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El Espíritu de Profecía

 

1. Principio

Creemos que en el Antiguo y en el Nuevo testamento Cristo habló a su iglesia por medio de sus profetas. 2 Crónicas 20:20; 2 Pedro1:19-21; Hebreos 1:1-3.

Las enseñanzas impartidas por el don de profecía tienen su origen en el cielo, y son la voz de Dios a su pueblo. El Señor ha dado este don a su iglesia para que sea respetado y obedecido, y llega a nosotros bajo la dirección del Espíritu Santo.

Según Apocalipsis 12:17 y 19:10, el Señor ha prometido el don de profecía a la última iglesia que guarda los mandamientos de Dios; y en cumplimiento a esta profecía el Señor suscitó este don entre su pueblo. Desde el año 1844 Dios utilizó a Elena G. de White como su mensajera para manifestar su voluntad a la iglesia y al mundo que perece. Por su obra oral y escrita, incontables personas han hallado el camino de la paz con Dios.

Todas las características que identifican a un profeta llamado por el Señor, como fidelidad a la Palabra de Dios, fe en Jesús como Salvador, reconocimiento de los Diez Mandamientos y el fruto del Espíritu Santo, las encontramos en la vida y obras de esta mensajera de Dios; y su posición en relación a la Biblia la explica ella misma con las siguientes palabras:

“En su Palabra, Dios comunicó a los hombres el conocimiento necesario para la salvación. Las Santas Escrituras deben ser aceptadas como dotadas de autoridad absoluta y como revelación infalible de su voluntad. Constituyen la regla del carácter; nos revelan doctrinas, y son la piedra de toque de la experiencia religiosa. ‘Toda la Escritura es inspirada por Dios; y es útil para enseñanza, para reprensión, para corrección, para instrucción en justicia; a fin de que el hombre de dios sea perfecto, estando cumplidamente instruido para toda obra buena’ (2 Timoteo 3:16, 17).” El Conflicto de los Siglos, 9.

En la iglesia de Dios ha habido épocas en las que no sólo los hombres fueron llamados, sino también mujeres fieles para transmitir al pueblo de Dios mensajes y amonestaciones de importancia para la vida y la salvación. Por ejemplo: María (Éxodo 15:20), Débora (Jueces 4:4), Hulda (2 Reyes 22:14-16), Ana (Lucas 2:36), las hijas de Felipe (Hechos 21:9).

Por lo tanto, la verdadera iglesia estimará altamente este don, y recibirá y obedecerá con gratitud las enseñanzas que el Señor ha dado.

Cuando una iglesia desestima o menosprecia este don, menosprecia el camino por el cual Dios desea conducirla con seguridad y bendecirla. Proverbios 29:18; 2 Crónicas 20:20.

 

2. Introducción

“Empero hay repartimiento de dones; mas el mismo Espíritu es. Y hay repartimiento de ministerios; mas el mismo Señor es. Y hay repartimiento de operaciones; mas el mismo Dios es el que obra todas las cosas en todos. … A otro, profecía…” 1 Corintios 12:4-6, 10. En la lista de dones que recibimos del Señor una de los que se cita es el de profecía.

El don de profecía o la profecía procede del Espíritu Santo, tal como se reconfirma en 2 Pedro 1:21 “Porque la profecía no fue en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron de hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo”

Es importante considerar cuál es el propósito de la profecía, de acuerdo a la explicación del mismo Jesús en Juan 13:19 “Desde ahora os lo digo antes que se haga, para que cuando se hiciere, creáis…”.

Anunciar un acontecimiento antes de que acontezca es una de los rasgos distintivos de la profecía, pues persigue el fin de potenciar la fe y confirmarla.

“Al unirse un eslabón con otro en la cadena de los acontecimientos, desde la eternidad pasada a la eternidad futura, las profecías que el gran YO SOY dio en su Palabra nos dicen dónde estamos hoy en la procesión de los siglos y lo que puede esperarse en el tiempo futuro.” Profetas y Reyes, 393, 394.

