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La Segunda venida de Jesús

 

 

1. Principio

Creemos que la segunda venida de Jesucristo será visible y audible para todos los seres humanos. Apocalipsis 1:7; Mateo 24:30; Marcos 13:26, 27; Hechos 1:9-11; 1 Tesalonicenses 4:16, 17.

Los hijos de Dios de todos los tiempos han esperado con ansia este glorioso acontecimiento. Enoc “el séptimo desde Adán” predicó ya sobre este evento; Abraham “esperaba una ciudad, de la cual Dios era el arquitecto y creador”; los profetas la profetizaron, y Jesús dio la seguridad inamovible de su segunda venida para buscar para sí a su esposa, la iglesia. Mateo 5:8; Judas 14, 15; Hebreos 11:8-10; Juan 14:1-3.

Los que hayan esperando la segunda venida de Jesús, exclamarán llenos de alagría ante su aparición: “… He aquí éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación” (Isaías 25:9).

La segunda venida de Jesucristo forma el punto culminante del plan de salvación. Los creyentes vivos y resucitados serán arrebatados para recibir al Señor Jesús en las nubes y estar siempre con El.

Las señales de los tiempos que Jesús mencionó en Mateo 24, Lucas 21 y Marcos 13, nos muestran que el regreso de Cristo está muy cerca. 2 Pedro 3:9-12; 1 Tesalonicenses 5:2-7; 2 Timoteo 3:1-5; Apocalipsis 19:7,8.

El día y la hora de su venida están encubiertos para nosotros (Mateo 24:36), por lo tanto debemos estar siempre preparados. Mateo 24:42-44.

 

2. Introducción

“… profetizó Enoc, séptimo desde Adan, diciendo: He aquí, el Señor es venido con sus santos millares” Judas 14. El informe bíblico nos presenta a Enoc como profeta de la segunda venida de Cristo, ya antes del diluvio.

También Abraham esperaba la segunda venida de Cristo, ya que en Hebreos 11:10 se dice: Porque esperaba ciudad con fundamentos, el artífice y hacedor de la cual es Dios”.

Así pues, esperaba la nueva Jerusalém, prometida; la herencia inmortal de los redimidos.

Esta esperanza se mantuvo a través de los siglos y fue confirmada y alentada por el mismo Jesús en ocasión de su estadía en la tierra, su primera venida, al confortar así a sus discípulos: “No se turbe vuestro corazón: creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez; y os tomaré a mí mismo; para que donde yo estoy, vosotros también estéis” Juan 14:1-3.

“Una de las verdades más solemnes y más gloriosas que revela la Biblia, es la de la segunda venida de Cristo para completar la gran obra de la redención …

La doctrina del segundo advenimiento es verdaderamente la nota tónica de las Sagradas Escrituras. Desde el día en que la primera pareja se alejara apesadumbrada del Edén, los hijos de la fe han esperado la venida del Prometido que había de aniquilar el poder destructor de Satanás y volverlas a llevar al paraíso perdido.” El Conflicto de los Siglos, 334.

 

3. Definición

“Así también Cristo fue ofrecido una vez para pagar los pecados de muchos; y la segunda vez, sin pecado, será visto de los que le esperan para salvación” Hebreos 9:28. En esta cita bíblica se sintetizan dos venidas de Jesús a esta tierra; una, cuando murió en la cruz, como nuestro Salvador y otra, futura, cuando venga a buscar a los suyos.

Acerca de la segunda venida de Cristo, disponemos de la siguiente información:

 

1. Señales de su venida cercana

 “…el sol se obscurecerá, y la luna no dará su lumbre, y las estrellas caerán del cielo …” Mateo 24:29.

 

2. Descripción de su venida

 “… vendrá sobre las nubes del cielo, con gran poder y gloria” Mateo 24:31.

 

3. Visión de su venida

 “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá…” Apocalipsis 1:7.

 

4. Audición de su venida

 “Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo …” 1 Tesalonicenses 4:16.

 

5. Venida inesperada

 “… ha de venir a la hora que no pensáis” Mateo 24:44.

 

6. Venida personal

 “Este mismo Jesús … así vendrá como le habéis visto ir al cielo” Hechos 1:11.

 

7. Venida como Rey

 “… la aparición de nuestro Señor Jesucristo… Rey de reyes, y Señor de señores” 1 Timoteo 6:14, 15.

