- 34 -

El Estado de los muertos

 

 

1. Principio

Creemos que la muerte es la paga del pecado. Durante la muerte el ser humano no sabe nada. Jesús compara la muerte con un sueño. Juan 11:11-14.

Todos los seres humanos que han muerto, hayan sido buenos o malos, se encuentran en un estado inconsciente. Eclesiastés 9:5, 6; Job 14:12.

Sólo Dios, el único ser inmortal, regalará la vida eterna a los redimidos en la resurrección. 1 Timoteo 6:15, 16; 1 Tesalonicenses 4:13-17; 1 Corintios 15:51-55.

 

2. Introducción

“Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra…” Génesis 2:7, primera parte. El informe de la creación nos relata que la materia prima de la estructura física del ser humano es la tierra. Sin embargo, no se convirtió en un ser vivo hasta que “…alentó en su nariz soplo de vida y fue el hombre un alma viviente” Génesis 2:7, segunda parte. El acto divino de soplar su aliento en el hombre lo convirtió en ’alma viviente’.

El calificativo ’alma viviente’ se aplica también a los animales, como por ejemplo la cita en Apocalipsis 16:3 “… y toda alma viviente fue muerta en el mar”. Este aspecto del concepto ’alma viviviente’ se amplia más en los siguientes versículos:

“Porque el suceso de los hijos de los hombres, y el suceso del animal, el mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros; y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia …Todo va a un lugar: todo es hecho del polvo, y todo se tornará en el mismo polvo” Eclesiastes 3:19, 20. Todo ser viviente, sea animal o persona depende para su existencia de Dios, ya que “… él da a todos vida y respiración, y todas las cosas” Hechos 17:25. De acuerdo con estas citas es evidente que el modo correcto de comprender el término ’alma’ se aplica a convertirse y permanecer en vida, por la respiración que se recibe de Dios, sea hombre o animal.

“En la creación del hombre resulta manifiesta la intervención de un Dios personal. Cuando Dios hubo hecho al hombre a su imagen, el cuerpo humano quedó perfecto en su forma y organización, pero estaba aún sin vida.

Después, el Dios personal y existente de por sí infundió en aquella forma el soplo de vida, y el hombre vino a ser criatura viva e inteligente. Todas las partes del organismo humano fueron puestas en acción. El corazón, las arterias, las venas, la lengua, las manos los pies, los sentidos, las facultades del espíritu, todo ello empezó a funcionar, y todo quedó sometido a una ley. El hombre fue hecho alma viviente. Por medio de Cristo el Verbo, el Dios personal creó al hombre, y lo dotó de inteligencia y de facultades.” El Ministerio de Curación, 322, 323.

 

3. Definición

El árbol de la vida que se encontraba en el centro del Paraíso donde vivían Adán y Eva antes de la caída, tenía el propósito de perpetuar la vida de los seres humanos, pero cuando la primera pareja desobedeció la orden divina y comió del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, lo cual Dios había prohibido, fueron expulsados del hermoso Edén y así se le vetó el acceso a la vida inmortal: “Ahora pues, no sea que extienda la mano y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre” Génesis 3:22.

El Señor había advertido a los primeros seres humanos del siguiente modo: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás; mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres morirás” Génesis 2:16, 17.

Así pues, la desobediencia engrendrá muerte, tal como Dios anunció: “En el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo serás tornado” Génesis 3:19.

La caída en el pecado cambió la naturaleza del ser humano convirtiendola en mortal.

Es interesante comprobar que uno de los engaños que Satanás presentó en su tentación fue precisamente la declaración contraria a la divina, pues dijo: “Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis…” Génesis 3:4. Pero sabemos que está en una mentira pues después de la caída el ser humano muere y no permanece: “El hombre nacido de mujer, corto de días, y hartó de sinsabores; que sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra, y no permanece” Job. 14:2

“El sermón que Satanás predicó a Eva con referencia a la inmortalidad del alma: ’No moriréis’, lo han reiterado (los ministros populares) desde el púlpito, y la gente lo recibe como pura verdad bíblica. Tal es el fundamento del espiritismo.” 1 Joyas de los Testimonios, 120.

 

4. Características

Es muy inmportante tomar en consideración los datos distintivos de un ser humano muerto:

 

1. Cortado de la vida

 “Mas el hombre morirá, y será cortado y perecerá el hombre …” Job. 14:10.

 

2. Conversión en polvo

 “Si él pusiese sobre el hombre su corazón, y recogiese así su espíritu y su aliento, toda cerne perecería juntamente y el hombre se tornaría en polvo” Job. 34:14, 15.

 

3. Carencia de pensamientos

 “Saldrá su espíritu, tornaráse en su tierra; en aquel día perecerán sus pensamientos” Salmo 146:4.

