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La Resurrección

 

 

1. Principio

Creemos que en la segunda venida de Cristo los muertos justos resucitarán en un estado inmortal, y juntamente con los santos vivos serán arrebatados al encuentro del Señor Jesús. 1 Tesalonicenses 4:13-18; Romanos 6:5; 1 Corintios 15:51-53; Apocalipsis 20:6.

Los impíos resucitarán mil años después para recibir su sentencia final. Apocalipsis 20:5 primera parte.

 

2. Introducción

“No alabarán los muertos a Jah, ni cuantos descienden al silencio” Salmo 115: 17. Cuando la persona muere, de acuerdo a las Sagradas Escrituras, se encuentra en silencio, ya que Jesús mismo definió la muerte como el acto de dormir en Juan 11:11 – 14 “Dicho esto, díceles después: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy a despertarle del sueño. Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, salvo estará. Mas esto decía Jesús de la muerte de él: y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. Entonces, pues, Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto”. En ocasión de la muerte de Lázaro el Señor Jesús lo llamó de nuevo a la vida, ya que le resucitó, lo cual El denominó: ’despertarle del sueño.’

En Job 17:13 se declara el lugar donde duermen los muertos: “…el sepulcro es mi casa”. En el original hebreo ’sepulcro’ en este versículo es ’Sheol’ que significa, entre otras cosas, un lugar subterráneo, oscuro, desolado, usado para referirse unicamente a la morada de los muertos, sin distinguir entre éstos, sean buenos o malos.

“Muchos esperaban oír de Lázaro una descripción maravillosa de las escenas de ultratumba. Se sorprendían de que no les dijera nada. Nada tenía él de esta naturaleza que decir. La Inspiración declara: ’Los muertos nada saben. … Su amor, y su odio y su envidia, feneció ya’. Pero Lázaro tenía un admirable testimonio que dar respecto a la obra de Cristo. Había sido resucitado con este propósito.

Con certeza y poder, declaraba que Jesús era el Hijo de Dios.” El Deseado de Todas las Gentes, 511.

 

3. Definición

“Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.” Juan 11:25, 26. En esta declaración el Señor Jesús expresa claramente principios importantes en relación a la resurrección de aquellos que le aceptan:

1. Cristo es el Dador de la vida y sólo El la puede darla de nuevo o resucitar.

2. Sólo los que fijan su fe en Cristo durante el período de su peregrinación terrenal, pueden esperar recibir la vida eterna en aquel día glorioso de la segunda venida.

3. Aquellos que han muerto en la bendita esperanza de la segunda venida de Cristo peden estar seguros que volverán a vivir, al ser llamados de nuevo a la vida.

En el Antiguo Testamento se explica claramente el proceso y acto de la resurrección: “…Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi espíritu en vosotros, y viviréis … y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová” Ezequiel 37:12, 14. Así pues, la resurrección es la vuelta a la vida.

La comprensión correcta de la resurrección es muy importante, ya que es una parte del plan de salvación, tal como señala la cita de 1 Corintios 15:13, 14 “Porque si no hay resurrección de muertos, Cristo tampoco resucitó; y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también nuestra fe” Cuando Jesús murió se canceló la dueda con el pecado y cuando Cristo resucitó se venció la muerte como una consecuencia del pecado, ya que “…si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aun estáis en vuestros pecados” 1 Corintios 15:17.

“Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adan todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados” 1 Corintios 15: 21, 22. El pecado y la muerte se personalizan en Adan por el hecho de haber sido el primer hombre que pecó y murió, pero Cristo que siendo Dios se revistió de humanidad para conducir una vida sin pecado, morir por los pecados de todo ser humano y resucitar para confirmar la esperanza de la vida eterna para todos aquellos que creen en El.

“La pregunta, ’Si el hombre muriere, volverá a vivir?’ (Job 14:14), ha sido contestada. Al llevar la penalidad del pecado y al bajar a la tumba, Cristo la iluminó para todos los que mueren en la fe. Dios, en forma humana, sacó a luz la vida y la inmortalidad por el Evangelio.” 2 Joyas de los Testimonios, 487.

 

4. Características

A continuación se exponen la tipología de resurrecciones que presenta la Biblia:

 

• “Y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron mal, a condenación” Juan 5:29.