 

“Jesús marcha al frente como un gran conquistador. … Con cantos celestiales los santos ángeles, en inmensa e innumerable muchedumbre, le acompañan en el descenso. El firmamento parece lleno de formas radiantes, ’millones de millones, y millares de millares’. Ninguna pluma humana puede describir la escena, ni mente mortal alguna es capaz de concebir su esplendor.

’Su gloria cubre los cielos, y la tierra se llena de alabanza. También su resplandor es como el fuego’.

A medida que va acercándose la nube viviente, todos los ojos ven al Príncipe de la vida.

Ninguna corona de espinas hiere ya sus sagradas sienes, ceñidas ahora por gloriosa diadema. Su rostro brilla más que la luz deslumbradora del sol de mediodía.” El Conflicto de los Siglos, 688, 699.

 

4. Características

Es importante tomar en consideración los acontecimientos que se producirán cuando Jesús venga, los cuales se presentan a continuación:

 

1. Convulsiones en la tierra, mar y aire

 “Y el cielo se apartó como un libro que es envuelto; y todo monte y las islas fueron movidas de sus lugares” Apocalipsis 6:14.

 

2. Horror entre la mayoría de los seres humanos

 “Y los reyes de la tierra, y los príncipes, y los ricos, y los capitanes y los fuertes, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara de aquel que está sentado sobre su trono …” Apocalipsis 6:15, 16.

 

3. Gozo de los salvos

 “… He aquí éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación” Isaías 25:9.

 

4. Compañía de los ángeles

 “Y cuando el Hijo del hombre venga en gloria, y todos los santos ángeles con él…” Mateo 25:31.

 

5. Reunión de los escogidos

 “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro” Mateo 24:31.

 

6. Resurrección de los justos

 “… los muertos en Cristo resucitarán …” 1 Tesalonicenses 4:16.

 

7. Ascensión de los justos

 “Luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire …” 1 Tesalonicenses 4:17.

 

“La proclamación de la venida de cristo debería ser ahora lo que fue la hecha por los ángeles a los pastores de Belén, es decir, buenas nuevas de gran gozo. Los que aman verdaderamente al Salvador no pueden menos que recibir con aclamaciones de alegría el anuncio fundado en la Palabra de Dios de que Aquel en quien se concentran sus esperanzas para la vida eterna volverá.” El Conflicto de los Siglos, 388.

 

5. Referencias

Las señales que anuncian la segunda venida de Cristo son muy diversas:

 

• Señales en el cielo

 “…el sol se obscurecerá, y la luna no dará su lumbre, y las estrellas caerán del cielo …” Mateo 24:29.

 

• Señales en la tierra

 “…y terremotos por los lugares…” Mateo 24:7.

 

• Señales en la condición física humana

 “… habrá pestilencias y hambres…” Mateo 24:7.

 

• Señales en el comportamiento humano

 “… hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, detractores, desobedientes a los padres, ingratos, sin santidad, sin afecto, desleales, calumniadores, destemplados, crueles, aborrecedores de los bueno, traidores, arrebatados, hinchados, amadores de los deleites más que de Dios” 2 Timoteo 3:2-4.

 

• Señales en el área religiosa

 “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán señales grandes y prodigios; de tal manera que engañarán, si es posible, aun a los escogidos” Mateo 24:24.

 

• Señales en el área política

 “Y oiréis guerras, y rumores de guerras …” Mateo 24:6.

 

• Señales en el área económica

 “He aquí, el jornal de los obreros que han segado vuestras tierra, el cual por engaño no les ha sido pagado de vosotros, clama; y los clamores de los que habían segado, han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos” Santiago 5:4.

 

• Señales en el área científica

 “…hasta el tiempo del fin …y multiplicaráse la ciencia” Daniel 12:4.

 

“El mensaje de salvación ha sido predicado en todos los siglos; pero este mensaje es parte del Evangelio que sólo podía ser proclamado en los últimos días, pues sólo entonces podía ser verdad que la hora del juicio había llegado.

Las profecías presentan una sucesión de acontecimientos que llevan al comienzo del juicio. Esto es particularmente cierto del libro de Daniel.