 

4. Carencia de consciencia

 “Porque los que viven saben que han de morir: mas los muertos nada saben…” Eclesiastés 9:5.

 

5. Carencia de sentimientos

 “También su amor, y su odio y su envidia, feneció ya …” Eclesiastés 9:6.

 

6. Carencia de memoria

 “…su memoria es puesta en olvido” Eclesiastés 9:5.

 

7. Carencia de cualquier tipo de existencia

 “… ni tiene ya mas parte en el siglo, en todo lo que se hace debajo del sol” Eclesiastés 9:6.

 

“Para el creyente, la muerte es asunto trival. Cristo habla de ella como si fuera de poca importancia. ’El que guardare mi palabra, no verá muerte para siempre, no gustará muerte muerte para siempre.’ Para el cristiano, la muerte es tan sólo un sueño, un momento de silencio y tinieblas. La vida está oculta con Cristo en Dios y ’cuando Cristo, vuestra vida, se manifestare, entonces vosotros también seréis manifwstados con él en gloria’.” El Deseado de Todas las Gentes, 731.

 

5. Referencias

Ya que el ser humano posee una naturaleza mortal ha consecuencia de la caída en el pecado, es esperanzador saber que Dios promete, de nuevo, una vida sin muerte ni pecado, pues a través de él se nos hace alcanzable esta posibilidad:

 

• Inmortalidad

 “Quien sólo tiene inmortalidad, …” 1 Timoteo 6:16. Sólo Dios es inmortal, por lo tanto sólo a través de El se puede obtener.

 

• Vida eterna

 “Y este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo” 1 Juan 5:11.

 

• Participantes de la vida en Cristo

 “El que tiene al Hijo, tiene la vida …” 1 Juan 5:12.

 

• Vida abundante

 “…yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” Juan 10:10.

 

• Búsqueda de la vida eterna

 “A los que perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, la vida eterna” Romanos 2:7.

 

• Transformación: Mortalidad - Inmortalidad

 “En un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta ; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados: Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorruptible, y esto mortal sea vestido de inmortalidad.” 1 Cor. 15:52, 53.

 

“Para el creyente, Cristo es la resurrección y la vida. En nuestro Salvador, la vida que se había perdido por el pecado es resaturada; porque él tiene vida en sí mismo para vivificar a quienes él quiera. Está investido con el derecho de dar la inmortalidad. La vida que él depuso e la humanidad, la vuelve a tomar y la da a la humanidad.” El Deseado de Todas las Gentes, 730, 731.

 

6. Comentarios

“En el error fundamental de la inmortalidad natural, descansa la doctrina del estado consciente de los muertos, doctrina que, como la de los tormentos eternos, está en pugna con las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, con los dictados de la razón y con nuestros sentimientos de humanidad. Según la creencia popular, los redimidos en el cielo están al cabo de todo lo que pasa en la tierra, y especialmente de lo que les pasa a los amigos que dejaron atrás. ¿Pero cómo podría ser fuente de dicha para los muertos el tener conocimiento de las aflicciones y congojas de los vivos, el ver los pecados cometidos por aquellos a quienes aman y verlos sufrir todas las penas, desilusiones y angustias de la vida? ¿Cuánto podrían gozar de la bienaventuranza del cielo los que revolotean alrededor de sus amigos en la tierra? ¡Y cuán repulsiva es la creencia de que, apenas exhalado el último suspiro, el alma del impenitente es arrojada a las llamas del infierno! ¡En qué abismos de dolor no deben sumirse los que ven a sus amigos bajar a la tumba sin preparación para entrar en una eternidad de pecado y de dolor! Muchos han sido arrastrados a la locura por este horrible pensamiento que los atormentara. ¿Qué dicen las Sagradas Escrituras a este respecto? David declara que el hombre no es consciente en la muerte: “Saldrá su espíritu, tornaráse en su tierra: en aquel día perecerán sus pensamientos.” (Salmo 146: 4.) Salomón da el mismo testimonio: “Porque los que viven saben que han de morir: mas los muertos nada saben.” “También su amor, y su odio y su envidia, feneció ya: ni tiene ya más parte en el siglo, en todo lo que se hace debajo del sol.” “Adonde tú vas no hay obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría.” (Eclesiastés 9: 5, 6, 10.)