 Así pues, se presentan dos resurrecciones generales: una de justos y otra de malos:

 

a) Resurrección de vida = ’los que hicieron bien’

 “Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitan…”

 La resurrección general de los justos se lleva a cabo:

 

CUÁNDO: En ocasión de la segunda venida de Cristo = ’… el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo…’

 

CÓMO: Jesús llamará a los hijos = ’… el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, … y los muertos en Cristo resucitán…”

 

POR QUÉ: Aceptan a Cristo como Salvador personal y son obedientes a su Palabra = “…El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación…” Juan 5:24.

 

b) Resurrección de condenación = ’los que hicieron mal’

 La resurrección general de los malvados se lleva a cabo:

 

CUÁNDO: Después de haber pasado mil años trás la segunda venida de Cristo = “mas los otros muertos no tornaron a vivir hasta que sean cumplido mil años…” Apocalipsis 20:5.

 

CÓMO: Por orden divina se les concedió la vida, de acuerdo al tiempo establecido = “Y cuando los mil años fueren cumplidos .. el número de los cuales es como la arena de la mar” Apocalipsis 20:7, 8.

 

POR QUÉ: No aceptan a Cristo como Salvador personal y son desobedientes a su Palabra = “Y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue lanzado en el lago de fuego” Apocalipsis 20:15.

Las Sagradas Escrituras presentan otra tercera resurrección parcial de justos y malvados:

 

• “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vengüenza y confusión perpetua” Daniel 12:2.

 

c) Resurrección de justos = ’ unos para vida eterna’

 La resurrección parcial de los justos se lleva a cabo:

 

CUÁNDO: Poco antes de la segunda venida de Cristo = “Y en aquel tiempo … tiempo de angustia …en aquel tiempo será libertado tu pueblo…” Daniel 12:1

 

CÓMO: Por orden divina = “…serán despertados...” Daniel 12:2

 

POR QUÉ: Reciban a Cristo en vida = “… juntarán sus escogidos de los cuatros vientos..” Mateo 24:31.

 

d) Resurrección de malvados = “para vengüenza y confusión perpetua” Daniel 12:2.

 La resurrección parcial de los malvados se lleva a cabo:

 

CUÁNDO: Poco antes de la segunda venida de Cristo = “Y en aquel tiempo … tiempo de angustia …en aquel tiempo será libertado tu pueblo…” Daniel 12:1

 

CÓMO: Por orden divina = “…serán despertados...” Daniel 12:2

 

POR QUÉ: Vean venir a Cristo como Rey = “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron …” Apocalipsis 1:7.

 

“Cristo se hizo carne con nosotros, a fin de que pudiésemos ser espíritu con él. En virtud de esta unión hemos de salir de la tumba, no simplemente como manifestación del poder de Cristo, sino porque por la fe, su vida ha llegado a ser nuestra.” El Deseado de Todas las Gentes, 729.

 

5. Referencias

En la Palabra de Dios se encuentran casos de personas que fueron resucitadas y volvieron a morir, otras que no murieron y todavía otras que resucitaron y no murieron después. A continuación se citan los siguientes personajes:

 

1. ENOC

“Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios” Génesis 5:24.

Enoc no murió, sino que fue llevado al cielo en vida.

 

2. MOISÉS

“Y era Moisés de edad de ciento y veinte años cuando murió …” Deuteronomio 32:7.

“pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando sobre el cuerpo de Moisés…” Judas 9.

“Y se transfiguró delante de ellos … y he aquí les aparecieron Moisés…” Mateo 17:3.Moisés murió, resucitó y fue llevado al cielo.

 

3. ELÍAS

“… Elías subió al cielo en un torbellino” 2 Reyes 2:11.

Elías no murió sino que fue llevado en vida al cielo.

 

4. MULTITUD

“Y abriéronse los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y salidos de los sepulcros, después de su resurrección, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos” Mateo 27:52, 53.

Esta resurrección de ’muchos’ es la única, multitudinaria, que se encuentra en las Sagradas Escrituras antes del fin.

 

5. LÁZARO

“Y Jesús, seis días antes de la Pascua, vino a Bethania, donde estaba Lázaro, que había sido muerto, al cual había resucitado de los muertos” Juan 12:1.