 

3. Definición

“El don de profecía” es uno de los dones especiales que Dios ofreció por el Espíritu Santo a la familia humana (1 Cor. 12:4-11).

Este don se llama también “el testimonio de Jesucristo.” (Apoc. 12:17) el cual es definido por el mismo escritor como “el espíritu de profecía” (Apoc. 19:10) La expresión el don de profecía es un sinónimo de las anteriores.

El propósito de Dios al proveer y conceder el don de profecía consistía claramente en restablecer y mantener la comunicación con el ser humano que se encontraba separado de El a causa del pecado. Este don obra por medio de los profetas, mediante sueños, visiones, inspiración y revelación. El resultado final, la profecía, es un mensaje divino de Dios al ser humano. “La palabra de Dios” (Heb. 4:12) o las “Sagradas Escrituras” (Rom. 1:2), llegó a la humanidad a través del don de profecía (2 Tim. 3:16; 2 Pdr. 1:21)

El don de profecía no es el mensaje mismo. No es la Biblia, sino el método o medio, por el cual el mensaje divino es transmitido a la humanidad. Así pues, el don se remonta, al día en que el Señor reanudó la comunicación con Adán después de su expulsión. Este don no ha sido retirado desde entonces, aunque ha habido períodos durante los cuales este don no se manifestaba en “visión manifiesta.” (1 Sam. 3:1), pero nunca fue retirado. Cuando el Señor lo consideró oportuno expresó de nuevo sus mensajes por medio de sueños, visiones, etc. los cuales eran revelados al profeta que impartía a su vez el mensaje al pueblo.

En la función de profeta, siempre el Señor que llama al profeta. El llamado puede presentarse de diferentes maneras, pero siempre con la certeza del llamado, así como se declara en Hebreos 5:4 “Ni nadie toma para sí la honra, sino el que es llamado de Dios,…”, aunque a lo largo de los siglos se han presentado personas como profetas, acerca de los cuales el Señor declara: “No envié yo a aquellos profetas, y ellos corrían; yo no les hablé y ellos profetizaban.” (Jer. 23:21, 31).

Las consecuencias de asumir un cargo tal sin el respectivo llamado eran muy graves. “Entonces dijo el profeta Jeremías a Hananías profeta: Ahora oye, Hananías; Jehová no te envió, y tu has hecho confiar a este pueblo en mentira. Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo te envío sobre la haz de la tierra: morirás en este año, porque hablaste rebelión contra Jehová.” (Jer. 28:15, 16).

La desobediencia de un profeta a la comisión divina tiene las mismas consecuencias. “Y yéndose, topole un león en el camino, y matole. Y los que hallaron al profeta muerto dijeron: El varón de Dios es, que fue rebelde al dicho de Jehová.” (1 Rey. 13:24, 26).

El modo de llamado es, generalmente, procedente de Dios mismo.

La única ocasión relatada en las Escrituras en que un es presentado por un mensajero del Señor, es el caso de Eliseo.

Es interesante comprobar que indistintamente del modo en que se recibe el llamado, éste era siempre específico, contundente e imperativo. Pablo, que era profeta, apóstol y evangelista, quedó tan profundamente impresionado por el llamamiento que recibió que exclamó: “¡Ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1 Cor. 9:16)

“Fue Cristo quien habló a su pueblo por medio de los profetas. El apóstol Pedro, escribiendo a la iglesia cristiana, dice que los que ‘profetizaron de la gracia que había de venir a vosotros, han inquirido diligentemente buscando, escudriñando cuándo y en qué punto de tiempo significaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual prenunciaba las aflicciones que habían de venir a Cristo, y las glorias después de ellas’ (1 Ped. 1:10, 11). Es la voz de Cristo la que nos habla por medio del Antiguo Testamento.” Patriarcas y Profetas, 382.

