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La Cena del Señor

 

1. Principio

Creemos que la Cena del Señor es una conmemoración de los sufrimientos y muerte de Jesús.

El pan simboliza el cuerpo de Jesucristo, y el vino sin fermentar es símbolo de su sangre derramada. Mateo 26:26-28; 1 Corintios 10:16, 17; 11:23-26.

“Mientras comía la pascua con sus discípulos, instituyó en su lugar el rito que había de conmemorar su gran sacrificio…

“Delante de él estaban los panes sin levadura que se usaban en ocasión de la Pascua. El vino de la Pascua, exento de toda fermentación, estaba sobre la mesa. Estos emblemas empleó Cristo para representar su propio sacrificio sin mácula. Nada que fuese corrompido por la fermentación, símbolo de pecado y muerte, podía representar al ‘Cordero sin mancha y sin contaminación’.” El Deseado de Todas las Gentes, 608, 609.

Por disfrutar del pan y del vino no se efectúa el perdón de los pecados. Aquellos deben servir como conmemoración de los sufrimientos y muerte de Jesús para fortalecer a la iglesia.

La preparación incluye autoexamen, reconocimiento, y confesión del pecado y una sincera tristeza por éste.

“Los ritos del bautismo y de la cena del Señor son dos columnas monumentales, una fuera de la iglesia y la otra dentro de ella. Sobre estos ritos Cristo ha inscrito el nombre del verdadero Dios.” 2 Joyas de los Testimonios, 239.

En la Cena del Señor sólo puede participar quien ha hecho el pacto con Dios por medio del bautismo y ha llegado a ser miembro de iglesia.

“Y Jehová dijo a Moisés y Aarón: Esta ordenanza de la pascua; ningún extraño comerá de ella” (Éxodo 12:43).

 

2. Introducción

“Y vino el día de los ázimos, en el cual era necesario matar la pascua. Y envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, aparejadnos la pascua para que comamos” Lucas 22:7, 8. Jesús envió a dos de sus discípulos a preparar la Pascua, ya que esta fiesta tendría una significado superior a las anteriores: “…En gran manera he deseado comer con vosotros esta Pascua antes que padezca” Lucas 22:15. Esta sería la última Pascua que Cristo tomaría en esta tierra, ya que su sufrimiento y muerte se aproximaba.

“Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios” Lucas 22:16. El Señor anunció que volvería a participar en una cena con sus seguidores después de su segunda venida, tal como se describe en Apocalipsis 19:9 “…Bienaventurados los que son llamados a la cena del Cordero…”.

“Cristo se hallaba en el punto de transición entre dos sistemas y sus dos grandes fiestas respectivas. El, el Cordero inmaculado de Dios, estaba por presentarse con ofrenda por el pecado, y así acabaría con el sistema de figuras y ceremonias que durante cuatro mil años había anunciado su muerte. Mientras comía la Pascua con sus discípulos, instituyó en su lugar el rito que había de conmemorar su gran sacrificio. La fiesta nacional de los judíos iba a desaparecer para siempre. El servicio que Cristo establecía había de ser observado por sus discípulos en todos los países y a través de todos los siglos.” El Deseado de Todas las Gentes, 608.

 

3. Definición

“Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió, y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo que por vosotros es dado: haced esto en memoria de mí. Asimismo también el vaso, después que hubo cenado, diciendo: este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” Lucas 22:19, 20. En ocasión de la cena pascual el Señor Jesús introdujo dos elementos que debían permanecer en la memoria y en la práctica de sus seguidores, tal como se realizó en tiempos del apóstol Pablo: “Porque todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga”. 1 Corintios 11:26. Así pues, la ingesta de pan y la toma de la copa que Jesús instituyó en ocasión de la Pascua era un símbolo de su muerte expiatoria a causa del pecado.

“… nuestra pascua, que es Cristo, fue sacrificada por nosotros” 1 Corintios 5:7. Cuando Cristo fue presentado públicamente por Juan el Bautista se dijo: “El siguiente día ve Juan a Jesús que venía a él, y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” Juan 1:29. El cordero pascual simbolizaba el sacrificio y muerte de Cristo, pues El era el Cordero de Dios, el cual fue sacrificado literalmente, a fin de que por su sangre obtuviéramos remisión de pecados.

“… tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: tomad, comed: esto es mi cuerpo que por vosotros es partido: haced esto en memoria de mí” 1 Corintios 11:23, 24. El pan simboliza el cuerpo de Cristo.

“Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre: haced esto todas las veces que bebiereis, en memoria de mí” 1 Corintios 11:25. El vino de la copa simboliza la sangre de Cristo.

Tanto el pan como símbolo del cuerpo de Jesús, así como el vino símbolo de Su sangre, debían ingerirse después de su sacrificio por siempre, ya que era un memorial del sacrificio y muerte de Cristo.

La pascua se consumó en el momento en que Cristo expiró en la cruz del Calvario, así pues no era necesario presentar más corderos, pues el auténtico y realmente valioso ya había sido ofrecido. Pero, en lugar de la Pascua el Señor Jesús instituyó otra ceremonia: La Santa Cena, la cual debe practicarse hasta que no sea necesario tener su sacrificio en memoria y esto será cuando estemos para siempre con el Salvador en la ‘cena del Cordero’.

