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Las 2300 Tardes y Mañanas

 

1. Principio

Creemos que las 2.300 tardes y mañanas de Daniel 8:14 representan un período de tiempo específico que llega hasta el fin del tiempo. Según el principio de un día por año, conforme al cual en las interpretaciones proféticas un día equivale a un año (Números 14:34; Ezequiel 4:6), los 2.300 días son años reales. De acuerdo con Daniel 9:24-27, este tiempo se inició con el tercer decreto para la reconstrucción de Jerusalén, emitido por el rey Artajerjes en el año 457 A.C. De esta cadena profética, la más larga de la Biblia, están separadas 70 semanas (es decir, 490 años). Este tiempo estaba destinado al pueblo judío y finalizó en el año 34 D.C., mientras que los restantes 1.810 años nos llevan al año 1844, “el tiempo del fin” (Daniel 8:17). En este año Jesús concluyó su servicio en el Lugar Santo y lo inició como Sumo Sacerdote en el lugar Santísimo.

“Como en el servicio típico había una obra de Expiación al fin del año, así también, antes de que la obra de Cristo para la redención de los hombres se complete, queda por hacer una obra de expiación para quitar el pecado del santuario. Este es el servicio que empezó cuando terminaron los 2.300 días. Entonces, así como lo había anunciado Daniel el profeta, nuestro Sumo Sacerdote entró en el lugar santísimo, para cumplir la última parte de su solemne obra: la purificación del santuario. …

“En el rito típico, sólo aquellos que se habían presentado ante Dios arrepintiéndose y confesando sus pecados, y cuyas iniquidades eran llevadas al santuario por medio de la sangre del holocausto, tenían participación en el servicio del día de las expiaciones. Así en el gran día de la expiación final y del juicio, los únicos casos que se consideran son los de quienes hayan profesado ser hijos de Dios. …

“Acompañado por ángeles celestiales, nuestro gran Sumo Sacerdote entra en el lugar santísimo, y allí, en la presencia de Dios, da principio a los últimos actos de su ministerio en beneficio del hombre, a saber, cumplir la obra del juicio y hacer expiación por todos aquellos que resulten tener derecho a ella.” El Conflicto de los Siglos, 474, 534.

Conforme al servicio en el santuario terrenal, Jesús inició en ese tiempo en el Lugar Santísimo del santuario celestial la obra final. Al mismo tiempo se efectúa el juicio investigador (Daniel 7:9, 10, 13), se decide quién de los muchos que descansan en la tierra es digno de tomar parte en la resurrección para vida y quién de entre los vivos para la transformación y entrada en la gloria eterna; la clausura de este servicio de expiación es al mismo tiempo el fin del tiempo de gracia.

 

2. Introducción

“Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” Deuteronomio 29:29. Tal como se expresa en este versículo bíblico, las verdades que el Señor ha revelado han sido dadas para comprenderlas y aceptarlas, de modo que se demuestre obediencia y fidelidad.

El profeta Daniel recibe una revelación que no puede entender inmediatamente: “… Hasta dos mil y trescientos días de tarde y mañana, y el santuario será purificado” Daniel 8:14. Este mensaje fue una gran incognita para el profeta, que al no recibir ninguna explicación al respecto se preocupó mucho: “Y la visión de la tarde y la mañana que está dicha, es verdadera y tú guarda la visión, porque es para muchos días. Y yo Daniel fuí quebrantado, y estuve enfermo algunos días: y cuando convalecí, hice el negocio del rey; mas estaba espantado acerca de la visión, y no había quien la entendiese” Daniel 8:26, 27.

Daniel oraba al Señor para recibir una explicación al respecto de esta visión y el Cielo no retardó su respuesta: “…Daniel, ahora he salido para hacerte entender la declaración. Al principio de tus ruegos salió la palabra, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres varón de deseos. Entiende pues la palabra, y entiende la visión.” Daniel 9:22, 23. Las promesas del Señor ‘sí y amén’, por lo que no sólo mostró la visión al profeta, sino también procedió a exponerle su interpretación.

“La intercesión de Cristo por el hombre en el santuario celestial es tan esencial para el plan de la salvación como lo fue su muerte en la cruz. Con su muerte dio principio a aquella obra para cuya conclusión ascendió al cielo después de su resurrección … Jesús abrió el camino que lleva al trono del Padre, y por su mediación pueden ser presentados ante Dios los deseos sinceros de todos los que a él se allegan con fe.” El Conflicto de los Siglos, 543.

 

3. Definición

La visión de las 2.300 tardes y mañanas incluye un periodo de tiempo, así como el lugar y la acción ha realizar: “…Hasta dos mil y trescientos días de tarde y mañana; y el santuario será purificado” Daniel 8:14.