Cuando, en respuesta a sus oraciones, la vida de Ezequías fue prolongada por quince años, el rey agradecido, tributó a Dios loores por su gran misericordia. En su canto de alabanza, dice por qué se alegraba: “No te ha de alabar el sepulcro; la muerte no te celebrará; ni esperarán en tu verdad los que bajan al hoyo. El viviente, el viviente sí, él te alabará, como yo, el día de hoy.” (Isaías 38: 18, 19, V.M.) La teología de moda presenta a los justos que fallecen como si estuvieran en el cielo gozando de la bienaventuranza y loando a Dios con lenguas inmortales, pero Ezequías no veía tan gloriosa perspectiva en la muerte. Sus palabras concuerdan con el testimonio del salmista: “Porque en la muerte no hay memoria de ti: ¿Quién te loará en el sepulcro?” (Salmo 6: 5.) “No son los muertos los que alaban a Jehová, ni todos los que bajan al silencio.” (Salmos 115: 17, V.M. )

En el día de Pentecostés, San Pedro declaró que el patriarca David “murió, y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.” “Porque David no subió a los cielos.” (Hechos 2: 29, 34).

El hecho de que David permanecerá en el sepulcro hasta el día de la resurrección, prueba que los justos no van al cielo cuando mueren. Es sólo mediante la resurrección, y en virtud y como consecuencia de la resurrección de Cristo por lo cual David podrá finalmente sentarse a la diestra de Dios.

Y San Pablo dice: “Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aun estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo son perdidos.” (1 Corintios 15: 16-18.) Si desde hace cuatro mil años los justos al morir hubiesen ido directamente al cielo, ¿cómo habría podido decir San Pablo que si no hay resurrección, “también los que durmieron en Cristo, son perdidos”? No habría necesidad de resurrección.

El mártir Tyndale, refiriéndose al estado de los muertos, declaró: “Confieso francamente que no estoy convencido de que ellos gocen ya de la plenitud de gloria en que se encuentran Dios y los ángeles elegidos. Ni es tampoco artículo de mi fe; pues si así fuera, entonces no puedo menos que ver que sería vana la predicación de la resurrección de la carne.” -Guillermo Tyndale, en el prólogo de su traducción del Nuevo Testamento, reimpreso en British Reformers-Tindal, Frith, Barnes, pág. 349.

Es un hecho incontestable que la esperanza de pasar al morir a la felicidad eterna ha llevado a un descuido general de la doctrina bíblica de la resurrección. Esta tendencia ha sido notada por el Dr. Adán Clarke, quien escribió: “¡La doctrina de la resurrección parece haber sido mirada por los cristianos como si tuviera una importancia mucho mayor que la que se le concede hoy! ¿Cómo es eso? Los apóstoles insistían siempre en ella y por medio de ella incitaban a los discípulos de Cristo a que fuesen diligentes, obedientes y de buen ánimo. Pero sus sucesores actuales casi nunca la mencionan. Tal la predicación de los apóstoles, y tal la fe de los primitivos cristianos; tal nuestra predicación y tal la fe de los que nos escuchan. No hay doctrina en la que el Evangelio insista más; y no hay doctrina que la predicación de nuestros días trate con mayor descuido.” -Commentary on the New Testament, tomo II, comentario general de 1 Corintios 15, pág. 3.

Y así siguieron las cosas hasta resultar en que la gloriosa verdad de la resurrección quedó casi completamente obscurecida y perdida de vista por el mundo cristiano. Es así que un escritor religioso autorizado, comentando las palabras de San Pablo en 1 Tesalonicenses 4:13-18, dice: “Para todos los fines prácticos de consuelo, la doctrina de la inmortalidad bienaventurada de los justos reemplaza para nosotros cualquier doctrina dudosa de la segunda venida del Señor. Cuando morimos es cuando el Señor viene a buscarnos. Eso es lo que tenemos que esperar y para lo que debemos estar precavidos. Los muertos ya han entrado en la gloria. Ellos no esperan el sonido de la trompeta para comparecer en juicio y entrar en la bienaventuranza.”

Pero cuando Jesús estaba a punto de dejar a sus discípulos, no les dijo que irían pronto a reunírsele. “Voy a prepararos el lugar -les dijo.- Y si yo fuere y os preparare el lugar, vendré otra vez, y os recibiré conmigo.” (S. Juan 14: 2, 3, V.M.) Y San Pablo nos dice además que “el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero: luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” Y agrega: “Por tanto, consolaos los unos a los otros en estas palabras. (Tesalonicenses 4:16-18.) ¡Cuán grande es el contraste entre estas palabras de consuelo y las del ministro universalista citadas anteriormente! Este último consolaba a los amigos en duelo con la seguridad de que por pecaminoso que hubiese sido el fallecido, apenas hubo exhalado su último suspiro, debió ser recibido entre los ángeles. San Pablo recuerda a sus hermanos la futura venida del Señor, cuando las losas de las tumbas serán rotas y “los muertos en Cristo” resucitarán para la vida eterna.” El Conflicto de los Siglos, 601 - 605.