“Cristo instituyó este rito para que hablase a nuestros sentidos del amor de Dios expresado en nuestro favor. No puede haber unión entre nuestras almas y Dios excepto por Cristo.

La unión y el amor entre hermanos deben ser cimentados y hechos eternos por el amor de Jesús. Y nada menos que la muerte de Cristo podía hacer eficaz para nosotros este amor. Es únicamente por causa de su muerte por lo que nosotros podemos considerar con gozo su segunda venida. Su sacrificio es el centro de nuestra esperanza. En él debemos fijar nuestra fe.” El Deseado de Todas las Gentes, 614, 615.

 

4. Características

A continuación se analiza siguiendo el orden del proceso a seguir en la Santa Cena:

 

1. PREPARACIÓN MATERIAL

• “… y aderezaron la pascua” Marcos 14:16.

 Preparación del pan sin levadura, el jugo de uva sin fermentar y los utensilios necesarios.

 

2. TOMAR EL PAN

• “…tomó Jesús el pan…” Marcos 14:22.

 El responsable de la iglesia y consagrado para ello toma el pan entre sus manos.

 

3. BENDECIR EL PAN

• “…tomó Jesús el pan, y bendiciendo…” Marcos 14:22.

 

4. PARTIR EL PAN

•  “…tomó Jesús el pan, y bendiciendo, partió…” Marcos 14:22.

 

5. DISTRIBUCIÓN DEL PAN

• “…tomó Jesús el pan, y bendiciendo, partió y les dio…” Marcos 14:22.

 

6. INGESTA DEL PAN

• “…tomó Jesús el pan, y bendiciendo, partió y les dio, y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo” Marcos 14:22.

 

7. TOMAR EL VASO

• “Y tomando el vaso,…” Marcos 14:23.

 

8. DAR LAS GRACIAS

• “Y tomando el vaso, habiendo dado las gracias…” Marcos 14:23.

 

9. DISTRIBUCION DEL VINO

• “Y tomando el vaso, habiendo dado las gracias, les dio…” Marcos 14:23.

 

10. BEBIDA DEL VINO

• “Y tomando el vaso, habiendo dado las gracias, les dio: y bebieron de él todos. Y les dice: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada” Marcos 14:23.

 

11. HIMNO

• “… cantado el himno…” Marcos 14:26.

 

12. ORACION

• “…y oró…” Marcos 14:25.

 

“Al participar con sus discípulos del pan y del vino, Cristo se comprometió como su redentor.

Les confió el nuevo pacto, por medio del cual todos los que le reciben llegan a ser hijos de Dios, coherederos con Cristo. Por este pacto, venía a ser suya toda bendición que el cielo podía conceder para esta vida y la venidera. Este pacto había de ser ratificado por la sangre de Cristo.

La administración del sacramento había de recordar a los discípulos el sacrificio infinito hecho por cada uno de ellos como parte del gran conjunto de la humanidad caída.” El Deseado de Todas las Gentes, 613.

 

5. Referencias

La celebración de la Santa Cena es un acto muy solemne por lo que se exige una gran reverencia y sentido de la responsabilidad de cada miembro de iglesia, pues deben tenerse cuenta los siguientes aspectos:

 

• EXAMEN PERSONAL

 “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así de aquel pan, y beba de aquella copa” 1 Corintios 11:28.

 

• PREPARACIÓN ESPIRITUAL CABAL

 “Porque el que come y bebe indignamente, juicio como y bebe para sí…” 1 Corintios 11:29.

 

• CONOCIMIENTO Y COMPRENSIÓN DEL SACRIFICIO DE CRISTO

 “…juicio como y bebe para sí, no discerniendo el cuerpo de Cristo” 1 Corintios 11:29.

 

• CONSECUENCIAS

 Tomar parte en la Santa Cena sin la debida preparación, conocimiento o reverencia conlleva los siguientes efectos:

- “…será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor”

1 Corintios 11:27.

- “Porque el que come y bebe indignamente, juicio come y bebe para sí…” 1 Corintios 11:29.

- “Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros y muchos duermen” 1 Corintios 11:30.

 

“Todas las cosas relacionadas con este rito deben sugerir una preparación tan perfecta como sea posible. Toda ordenanza de la iglesia debe ser elevadora. No debe hacérsela común o vulgar, ni debe colocársela al mismo nivel de las cosas comunes.” Manuscrito 76, 1900.

“Esta ceremonia no ha de realizarse en forma indiferente, sino con fervor, recordando su propósito y objeto.” Manuscrito 8, 1897.

 

6. Comentarios

“Pero el servicio de la comunión no había de ser una ocasión de tristeza. Tal no era su propósito. Mientras los discípulos del Señor se reúnen alrededor de su mesa, no han de recordar y lamentar sus faltas. No han de espaciarse en su experiencia religiosa pasada, haya sido ésta elevadora o deprimente. No han de recordar las divergencias existentes entre ellos y sus hermanos. El rito preparatorio ha abarcado todo esto. El examen propio, la confesión del pecado, la reconciliación de las divergencias, todo esto se ha hecho. Ahora han venido para encontrarse con Cristo. No han de permanecer en la sombra de la cruz, sino en su luz salvadora. Han de abrir el alma a los brillantes rayos del Sol de justicia. Con corazones purificados por la preciosísima sangre de Cristo, en plena conciencia de su presencia, aunque invisible, han de oír sus palabras: “La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy.”