• TIEMPO: 2.300 días.

• LUGAR: Santuario.

• ACTO: Purificación

 

Los 2.300 días es un período de tiempo bastante extenso que se encuentra dividido en diferentes partes:

 • 1 Período de tiempo: 70 semanas = 490 años.

 • 2 Período de tiempo: 1.810 años.

 Restando 490 años de 2.300, hallamos que quedan 1.810 años.

La forma de calcular el tiempo se base en el principio bíblico de 1 día = 1 año, de acuerdo a Números 14:34 y Ezequiel 4:6.

“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad…” Daniel 9:24.

a) 7 semanas

b) 62 semanas

c) 1 semana: ½ semana & ½ semana

El período de 70 semanas se encuentra subdividido en tres etapas diferentes de tiempo que se relacionan con acontecimientos específicos: “Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar a Jerusalem hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; tornaráse a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá a la ciudad y el santuario…Y en otra semana confirmará el pacto a muchos, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda …” Daniel 9:25-27.

A continuación se indican con fechas históricas el desarrollo y cumplimiento de los acontecimientos profetizados en los versículos anteriores:

1. La orden de Artajerjes, rey de Persia, para restaurar y reedificar Jerusalén, fue dada en 457 ant. de J.C. (Daniel 9:25; Esdras 6:1, 6-12.)

2. La reconstrucción y restauración de Jerusalén se terminó al fin de los primeros 49 años de la profecía de Daniel. (Daniel 9:25.)

3. Jesús fue ungido del Espíritu Santo en ocasión de su bautismo. (S. Mateo 3:16; Hechos 10:38.) De 457 ant. de J.C. hasta el Ungido hubo 483 años.

4. El Mesías Príncipe fue cortado a la mitad de la semana, cuando fue crucificado, en el año 31 de nuestra era. (Daniel 9:27; S. Mateo 27:50,51.)

5. Desde la muerte de Esteban, el Evangelio fue a los gentiles. (Daniel 9:24; Hechos 7:54-56; 8:1.) De 457 al tiempo de los gentiles: 490 años.

6. Al fin de los 2.300 años, en 1844, se inicia la purificación del santuario celestial, o sea la hora del juicio. (Daniel 8:14; Apocalipsis 14:7.)

7. El triple mensaje de Apocalipsis 14:6-12 es proclamado a todo el mundo antes de la segunda venida de Cristo a esta tierra.

“En el tiempo señalado para el juicio – al fin de los 2.300 días, en 1844-empezó la obra de investigación y el acto de borrar los pecados. Todos los que hayan profesado el nombre de Cristo deben pasar por este riguroso examen.” El Conflicto de los Siglos, 540.

 

4. Características

Para que pueda comprenderse adecuadamente este profecía es fundamental conocer el contexto bíblico de la visión, así como el sentido espiritual de la declaración: ‘…el santuario sea purificado’ Daniel 8:14.

En Levítico 16 se encuentra detallado todo el proceso de purificación del santuario terrenal en tiempo del Antiguo Testamento, lo cual se expone a continuación en forma breve, en relación al efecto personal del mismo:

Entre todos los días especiales establecidos en el calendario hebreo el día de la expiación era considerado el más solemne: “Y esto tendréis por estatuto perfecto: En el mes séptimo, a los diez del mes, afligiréis vuestras almas y ninguna obra haréis, …Porque en este día se os reconciliará para limpiaros; y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová” Levítico 16:29, 30.

El sentido del día de la expiación se sintetiza en las siguientes actividades:

1. ‘afligiréis vuestras almas’, lo cual implica ayuno, contricción, arrepentimiento, confesión y profunda meditación.

2. ‘ninguna obra haréis’, lo cual implica abandono de cualquier actividad para concentrarse en la reflexión y la meditación religiosa.

3. ‘ se os reconciliará’, lo cual implica un relación armoniosa entre Dios y el ser humano.

4. ‘para limpiaros’, lo cual implica purificación espíritual.

5. ‘seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová’, lo cual implica completa armonía con Dios al eliminar el pecado que la obstaculiza.

“Todo hombre había de contristar su alma mientras se verificaba la obra de expiación. Todos los negocios se suspendían y toda la congregación de Israel pasaba el día en solemne humillación delante de Dios, en oración, ayuno y profundo análisis del corazón.” Patriarcas y Profetas, 369.

 

5. Referencias

El sumo sacerdote jugaba un papel fundamental en todo el proceso a realizar en el día de la expiación. A continuación se realiza una comparación entre el sacerdocio humano y el divino:

 

• Orden

 “…según el orden de Melchisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón” Hebreos 7:11.

 

• Juramento

 “Porque los otros cierto sin juramento fueron hechos sacerdotes; mas éste, con juramento…” Hebreos 7:21.