Lázaro murió, fue resucitado por Jesús y volvió a morir como cualquier ser humano.

 

6. ANÓNIMO

“Y acontenció que al sepultar unos un hombre, súbitamente vieron una partida, y arrojaron al hombre en el sepulcro de Eliseo: y cuando llegó a tocar el muerto los huesos de Eliseo, revivió, y levantóse sobre sus pies” 2 Reyes 13:21.

Este hombre no fue llamado de nuevo a la vida, sino que por contacto revivió, para morir después como un ser humano más.

 

7. JESÚS

“…Jesús Nazareno, varón aprobado de Dios entre vosotros en maravillas y prodigios y señales, que Dios hizo por él en medio de vosotros, como también vosotros sábeis; A éste, entregado por determinado consejo y providencia de Dios, prendisteis y matasteis por menos de los inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible ser detenido por ella” Hechos 2:22, 23.

“Y el que vivo, y he sido muerto; y he aquí que vivo por siglos de siglos, Amén. Y tengo las llaves … de la muerte.” Apocalipsis 1:18.

 

“Cristo va a venir en la nubes y con grande gloria. Le acompañará una multitud de ángeles resplandecientes. Vendrá para resucitar a los muertos y para transformar a los santos vivos de gloria en gloria. Vendrá para honrar a los que le amaron y guardaron sus mandamientos, y para llevarlos consigo. No los ha olvidado ni tampoco ha olvidado su promesa.” El Deseado de Todas las Gentes, 586.

 

6. Comentarios

“Desde el cielo se oye la voz de Dios que proclama el día y la hora de la venida de Jesús, y promulga a su pueblo el pacto eterno. Sus palabras resuenan por la tierra como el estruendo de los más estrepitosos truenos. El Israel de Dios escucha con los ojos elevados al cielo. Sus semblantes se iluminan con la gloria divina y brillan cual brillara el rostro de Moisés cuando bajó del Sinaí. Los malos no los pueden mirar. Y cuando la bendición es pronunciada sobre los que honraron a Dios santificando su sábado, se oye un inmenso grito de victoria.

Pronto aparece en el este una pequeña nube negra, de un tamaño como la mitad de la palma de la mano. Es la nube que envuelve al Salvador y que a la distancia parece rodeada de oscuridad. El pueblo de Dios sabe que es la señal del Hijo del hombre. En silencio solemne la contemplan mientras va acercándose a la tierra, volviéndose más luminosa y más gloriosa hasta convertirse en una gran nube blanca, cuya base es como fuego consumidor, y sobre ella el arco iris del pacto. Jesús marcha al frente como un gran conquistador. Ya no es “varón de dolores,” que haya de beber el amargo cáliz de la ignominia y de la maldición; victorioso en el cielo y en la tierra, viene a 699 juzgar a vivos y muertos. “Fiel y veraz,” “en justicia juzga y hace guerra.” “Y los ejércitos que están en el cielo le seguían.” (Apocalipsis 19: 11, 14, V.M.) Con cantos celestiales los santos ángeles, en inmensa e Innumerable muchedumbre, le acompañan en el descenso. El firmamento parece lleno de formas radiantes,- “millones de millones, y millares de millares.” Ninguna pluma humana puede describir la escena, ni mente mortal alguna es capaz de concebir su esplendor. “Su gloria cubre los cielos, y la tierra se llena de su alabanza. También su resplandor es como el fuego.” (Habacuc 3: 3, 4, V.M.) A medida que va acercándose la nube viviente, todos los ojos ven al Príncipe de la vida. Ninguna corona de espinas hiere ya sus sagradas sienes, ceñidas ahora por gloriosa diadema. Su rostro brilla más que la luz deslumbradora del sol de mediodía. “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores.” (Apocalipsis 19: 16.)

Ante su presencia, “hanse tornado pálidos todos los rostros;” el terror de la desesperación eterna se apodera de los que han rechazado la misericordia de Dios. “Se deslíe el corazón, y se baten las rodillas, . . . y palidece el rostro de todos.” (Jeremías 30: 6; Nahum 2: 10, V.M.)