Nuestro Señor dice: Bajo la convicción del pecado, recordad que yo morí por vosotros. Cuando seáis oprimidos, perseguidos y afligidos por mi causa y la del Evangelio, recordad mi amor, el cual fue tan grande que di mi vida por vosotros. Cuando vuestros deberes parezcan austeros y severos, y vuestras cargas demasiado pesadas, recordad que por vuestra causa soporté la cruz, menospreciando la vergüenza. Cuando vuestro corazón se atemoriza ante la penosa prueba, recordad que vuestro Redentor vive para interceder por vosotros.

El rito de la comunión señala la segunda venida de Cristo. Estaba destinado a mantener esta esperanza viva en la mente de los discípulos.

En cualquier oportunidad en que se reuniesen para conmemorar su muerte, relataban cómo él “tomando el vaso, y hechas gracias, les dio, diciendo: Bebed de él todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados.

Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid hasta aquel día, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.” En su tribulación, hallaban consuelo en la esperanza del regreso de su Señor. Les era indeciblemente precioso el pensamiento: “Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga.” El Deseado de Todas las Gentes, 614, 615.

 

7. Conclusión

“Demasiado a menudo los ritos que señalan la humillación y los padecimientos de nuestro Señor son considerados como una forma. Fueron instituidos con un propósito. Nuestros sentidos necesitan ser vivificados para comprender el misterio de la piedad. Es patrimonio de todos comprender mucho mejor de lo que los comprendemos los sufrimientos expiatorios de Cristo. “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto,” así el Hijo de Dios fue levantado, “para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna.” Debemos mirar la cruz del Calvario, que sostiene a su Salvador moribundo. Nuestros intereses eternos exigen que manifestemos fe en Cristo.

Nuestro Salvador dijo: “Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebierais su sangre, no tendréis vida en vosotros. ...Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.” Esto es verdad acerca de nuestra naturaleza física. A la muerte de Cristo debemos aun esta vida terrenal. El pan que comemos ha sido comprado por su cuerpo quebrantado.

El agua que bebemos ha sido comprada por su sangre derramada. Nadie, santo, o pecador, come su alimento diario sin ser nutrido por el cuerpo y la sangre de Cristo. La cruz del Calvario está estampada en cada pan. Está reflejada en cada manantial. Todo esto enseñó Cristo al designar los emblemas de su gran sacrificio.

La luz que resplandece del rito de la comunión realizado en el aposento alto hace sagradas las provisiones de nuestra vida diaria. La despensa familiar viene a ser como la mesa del Señor, y cada comida un sacramento.

¡Y cuánto más ciertas son las palabras de Cristo en cuanto a nuestra naturaleza espiritual! El declara: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna.”

Es recibiendo la vida derramada por nosotros en la cruz del Calvario como podemos vivir la vida santa. Y esta vida la recibimos recibiendo su Palabra, haciendo aquellas cosas que él ordenó. Así llegamos a ser uno con él. “El que come mi carne --dice él,-- y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.”

Este pasaje se aplica en un sentido especial a la santa comunión. Mientras la fe contempla el gran sacrificio de nuestro Señor, el alma asimila la vida espiritual de Cristo. Y esa alma recibirá fuerza espiritual de cada comunión. El rito forma un eslabón viviente por el cual el creyente está ligado con Cristo, y así con el Padre. En un sentido especial, forma un vínculo entre Dios y los seres humanos que dependen de él.

Al recibir el pan y el vino que simbolizan el cuerpo quebrantado de Cristo y su sangre derramada, nos unimos imaginariamente a la escena de comunión del aposento alto. Parecemos pasar por el huerto consagrado por la agonía de Aquel que llevó los pecados del mundo. Presenciamos la lucha por la cual se obtuvo nuestra reconciliación con Dios. El Cristo crucificado es levantado entre nosotros.

Contemplando al Redentor crucificado, comprendemos más plenamente la magnitud y el significado del sacrificio hecho por la Majestad del cielo. El plan de salvación queda glorificado delante de nosotros, y el pensamiento del Calvario despierta emociones vivas y sagradas en nuestro corazón. Habrá alabanza a Dios y al Cordero en nuestro corazón y en nuestros labios; porque el orgullo y la adoración del yo no pueden florecer en el alma que mantiene frescas en su memoria las escenas del Calvario.

Los pensamientos del que contempla el amor sin par del Salvador, se elevarán, su corazón se purificará, su carácter se transformará. Saldrá a ser una luz para el mundo, a reflejar en cierto grado ese misterioso amor. Cuanto más contemplemos la cruz de Cristo, más plenamente adoptaremos el lenguaje del apóstol cuando dijo: “Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.” El Deseado de Todas las Gentes, 616, 617.

 

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