 

3. Características

El concepto profeta, tal como se usa en el Antiguo Testamento proviene de dos palabras hebreas que tienen diferentes matices. Una de estas es ‘roeh’ que significa ‘ver’ y se traduce como ‘vidente’ en 1 Samuel 9:9. De acuerdo a este significado el profeta es el que ‘ve’, pero esto no es suficiente, ya que lo revelado debe ser declarado a otros para que reciban beneficio. Este segundo aspecto se incluye en el vocablo hebreo con ‘nabi’ que significa ‘declarar’. Por lo tanto, el profeta es también el que anuncia la palabra.

Es muy interesante la relación entre los dos conceptos en hebreo que se reúnen en nuestro vocablo ‘profeta’. La primera se relaciona con la manera en que recibe el mensaje y la segunda a la comunicación del mensaje en si. La palabra ‘profeta’ que proviene del griego significa ‘uno que habla en nombre de otro o públicamente’. Por lo que este concepto adquiere un doble significado: ‘vidente’ y ‘proclamador’. Estos dos aspectos son fundamentales en relación al don de profecía, los cuales son muy claros en las Sagradas Escrituras, tal como se expresa en Daniel 7:1, 2 “En el primer año de Belsasar rey de Babilonia, vio Daniel un sueño y visiones de su cabeza en su cama: luego escribió el sueño, y notó la suma de los negocios. Habló Daniel y dijo: Veía yo en mi visión de noche.”

En los anteriores versículos se sintetizan las principales características de un profeta:

“… vio Daniel un sueño y visiones.” El Señor se le apareció en una visión y le habló en un sueño.

“… notó la suma de los negocios.” Daniel escribió todo en un libro.

El profeta es aquel que primero recibía instrucciones de Dios y luego las transmitía a la gente. Estos dos aspectos de su obra se reflejaban en los nombres con que se los conocía: vidente y profeta. Ambos términos presentan su misión, pues como “vidente” discernía la voluntad de Dios, y como “profeta” la trasmitía a otros.

La instrucción que el profeta Ezequiel recibió sintetiza su tarea: “Hijo del hombre, mira con tus ojos y oye con tus oídos, y pon tu corazón a todas las cosas que te muestro; porque para que yo te las mostrase eres traído aquí. Cuenta todo lo que ves a la casa de Israel.” (Eze. 40:4).

 

• ‘mira con tus ojos’

• ‘oye con tus oídos’

• ‘pon tu corazón a todas las cosas’

• ‘cuenta todo lo que ves’

 

  Así pues, profeta es aquel a quien Dios se revela y por medio del cual habla. La revelación puede relacionarse con el pasado, presente o futuro, ya que el profeta es quien proclama o anuncia y no necesariamente quien predice. La esencia de la misión del profeta es recibir el mensaje divino y comunicarlo.

“La nota predominante de la predicación de Cristo era: ‘El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed al Evangelio’. Así el mensaje evangélico, tal como lo daba el Salvador mismo, se basaba en las profecías. El ‘tiempo’ que él declaraba cumplido, era el período dado a conocer a Daniel por el ángel Gabriel.” El Deseado de Todas las Gentes, 199, 200.

 

5. Referencias

“Yo Jehová me daría a conocer a él en visión, o en sueños le hablaría” (Núm. 12:6). De acuerdo con esta cita las visiones y los sueños son medios utilizados en la revelación de la Palabra de Dios.

Ya en la edad patriarcal, este medio de comunicación fue usado por el Señor. “En una o dos maneras habla Dios; mas el hombre no entiende. Por sueño de visión nocturna, cuando el sueño cae sobre los hombres, cuando se adormecen sobre el lecho; entonces revela al oído de los hombres y les señala su consejo; para quitar al hombre de su obra, y apartar del varón la soberbia.” (Job 33:14-17).