 

7. Conclusión

“Antes de entrar en la mansión de los bienaventurados, todos deben ser examinados respecto a su vida; su carácter y sus actos deben ser revisados por Dios. Todos deben ser juzgados con arreglo a lo escrito en los libros y recompensados según hayan sido sus obras. Este juicio no se verifica en el momento de la muerte. Notad las palabras de San Pablo: “Por cuanto ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón al cual determinó; dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” (Hechos 17: 31.) El apóstol enseña aquí lisa y llanamente que cierto momento, entonces por venir, había sido fijado para el juicio del mundo.

San Judas se refiere a aquel mismo momento cuando dice: “A los ángeles que no guardaron su original estado, sino que dejaron su propia habitación, los ha guardado en prisiones eternas, bajo tinieblas, hasta el juicio del gran día.” Y luego cita las palabras de Enoc: “¡He aquí que viene el Señor, con las huestes innumerables de sus santos ángeles, para ejecutar juicio sobre todos!” (S. Judas 6, 14, 15, V.M.) San Juan declara que vio “a los muertos, pequeños y grandes, estar en pie delante del trono; y abriéronse los libros; . . . y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los libros.” (Apocalipsis 20: 12, V.M.)

Pero si los muertos están ya gozando de la bienaventuranza del cielo o están retorciéndose en las llamas del infierno, ¿qué necesidad hay de un juicio venidero? Las enseñanzas de la Palabra de Dios respecto a estos importantes puntos no son obscuras ni contradictorias; una inteligencia mediana puede entenderlas. ¿Pero qué espíritu imparcial puede encontrar sabiduría o justicia en la teoría corriente? ¿Recibirán acaso los justos después del examen de sus vidas en el día del juicio, esta alabanza: “¡muy bien, siervo bueno y fiel, . . . entra en el gozo de tu Señor!” cuando ya habrán estado habitando con él tal vez durante siglos? ¿Se sacará a los malos del lugar de tormento para hacerles oír la siguiente sentencia del juez de toda la tierra: “¡Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno!”? (S. Mateo 25: 21, 41, V.M.) ¡Burla solemne! ¡Vergonzosa ofensa Inferida a la sabiduría y justicia de Dios!

La teoría de la inmortalidad del alma fue una de aquellas falsas doctrinas que Roma recibió del paganismo para incorporarla en el cristianismo. Martín Lutero la clasificó entre “las fábulas monstruosas que forman parte del estercolero romano” de las decretales. (E. Petavel, Le Probleme de l’Immortalité, tomo 2, pág. 77.) Comentando las palabras de Salomón, en el Eclesiastés, de que los muertos no saben nada, el reformador dice: “Otra prueba de que los muertos son ... insensibles.... Salomón piensa que los muertos están dormidos y no sienten absolutamente nada. Pues los muertos descansan, sin contar ni los días ni los años; pero cuando se despierten les parecerá como si apenas hubiesen dormido un momento.” -Lutero, Exposition of Solomon’s Book Called Ecclesiastes, pág. 152.

En ningún pasaje de las Santas Escrituras se encuentra declaración alguna de que los justos reciban su recompensa y los malos su castigo en el momento de la muerte. Los patriarcas y los profetas no dieron tal seguridad. Cristo y sus apóstoles no la mencionaron siquiera. La Biblia enseña a las claras que los muertos no van inmediatamente al cielo. Se les representa como si estuvieran durmiendo hasta el día de la resurrección. (1 Tesalonicenses 4:14; Job 14:10-12.) El día mismo en que se corta el cordón de plata y se quiebra el tazón de oro (Eclesiastés 12:6), perecen los pensamientos de los hombres. Los que bajan a la tumba permanecen en el silencio. Nada saben de lo que se hace bajo el sol. (Job 14:21.) ¡Descanso bendito para los exhaustos justos! Largo o corto, el tiempo no les parecerá más que un momento. Duermen hasta que la trompeta de Dios los despierte para entrar en una gloriosa inmortalidad. “Porque sonará la trompeta, y los muertos resucitarán incorruptibles.... Porque es necesario que este cuerpo corruptible se revista de incorrupción, y que este cuerpo mortal se revista de inmortalidad. Y cuando este cuerpo corruptible se haya revestido de incorrupción, y este cuerpo mortal se haya revestido de inmortalidad, entonces será verificado el dicho que está escrito: ¡Tragada ha sido la muerte victoriosamente!” (1 Corintios 15: 52-54, V.M.) En el momento en que sean despertados de su profundo sueño, reanudarán el curso de sus pensamientos interrumpidos por la muerte. La última sensación fue la angustia de la muerte. El último pensamiento era el de que caían bajo el poder del sepulcro. Cuando se levanten de la tumba, su primer alegre pensamiento se expresará en el hermoso grito de triunfo: “¿Dónde está, oh Muerte, tu aguijón? ¿dónde está, oh Sepulcro, tu victoria?” (Vers. 55.)” El Conflicto de los Siglos, 605 - 607

 

© Copyright 2017, SMI - Conferencia General