Los justos gritan temblando: “¿Quién podrá estar firme?” Termina el canto de los ángeles, y sigue un momento de silencio aterrador. Entonces se oye la voz de Jesús, que dice: “¡Bástaos mi gracia!” Los rostros de los justos se iluminan y el corazón de todos se llena de gozo. Y los ángeles entonan una melodía más elevada, y vuelven a cantar al acercarse aún más a la tierra.

El Rey de reyes desciende en la nube, envuelto en llamas de fuego. El cielo se recoge como un libro que se enrolla, la tierra tiembla ante su presencia, y todo monte y toda isla se mueven de sus lugares. “Vendrá nuestro Dios, y no callará: fuego consumirá delante de el, y en derredor suyo habrá tempestad grande. Convocará a los cielos de arriba, y a la tierra, para juzgar a su pueblo.” (Salmo 50: 3, 4.)

Y los reyes de la tierra y los príncipes, y los ricos, y los capitanes, y los fuertes, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero: porque el gran día de su ira es venido; ¿y quién podrá estar firme?” (Apocalipsis 6: 15-17.)

Cesaron las burlas. Callan los labios mentirosos. El choque de las armas y el tumulto de la batalla, “con revolcamiento de vestidura en sangre” (Isaías 9: 5), han concluido. Sólo se oyen ahora voces de oración, llanto y lamentación. De las bocas que se mofaban poco antes, estalla el grito: “El gran día de su ira es venido; ¿y quién podrá estar firme?” Los impíos piden ser sepultados bajo las rocas de las montañas, antes que ver la cara de Aquel a quien han despreciado y rechazado. Conocen esa voz que penetra hasta el oído de los muertos. ¡Cuántas veces sus tiernas y quejumbrosas modulaciones no los han llamado al arrepentimiento! ¡Cuántas veces no ha sido oída en las conmovedoras exhortaciones de un amigo, de un hermano, de un Redentor!

Para los que rechazaron su gracia, ninguna otra podría estar tan llena de condenación ni tan cargada de acusaciones, como esta voz que tan a menudo exhortó con estas palabras: “Volveos, volveos de vuestros caminos malos, pues ¿por qué moriréis?” (Ezequiel 33: 11, V.M.) ¡Oh, si sólo fuera para ellos la voz de un extraño! Jesús dice: “Por cuanto llamé, y no quisisteis; extendí mi mano, y no hubo quien escuchase; antes desechasteis todo consejo mío, y mi reprensión no quisisteis.” (Proverbios 1: 24, 25.) Esa voz despierta recuerdos que ellos quisieran borrar, de avisos despreciados, invitaciones rechazadas, privilegios desdeñados.

Allí están los que se mofaron de Cristo en su humillación. Con fuerza penetrante acuden a su mente las palabras del Varón de dolores, cuando, conjurado por el sumo sacerdote, declaró solemnemente: “Desde ahora habéis de ver al Hijo del hombre sentado a la diestra de la potencia de Dios, y que viene en las nubes del cielo.” (S. Mateo 26: 64.) Ahora le ven en su gloria, y deben verlo aún sentado a la diestra del poder divino. Los que pusieron en ridículo su aserto de ser el Hijo de Dios enmudecen ahora.

Allí está el altivo Herodes que se burló de su título real y mandó a los soldados escarnecedores que le coronaran. Allí están los hombres mismos que con manos impías pusieron sobre su cuerpo el manto de grana, sobre sus sagradas sienes la corona de espinas y en su dócil mano un cetro burlesco, y se inclinaron ante él con burlas de blasfemia. Los hombres que golpearon y escupieron al Príncipe de la vida, tratan de evitar ahora su mirada penetrante y de huir de la gloria abrumadora de su presencia. Los que atravesaron con clavos sus manos y sus pies, los soldados que le abrieron el costado, consideran esas señales con terror y remordimiento. Los sacerdotes y los escribas recuerdan los acontecimientos del Calvario con claridad aterradora. Llenos de horror recuerdan cómo, moviendo sus cabezas con arrebato satánico, exclamaron: “A otros salvó, a sí mismo no puede salvar: si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere.” (S. Mateo 27: 42, 43.)