 

• Vida

 “Y los otros fueron muchos sacerdotes, en cuanto por la muerte no podían permanecer. Mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable” Hebreos 7:23, 24.

 

• Sacrificio

 “Que no tiene necesidad cada día, como los otros sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus pecados, y luego por los del pueblo: porque esto lo hizo una sola vez, ofreciéndose a sí mismo” Hebreos 7:27.

 

• Naturaleza

 “Porque la ley constituye sacerdotes a hombres flacos; mas la palabra del juramento, después de la ley, constituye al Hijo, hecho perfecto para siempre” Hebreos 7:28.

 

“Al expiar Jesús en el Calvario exclamó: ‘Consumado es’, y el velo del templo se rasgó de arriba abajo en dos mitades, para demostrar que los servicios del santuario terrenal habían acabado para siempre, y que Dios ya no vendría al encuentro de los sacerdotes de ese templo terrestre para aceptar sus sacrificios. La sangre de Cristo fue derramada entonces e iba a ser ofrecida por él mismo en el santuario celestial. Así como el sacerdote entraba una vez al año en el lugar santísimo para purificar el santuario terrenal, también Jesús entró en el lugar santísimo del celestial al fin de los 2300 días de Daniel 8, en 1844, para hacer la expiación final por todos los que pudiesen recibir el beneficio de su mediación, y purificar de este modo el santuario.” Primeros Escritos, 252, 253.

 

6. Comentarios

“El servicio del santuario terrenal consistía en dos partes: Los sacerdotes ministraban diariamente en el lugar santo, mientras que una vez al año el sumo sacerdote efectuaba un servicio especial de expiación en el lugar santísimo, para purificar el santuario.

Día tras día el pecador arrepentido llevaba su ofrenda a la puerta del tabernáculo y, poniendo la mano sobre la cabeza de la víctima, confesaba sus pecados, transfiriéndolos así figurativamente de sí mismo a la víctima inocente.

Luego se mataba el animal. “Sin derramamiento de sangre” dice el apóstol, no hay remisión de pecados. “La vida de la carne en la sangre está” (Lev. 17: 11). La ley de Dios quebrantada exigía la vida del transgresor. La sangre, que representaba la vida dada en prenda por el pecador, cuya culpa cargaba la víctima, la llevaba el sacerdote al lugar santo y la salpicaba ante el velo, detrás del cual estaba el arca que contenía la ley que el pecador había transgredido.

Mediante esta ceremonia, el pecado era transferido figurativamente, por intermedio de la sangre, al santuario.

En ciertos casos, la sangre no era llevada al lugar santo; pero el sacerdote debía entonces comer la carne, como Moisés lo había mandado a los hijos de Aarón, diciendo: “La dio él a vosotros para llevar la iniquidad de la congregación” (Lev. 10: 17). Ambas ceremonias simbolizaban por igual la transferencia del pecado del penitente al santuario.

Tal era la obra que se llevaba a cabo día tras día durante todo el año. Los pecados de Israel eran transferidos así al santuario, y se hacía necesario un servicio especial para eliminarlos. Dios mandó que se expiara cada uno de los sagrados departamentos.

“Así hará expiación por el Santuario, a causa de las inmundicias de los hijos de Israel y de sus transgresiones, con motivo de todos sus pecados. Y del mismo modo hará con el tabernáculo de reunión, que reside con ellos, en medio de sus inmundicias”.

También había que expiar el altar: “Lo purificará y lo santificará, a causa de las inmundicias de los hijos de Israel” (Lev. 16: 16, 19, VM).

Una vez al año, en el gran día de la expiación, el sacerdote entraba en el lugar santísimo para purificar el santuario. El ritual que se realizaba allí completaba la serie anual de los servicios. En el día de la expiación se llevaban dos machos cabríos a la entrada del tabernáculo y se echaban suertes sobre ellos, “una suerte por Jehová, y la otra por Azazel” (vers. 8). El macho cabrío sobre el cual caía la suerte por Jehová debía ser inmolado como ofrenda por el pecado del pueblo. Y el sacerdote debía llevar adentro del velo la sangre de aquél y rociarla sobre el propiciatorio y delante de él. También había que rociar con ella el altar del incienso, que se encontraba delante del velo.

“Y pondrá Aarón entrambas manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, y todas sus transgresiones, a causa de todos sus pecados, cargándolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y le enviará al desierto por mano de un hombre idóneo. Y el macho cabrío llevará sobre sí las iniquidades de ellos a tierra inhabitada” (Lev. 16: 21, 22, VM). El macho cabrío emisario no volvía al campamento de Israel, y el hombre que lo había llevado debía purificarse y lavar sus vestidos con agua antes de volver al campamento.