En algunos casos, como Abraham o Daniel la distinción entre sueño y visión no es muy clara, según Génesis 15:1 y Daniel 7:1.

La visión es la forma sobrenatural por medio de la cual Dios comunicaba su voluntad a sus siervos los profetas. En general, es el término que mejor describe cualquier comunicación divina, al margen de la forma que tomara. Se presenta en las siguientes modalidades:

 

1. El profeta estaba despierto (Dn.10:7; Hch. 9:3, 7)

2. En cualquier momento durante el día (Hch. 10:3)

3. En cualquier momento durante la noche (Gn. 46:2)

4. Forma de un sueño (Nm. 12:6)

 

Durante la visión el profeta perdía la conciencia de lo que lo rodeaba, y el Espíritu de Dios controlaba a tal grado las zonas sensoriales de su cerebro que literalmente veía, oía y sentía lo que se le presentaba en visión.

La Biblia no establece una marcada diferencia entre visiones y sueños, con la excepción de que éstos últimos sobrevenían mientras el profeta dormía. El sueño se refiere a lo que ve el profeta mientras está dormido; en cambio “visión” es “una aparición” o “algo que se ve”. La “visión”, sin embargo, puede ocurrir también durante la noche, en sueños (Dn. 2:19; Hch. 12:9), en cuyo caso ambos términos podrían describir adecuadamente el mismo fenómeno (Is. 29:7). En Jl. 2:28 y Hch. 2:17, los conceptos aparecen en un paralelismo poético y se usan como sinónimos. Diferentes modalidades de sueños, se presentan a continuación:

 

1. Sueño literal del profeta más visión nocturna (Job 33:15)

2. Sueño como independiente medio de revelación (Dan. 1:17)

 

El método de Dios para influir sobre la mente de los hombres y dirigirlas en el proceso de hacer de ellos canales de revelación divina, podemos denominarlo inspiración.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Tim. 3.16). Esta declaración eleva el don profético al más elevado entre los que un ser humano puede recibir, ya que es la comunicación del pensamiento y la voluntad divina al individuo.

“Ninguna profecía de la Escritura procede de interpretación privada. Porque no de la voluntad del hombre fue traída la profecía en ningún tiempo; sino que hombres santos de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Ped. 1:20, 21).

El mensaje siempre es de origen divino y procede de la voluntad de Dios.

“De la cual salud los profetas que profetizaron de la gracia que había de venir a vosotros, han inquirido y diligentemente buscado.

Escudriñando cuándo y en qué punto de tiempo significaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual prenunciaba las aflicciones que habían de venir a Cristo y las glorias después de ellas.” 1 Ped. 1:10, 11.

El mensaje era recibido a través del Espíritu y nunca provenía de la iniciativa humana.

Sintetizando estos versículos pueden asumirse las siguientes conclusiones.

 

1. Los profetas fueron inspirados por el Espíritu.

2. La información les fue comunicada por inspiración.

3. Los profetas eran ajenos al modo y al contenido del mensaje.

4. Inspiración y revelación son dos conceptos diferentes.

 

La palabra ‘inspiración’ es un término que designa el origen divino de la Sagrada Escritura. Es decir, el proceso interior del Espíritu sobre el profeta.

La palabra ‘revelación’ implica el descubrimiento de algo que era hasta entonces desconocido. Es decir, la comunicación directa de parte de Dios al ser humano acerca de verdades desconocidas.

La relación entre estos dos conceptos: inspiración y revelación, es el don de profecía, ya que su propósito final al impartir al profeta visiones, sueños o inspiraciones es la revelación de la voluntad divina al ser humano. “Yo Jehová me daría a conocer a él en visión, o en sueños le hablaría” Núm. 12:6. Cuando esto sucede se la constatado una revelación, de acuerdo a Deuteronomio 29:29 “... las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos....”