Pero la parte de su profecía que se refería a los últimos días, debía Daniel cerrarla y sellarla ’hasta el tiempo del fin’. Un mensaje relativo al juicio, basado en el cumplimiento de estas profecías, no podía ser proclamado antes de que llegásemos a aquel tiempo. Pero al tiempo del fin, dice el profeta, ’muchos correrán de aquí allá, y la ciencia será aumentada’.” El Conflicto de los Siglos, 404, 405.

 

6. Comentarios

“No sólo predecían las profecías cómo ha de producirse la venida de Cristo y el objeto de ella, sino también las señales que iban a anunciar a los hombres cuándo se acercaría ese acontecimiento. Jesús dijo: “Habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas.” (S. Lucas 21: 25.) “El sol se obscurecerá, y la luna no dará su resplandor; y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes que están en los cielos serán conmovidas; y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes con mucha potestad y gloria.” (S. Marcos 13: 24-26.) El revelador describe así la primera de las señales que iban a preceder el segundo advenimiento: “Fue hecho un gran terremoto; y el sol se puso negro como un saco de silicio, y la luna se puso toda como sangre.” (Apocalipsis 6: 12.)

Estas señales se vieron antes de principios del siglo XIX. En cumplimiento de esta profecía, en 1755 se sintió el más espantoso terremoto que se haya registrado. Aunque generalmente se lo llama el terremoto de Lisboa, se extendió por la mayor parte de Europa, África y América. Se sintió en Groenlandia en las Antillas, en la isla de Madera, en Noruega, en Suecia, en Gran Bretaña e Irlanda. Abarcó por lo menos diez millones de kilómetros cuadrados. La conmoción fue casi tan violenta en África como en Europa. Gran parte de Argel fue destruída; y a corta distancia de Marruecos, un pueblo de ocho a diez mil habitantes desapareció en el abismo. Una ola formidable barrió las costas de España y África, sumergiendo ciudades y causando inmensa desolación…

Veinticinco años después apareció la segunda señal mencionada en la profecía: el obscurecimiento del sol y de la luna. Lo que hacía esto aun más sorprendente, era la circunstancia de que el tiempo de su cumplimiento había sido indicado de un modo preciso. En su conversación con los discípulos en el Monte de los Olivos, después de describir el largo período de prueba por el que debía pasar la iglesia, es decir, los mil doscientos sesenta años de la persecución papal, acerca de los cuales había prometido que la tribulación sería acortada, el Salvador mencionó en las siguientes palabras ciertos acontecimientos que debían preceder su venida y fijó además el tiempo en que se realizaría el primero de éstos: “En aquellos días, después de aquella aflicción, el sol se obscurecerá, y la luna no dará su resplandor.” (S. Marcos 13: 24.) Los 1260 días, o años, terminaron en 1798. La persecución había concluido casi por completo desde hacía casi un cuarto de siglo. Después de esta persecución, según las palabras de Cristo, el sol debía obscurecerse. Pues bien, el 19 de mayo de 1780 se cumplió esta profecía…

La profunda oscuridad del día fue seguida, una o dos horas antes de la caída de la tarde, por un aclaramiento parcial del cielo, pues apareció el sol, aunque obscurecido por una neblina negra y densa. “Después de la puesta del sol, las nubes volvieron a apiñarse y obscureció muy pronto.”

“La oscuridad de la noche no fue menos extraordinaria y terrorífica que la del día, pues no obstante ser casi tiempo de luna llena, ningún objeto se distinguía sin la ayuda de luz artificial, la cual vista de las casas vecinas u otros lugares distantes parecía pasar por una oscuridad como la de Egipto, casi impenetrable para sus rayos.” -Isaías Thomas, Massachusetts Spy; or American Oracle of Liberty, tomo 9, No. 472 (25 de mayo, 1780).

Un testigo ocular de la escena dice: “No pude substraerme, en aquel momento, a la idea de que si todos los cuerpos luminosos del universo hubiesen quedado envueltos en impenetrable oscuridad, o hubiesen dejado de existir, las tinieblas no habrían podido ser más intensas.” -Carta del Dr. S. Tenney, de Exeter, N. H., diciembre de 1785 (Massachusetts Historical Society Collections, 1792, serie 1, tomo 1, pág. 97).

Aunque la luna llegó aquella noche a su plenitud, “no logró en lo más mínimo disipar las sombras sepulcrales.” Después de media noche desapareció la oscuridad, y cuando la luna volvió a verse, parecía de sangre.