Toda la ceremonia estaba destinada a inculcar en los israelitas una idea de la santidad de Dios y de su odio al pecado; y además hacerles ver que no podían ponerse en contacto con el pecado sin contaminarse. Se requería de todos que afligieran sus almas mientras se celebraba el rito de la expiación. Toda ocupación debía dejarse a un lado, y toda la congregación de Israel debía pasar el día en solemne humillación ante Dios, con oración, ayuno y examen profundo del corazón.

El ceremonial simbólico enseña importantes verdades respecto a la expiación. Se aceptaba un sustituto en lugar del pecador; pero la sangre de la víctima no borraba el pecado. Sólo proveía un medio para transferirlo al santuario. Con la ofrenda de la sangre, el pecador reconocía la autoridad de la ley, confesaba su culpa, y expresaba su deseo de ser perdonado mediante la fe en un Redentor que había de venir; pero no estaba aún enteramente libre de la condenación de la ley. El día de la expiación, el sumo sacerdote, después de haber tomado una víctima ofrecida por la congregación, iba al lugar santísimo con la sangre de dicha víctima y rociaba con ella el propiciatorio, por encima de la misma ley, para satisfacer sus exigencias. Luego, en calidad de mediador, tomaba los pecados sobre sí y los sacaba del santuario. Al poner sus manos sobre la cabeza del segundo macho cabrío, confesaba sobre él todos esos pecados, transfiriéndolos así figurativamente del sacerdote al macho cabrío emisario. Este los llevaba luego lejos y se consideraba que los pecados habían sido eliminados del pueblo para siempre.” Cristo en su Santuario, 106 - 108.

 

7. Conclusión

“La sangre de Cristo, ofrecida en beneficio de los creyentes arrepentidos, les aseguraba perdón y aceptación cerca del Padre. No obstante, sus pecados permanecían registrados en los libros del cielo.

Como en el ritual simbólico había una obra de expiación al fin del año, así también, antes que se complete la obra de Cristo para la redención de los hombres, queda por hacer una obra de expiación para eliminar el pecado del santuario.

Este es el servicio que empezó cuando terminaron los 2.300 días. Entonces, así como lo había anunciado Daniel el profeta, nuestro Sumo Sacerdote entró en el lugar santísimo para cumplir la última parte de su solemne obra: La purificación del santuario.

Así como en la antigüedad los pecados del pueblo eran puestos por fe sobre la víctima ofrecida, y por medio de la sangre de ésta se transferían figurativamente al santuario terrenal, así también, en el nuevo pacto, los pecados de los que se arrepienten son puestos por fe sobre Cristo, y transferidos, de hecho, al santuario celestial.

Y así como la purificación simbólica de lo terrenal se efectuaba eliminando los pecados con los cuales había sido contaminado, así también la purificación real de lo celestial debe efectuarse eliminando o borrando los pecados registrados en el cielo.

Pero antes que esto pueda cumplirse deben examinarse los registros para determinar quiénes son los que, por su arrepentimiento del pecado y su fe en Cristo, tienen derecho a los beneficios de la expiación llevada a cabo por él.

La purificación del santuario implica, por lo tanto, una obra de investigación, una obra de juicio. Esta obra debe realizarse antes que venga Cristo para redimir a su pueblo, pues cuando venga, “traerá con él su galardón, para otorgar la recompensa a cada uno según haya sido su obra”. (Apoc. 22: 12.)

Así que los que andaban en la luz de la palabra profética vieron que en lugar de venir a la tierra al fin de los 2.300 días, en 1844, Cristo había entrado entonces en el lugar santísimo del santuario celestial para cumplir la obra final de la expiación preparatoria para su venida.

Se vio, además, que mientras el holocausto señalaba a Cristo como sacrificio, y el sumo sacerdote representaba a Cristo como mediador, el macho cabrío simbolizaba a Satanás, autor del pecado, sobre quien serán colocados finalmente los pecados de los verdaderamente arrepentidos. Cuando el sumo sacerdote, en virtud de la sangre del holocausto, eliminaba los pecados del santuario, los ponía sobre la cabeza del macho cabrío destinado a Azazel. Cuando Cristo, en virtud de su propia sangre, elimine del santuario celestial los pecados de su pueblo al fin de su ministerio, los pondrá sobre Satanás, el cual en la consumación del juicio debe cargar con la pena final. Se llevaba lejos el macho cabrío, a un lugar desierto, para que no volviera jamás a la congregación de Israel. Así también Satanás será desterrado para siempre de la presencia de Dios y su pueblo, y será aniquilado en la destrucción final del pecado y los pecadores.” El Conflicto de los Siglos, 461-475.

 

Estudio sobre este tema: "La fascinante profecía de los 2300 años"

 

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