Además de los modos de revelación citados hasta ahora, encontramos otro más, de acuerdo a las siguientes citas: “Y dijo Dios a Noé” (Gén. 6:13) y “Apareciole Jehová, y… entonces Abram cayó sobre su rostro, y Dios habló con él” (Gén. 17.1-3). De este modo se comprueba que el Señor vino a los profetas en persona y conversaron en forma normal. Sin embargo, el método general, ya que se usó más que cualquier otro, fue el de las visiones y/o sueños.

“Los talentos que Cristo confía a su iglesia representan especialmente las bendiciones y los dones impartidos por el Espíritu Santo. “A éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro palabra de ciencia según el mismo Espíritu, a otro, fe por el mismo Espíritu, y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu; a otro, operaciones de milagros, y a otro, profecía, y a otro, discreción de espíritus; y a otro, género de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente a cada uno como quiere”.* Todos los hombres no reciben los mismos dones, pero se promete algún don del Espíritu a cada siervo del Maestro.” Palabras de Vida del Gran Maestro, 263, 264.

 

6. Comentarios

“Cuando todo quedó perdido en Adán, y las sombras de la noche obscurecieron los cielos morales, no tardó en aparecer la estrella de la esperanza en Cristo, estableciéndose así un medio de comunicación entre Dios y el hombre.

En su estado de caída, el hombre no podía conversar cara a cara con Dios ni con Cristo ni con los ángeles, como cuando era puro en el Edén.

Pero gracias al ministerio de los santos ángeles, se dignó el eterno Dios hablarle en sueños y visiones. “Si tuviereis profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él.”

La manifestación del espíritu de profecía estaba prometida para todas las dispensaciones. La Sagrada Escritura no la restringe en pasaje alguno a determinado período de los comprendidos entre la caída y la restauración final.

La Biblia reconoce la manifestación del espíritu profético, tanto en la época patriarcal, como en la judaica y la cristiana. Por este medio se comunicó Dios con los santos de la antigüedad.

Enoc, el séptimo desde Adán, profetizó, y tan dilatado y minucioso fue el campo de su profética visión que abarcó muy lejanas épocas futuras, y describió la venida del Señor y la ejecución del juicio final sobre los impíos.

Durante la dispensación judaica, Dios habla a sus profetas en sueños y visiones, mostrándoles los grandes acontecimientos futuros, especialmente los relacionados con el primer advenimiento de Cristo para padecer por los pecadores, y con su segunda aparición en gloria para destruir a sus enemigos y completar la redención de su pueblo.

A causa de la corrupción de los judíos, el espíritu de profecía casi desapareció de entre ellos durante unos cuantos siglos del período de decadencia, pero reapareció en los últimos años de la dispensación judaica para anunciar la llegada del Mesías.

Zacarías, el padre de Juan el Bautista, “fue lleno de Espíritu Santo y profetizó.” Simeón, hombre justo y pío, “esperaba la consolación de Israel,” y vino al templo impulsado por el Espíritu y profetizó diciendo de Jesús que sería “luz para ser revelada a los gentiles,” y la gloria de Israel. La profetisa Ana “hablaba de él a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.” Y no hubo mayor profeta que Juan, escogido por Dios para presentar a Israel “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” 2 Mensajes Selectos, 10-12.

 

7. Conclusión

 “La era cristiana comenzó con la efusión del Espíritu Santo y la manifestación de varios dones espirituales, entre ellos el de profecía. Después de encomendar a sus discípulos que fuesen a predicar el evangelio por todo el mundo, les dijo Jesús: “Y estas señales seguirán a los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; quitarán serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les dañará; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” El día de Pentecostés, al comenzar abiertamente la dispensación cristiana, se manifestaron de maravillosa manera algunos de dichos dones.

Cuando ya había transcurrido un cuarto de siglo de la era cristiana, nos refiere Lucas al dar cuenta de sus viajes con Pablo y otros discípulos, que entró en casa del evangelista Felipe, y dice a este propósito: “Y éste tenía cuatro hijas, doncellas, que profetizaban. Y parando nosotros allí por muchos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo.”