El 19 de mayo de 1780 figura en la historia como el “día obscuro.” Desde el tiempo de Moisés, no se ha registrado jamás período alguno de oscuridad tan densa y de igual extensión y duración. La descripción de este acontecimiento que han hecho los historiadores no es más que un eco de las palabras del Señor, expresadas por el profeta Joel, dos mil quinientos años antes de su cumplimiento: “El sol se tornará en tinieblas, y la luna en sangre, antes de que venga el día grande y espantoso de Jehová” (Joel 2: 31).” El Conflicto de los Siglos, 350 - 355.

“Jesús había dicho: “Las estrellas caerán del cielo” (Mat. 24: 29). Y Juan, al recibir la visión de las escenas que anunciarían el día de Dios, declara en el Apocalipsis: “Las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento” (Apoc. 6: 13). Esta profecía se cumplió de modo sorprendente y pasmoso con la gran lluvia de meteoritos del 13 de noviembre de 1833. Fue éste el más extendido y admirable espectáculo de estrellas fugaces que se haya registrado, pues, “sobre todos los Estados Unidos el firmamento entero estuvo entonces, durante horas seguidas, en conmoción ígnea. No ha ocurrido jamás en este país, desde el tiempo de los primeros colonos, un fenómeno celeste que despertara tan grande admiración entre unos, ni tanto terror y alarma entre otros”…

Así se cumplió la última de las señales de su venida acerca de las cuales Jesús había dicho a sus discípulos: “Cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas” (Mat. 24: 33). Después de estas señales, Juan vio que el gran acontecimiento que debía seguir consistía en que el cielo desaparecería como un pergamino que se enrolla, mientras la tierra fuera sacudida, las montañas y las islas fueran movidas de sus lugares, y los impíos, aterrorizados, tratarán de esconderse de la presencia del Hijo del Hombre. (Apoc. 6: 12-17.)

Muchos de los que presenciaron la caída de las estrellas la consideraron como un anuncio del juicio venidero: “Como un símbolo terrible, seguro precursor, señal misericordioso, de aquel día grande y terrible” (The Old Countryman, Portland, 26 de noviembre de 1833). Así se dirigió la atención de la gente al cumplimiento de la profecía, y muchos fueron inducidos a hacer caso del anuncio del segundo advenimiento.” Cristo en su Santuario, 71, 72.

 

7. Conclusión

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. (Mat. 24: 30)

Cristo viene en las nubes del cielo con poder y grande gloria. ¿Quién. . . lo recibirá en paz? ¿Quién se contará entre el número de aquellos a quienes se aplicarán estas palabras: [“Vendrá para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron”? (2 Tes. 1: 10).

Se la llama la gloriosa aparición del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo. Su venida sobrepasa en gloria a todo lo que el ojo ha contemplado alguna vez. Su revelación personal en las nubes del cielo excederá por lejos a cuanto la imaginación haya concebido. Habrá un enorme contraste con la humildad que acompañó su primera venida. Entonces vino como el Hijo del Dios infinito, pero su gloria estaba oculta por el ropaje de la humanidad. Vino sin ninguna distinción mundana de realeza, sin ninguna manifestación visible de gloria; pero en su segunda venida desciende con su propia gloria y la gloria del Padre, y asistido por las huestes angélicas del cielo. En lugar de la corona de espinas que desfiguró sus sienes, lleva una corona dentro de una corona. Ya no está vestido con los vestidos de humildad, con la vieja capa real que le pusieron encima los que se burlaron de él. No; viene vestido con un manto más blanco que la nieve más blanca. Sobre su vestidura y su muslo está escrito el nombre “Rey de reyes y Señor de señores”. . .

Cuando venga por segunda vez la divinidad ya no quedará oculta. Viene como Uno igual a Dios, como su Hijo amado, Príncipe del cielo y de la tierra. Es también el Redentor de su pueblo, el Dador de la vida. Se contemplan la gloria del Padre y del Hijo como si fuera una. Ahora se concreta su afirmación de ser uno mismo con el Padre. Su gloria es la gloria del Hijo, y la gloria de Dios. Entonces “delante de sus ancianos [será] glorioso” (Isa. 24: 23) (Carta 90, 1898).” En lugares celestiales, 358.

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