los rasgos identificativos del ser humano transformado: “Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza…” Gálatas 5:22-23.

Si se comparan las diferentes características se comprende mucho más este tema:

“Andad en el Espíritu, y no satisfagáis la concupiscencia de la carne. Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne: y estas cosas se oponen la una a la otra …” Gálatas 5:16, 17.

“Si tan sólo queréis velar, velar continuamente en oración, si queréis hacer todo como si estuvieseis en la presencia inmediata de Dios, seréis salvados de ceder a la tentación, y podréis esperar ser guardados puros, sin mancha ni contaminación hasta el fin. Si retenéis firmemente el principio de vuestra confianza hasta el fin, vuestros caminos se afirmarán en Dios, y lo que la gracia empezó, la gloria lo coronará en el reino de nuestro Dios. Lo frutos del Espíritu son amor, gozo, paz, longanimidad, bondad, benignidad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Si Cristo está en nosotros crucificaremos la carne con sus pasiones y concupiscencias.

Aquel que contemple el sin par amor del Salvador sentirá elevado su pensamiento, purificado su corazón, transformado su carácter. Saldrá para ser una luz para el mundo, para reflejar en cierto grado este amor misterioso. Cuanto más contemplemos la cruz de Cristo, tanto más plenamente adoptaremos el lenguaje del apóstol que dijo: “Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.” Obreros Evangélicos, 49

 

 

5. Referencias

Las Sagradas Escrituras nos presentan ejemplos de personas que experimentaron una completa transformación:

 

JACOB

“No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel …” Génesis 32:38

Jacob significa engañador e Israel, vencedor. Completo cambio de naturaleza.

 

RAHAB

“Josué salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, y a todo lo que ella tenía y habitó entre los israelitas…” Josué 6:25

Rahab cambió completamente su vida al unirse al pueblo de Dios.

 

PABLO

“Habiendo sido antes blasfemo y perseguidor e injuriador…” 1 Timoteo 1:13.

“…soy puesto predicador, y apóstol, y maestro …” 2 Timoteo 1:11.

Saulo el perseguidor de la iglesia apostólica se convirtió en Pablo el apóstol de los gentiles.

 

JUAN

“… y a Juan … les apellido… Hijos del trueno.” Marcos 3:17

“No tengo yo mayor gozo que éste, el oír que mis hijos andan en la verdad” 3 Juan 4.

El discípulo Juan era impulsivo, pero se convirtió en el apóstol del amor.

 

ZAQUEO

“… todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno lo vuelvo con el cuatro tantos” Lucas 19 7, 8.

Zaqueo indemnizó a aquellos que había perjudicado.

 

MARÍA MAGDALENA

“… María, que se llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios … le servían…” Lucas 8.2, 3.

María Magdalena de una condición endemoniada pasó a ser una servidora de Jesús.

“El amor, base de la creación y de la redención, es el fundamento de la verdadera educación. Esto se ve claramente en la ley que Dios ha dado como guía de la vida. … ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente’ … Amar al Señor infinito, omnisciente, con todas las fuerzas, la mente y el corazón, significa el desarrollo más elevado de todas las facultades. Significa que en todo el ser –el cuerpo, la mente y el alma- debe restaurarse la imagen de Dios.” La Educación, 13.

 

 

 

6. Comentarios

“Es obra de la conversión y de la santificación reconciliar a los hombres con Dios, poniéndolos de acuerdo con los principios de su ley. Al principio el hombre fue creado a la imagen de Dios. Estaba en perfecta armonía con la naturaleza y la ley de Dios; los principios de justicia estaban grabados en su corazón. Pero el pecado le separó de su Hacedor. Ya no reflejaba más la imagen divina. Su corazón estaba en guerra con los principios de la ley de Dios. “La intención de la carne es enemistad contra Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede.” (Romanos 8: 7.) Mas “de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito,” para que el hombre fuese reconciliado con Dios. Por los méritos de Cristo puede restablecerse la armonía entre el hombre y su Creador. Su corazón debe ser renovado por la gracia divina; debe recibir nueva vida de lo alto. Este cambio es el nuevo nacimiento, sin el cual, según expuso Jesús, nadie “puede ver el reino de Dios.” El primer paso hacia la reconciliación con Dios, es la convicción del pecado. “El pecado es transgresión de la ley.” “Por la ley es el conocimiento del pecado.” (1 Juan 3: 4; Romanos 3: 20.) Para reconocer su culpabilidad, el pecador debe medir su carácter por la gran norma de justicia que Dios dio al hombre. Es un espejo que le muestra la imagen de un carácter perfecto y justo, y le permite discernir los defectos de su propio carácter.” El Conflicto de los Siglos, 521

 

 

7. Conclusión

“No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mat. 4:4). “Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Juan 6:53). Jesús dijo: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna” (Juan 6:54). Nuestros cuerpos se forman de lo que comemos y bebemos. Y así como ocurre en el ámbito natural, también ocurre en el espiritual; lo que sustenta nuestra naturaleza espiritual es aquello de lo cual se alimentan nuestras mentes. Nuestro Salvador dijo: “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63). La vida espiritual debe ser sostenida mediante la comunicación con Cristo a través de su Palabra. La mente debe espaciarse en ella, el corazón debe llenarse de ella. La Palabra de Dios establecida en el corazón, considerada sagrada, y obedecida, mediante el poder de la gracia de Cristo puede hacer que el hombre sea recto y puede mantenerlo recto; pero toda influencia humana y toda invención terrenal carecen de poder para proporcionar fuerza y sabiduría al hombre. No pueden controlar la pasión ni corregir la deformación del carácter. A menos que la verdad de Dios controle el corazón la conciencia se apartará del camino recto.” 2 Mensajes Selectos, 145

“Usted no puede dominar sus impulsos, sus emociones según lo desee, pero puede dominar la voluntad y realizar un cambio completo en su vida. Entregando su voluntad a Cristo, su vida quedará oculta con Cristo en Dios, y aliada al poder que está sobre todos los principados y potestades. Obtendrá de Dios fuerza que lo mantendrá firme en su fuerza; y una nueva luz, la luz de la fe viva, le será posible. . . Habrá en usted un poder, un fervor y una sencillez que lo harán instrumento pulido en las manos de Dios.” 4 Testimonios Selectos, 157, 158

“No digáis que no podéis remediar vuestros defectos de carácter. Si llegáis a esta conclusión, dejaréis ciertamente de obtener la vida eterna. La imposibilidad reside en vuestra propia voluntad. Si no queréis, no podréis vencer. La verdadera dificultad proviene de la corrupción de un corazón no santificado y de la falta de voluntad para someterse al gobierno de Dios.” Palabras de Vida del gran Maestro, 266

“Para el corazón que llega a purificarse, todo cambia. La transformación del carácter es para el mundo el testimonio de que Cristo mora en el creyente. Al sujetar los pensamientos y deseos a la voluntad de Cristo, el Espíritu de Dios produce nueva vida en el hombre y el hombre interior queda renovado a la imagen de Dios. Hombres y mujeres débiles y errantes demuestran al mundo que el poder redentor de la gracia puede desarrollar el carácter deficiente en forma simétrica, para hacerlo llevar abundantes frutos.” Patriarcas y Profetas, 175.

 

 

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