Posteriormente vemos también al amado Juan, en la isla de Patmos, henchido del espíritu de profecía en toda su plenitud. Le fue comunicada la maravillosa Revelación, cuando ya había transcurrido más de medio siglo de la era cristiana. Los textos del Nuevo Testamento no hacen ni la más ligera insinuación de que los dones del Espíritu se substraerían de la iglesia hasta que hubiera de alborear el día de gloria por la segunda aparición de Jesucristo.

Desde la gran apostasía, rara vez se han manifestado estos dones, y por esta razón los que se llaman cristianos suponen generalmente que estuvieron destinados solamente a la iglesia primitiva. Pero desde la era apostólica hasta hoy, hubo entre los más devotos discípulos de Jesús, manifestaciones que las principales iglesias cristianas reconocieron como dones del Espíritu Santo. Así pues, ¿no es más lógico atribuir a los errores e incredulidad de la iglesia la razón de que hayan sido tan raras esas manifestaciones, que suponer que Dios le haya retirado este favor a la iglesia? Cuando el pueblo de Dios vuelva a la fe y a las prácticas de la iglesia primitiva, como seguramente lo hará bajo la influencia del postrer mensaje, sobrevendrá la lluvia tardía y se reavivarán todos los dones. La lluvia temprana sobrevino al comienzo de la era cristiana, en la época de la sementera del evangelio, para que germinara y arraigara la semilla. Entonces la iglesia disfrutó los dones espirituales. Y cuando al final de la dispensación cristiana sobrevenga la lluvia tardía para madurar la áurea cosecha destinada a los alfolíes de Dios, entonces se volverán a manifestar en toda su plenitud los dones del Espíritu Santo.

Con esto concuerdan las palabras del profeta, citadas por Pedro: “Y será en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; y vuestros mancebos verán visiones y vuestros viejos soñarán sueños... . Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo. El sol se volverá en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto.” *Aquí vemos el espíritu de profecía entre las señales características de los últimos días. El reavivamiento del espíritu profético en los últimos días había de constituir una de las señales más notables del próximo fin. Esto es evidente, pues se incluye al espíritu de profecía entre las prodigiosas señales en el sol, la luna y las estrellas que se verían en el cielo, y entre las señales de la tierra, como sangre, fuego y vapor de humo.

De todos los beneficios que Dios ha concedido a su pueblo, dejando aparte la dádiva de su Hijo, ninguno hay tan sagrado ni tan eficaz para su bienestar como el don de su santa ley y de su Santo Espíritu. Y ninguno es tan a propósito como éstos para desbaratar los planes de Satanás y, en consecuencia, suscitar su ira. Y cuando en la última generación de hombres se levante el pueblo de Dios, observando los diez preceptos de la santa ley y reconociendo el renacimiento del espíritu de profecía, experimentará la acerba hostilidad de sus enemigos, suscitada exclusivamente por directa inspiración de Satanás. “Entonces el dragón fue airado contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra los otros de la simiente de ella, los cuales guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.” El ángel le dijo a Juan: “El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.” * La observancia de los mandamientos de Dios y el reconocimiento del espíritu de profecía por la iglesia remanente, o sean los cristianos de la última generación, excitan la ira del dragón.

A pesar de su apostasía, la era judaica se abrió y concluyó con especiales manifestaciones del Espíritu de Dios. Y no es razonable suponer que la era cristiana, cuya luz, comparada con la de la primera dispensación, es como la luz del sol respecto de los pálidos rayos de la luna, haya de comenzar con gloria y concluir en oscuridad. Y si a fin de preparar un pueblo para el primer advenimiento de Cristo fue necesaria una obra especial del Espíritu, mucho más necesaria habrá de ser para su segunda venida.” 2 Mensajes Selectos, 12-14.

 

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