Recuerdan a lo vivo la parábola de los labradores que se negaron a entregar a su señor los frutos de la viña, que maltrataron a sus siervos y mataron a su hijo. También recuerdan la sentencia que ellos mismos pronunciaron: “A los malos destruirá miserablemente” el señor de la viña. Los sacerdotes y escribas ven en el pecado y en el castigo de aquellos malos labradores su propia conducta y su propia y merecida suerte. Y entonces se levanta un grito de agonía mortal.  Más fuerte que los gritos de “¡Sea crucificado! ¡Sea crucificado!” que resonaron por las calles de Jerusalén, estalla el clamor terrible y desesperado: “¡Es el Hijo de Dios! ¡Es el verdadero Mesías!” Tratan de huir de la presencia del Rey de reyes. En vano tratan de esconderse en las hondas cuevas de la tierra desgarrada por la conmoción de los elementos.

En la vida de todos los que rechazan la verdad, hay momentos en que la conciencia se despierta, en que la memoria evoca el recuerdo aterrador de una vida de hipocresía, y el alma se siente atormentada de vanos pesares.

Mas ¿qué es eso comparado con el remordimiento que se experimentará aquel día “cuando viniere cual huracán vuestro espanto, y vuestra calamidad, como torbellino” ? (Proverbios 1: 27, V.M.)  Los que habrían querido matar a Cristo y a su pueblo fiel son ahora testigos de la gloria que descansa sobre ellos. En medio de su terror oyen las voces de los santos que exclaman en unánime júbilo: “¡He aquí éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará!” ( Isaías 25: 9.)

Entre las oscilaciones de la tierra, las llamaradas de los relámpagos y el fragor de los truenos, el Hijo de Dios llama a la vida a los santos dormidos.

Dirige una mirada a las tumbas de los justos, y levantando luego las manos al cielo, exclama: “¡Despertaos, despertaos, despertaos, los que dormís en el polvo, y levantaos!” Por toda la superficie de la tierra, los muertos oirán esa voz; y los que la oigan vivirán. Y toda la tierra repercutirá bajo las pisadas de la multitud extraordinaria de todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos.

De la prisión de la muerte sale revestida de gloria inmortal gritando “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15: 55.) Y los justos vivos unen sus voces a las de los santos resucitados en prolongada y alegre aclamación de victoria.” El Conflicto de los Siglos, 700 – 704.

 

7. Conclusión

“Ciertamente el justo será recompensado en la tierra; ¡Cuánto más el impío y el pecador! (Prov. 11: 31).

Los impíos reciben su recompensa en la tierra. (Prov. 11: 31.) “Serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejército” (Mal. 4: 1). Algunos son destruidos como en un momento, mientras otros sufren muchos días. Todos son castigados “conforme a sus hechos”.

Habiendo sido cargados sobre Satanás los pecados de los justos, tiene éste que sufrir no sólo por su propia rebelión, sino también por todos los pecados que hizo cometer al pueblo de Dios.

Su castigo debe ser mucho mayor que el de aquellos a quienes engañó. Después de haber perecido todos los que cayeron por sus seducciones, el diablo tiene que seguir viviendo y sufriendo. En las llamas purificadoras quedan por fin destruidos los impíos, raíz y rama: Satanás la raíz sus secuaces las ramas. Satanás y todos los que se han unido con él en la rebelión serán cortados. . . Entonces “no existirá el malo: observarás su lugar, y no estará allí”; “serán como si no hubieran sido” (Sal. 37:10; Abd. 16).

La justicia de Dios ha sido satisfecha y los santos y toda la hueste angélica dicen en alta voz: Amén.

Mientras el fuego de la venganza de Dios envuelve la tierra, los justos moran seguros en la santa ciudad. La segunda muerte no tiene poder sobre los que han participado de la primera resurrección. (Apoc. 20: 6.) En tanto que para los impíos Dios es fuego consumidor, para su pueblo es un sol y un escudo. (Sal. 84: 11.)

El fuego que consume a los impíos purifica la tierra. Desaparece todo rastro de la maldición. Ningún infierno que arda eternamente recordará a los redimidos las terribles consecuencias del pecado. Sólo queda un recuerdo: Nuestro Redentor llevará siempre las señales de su crucifixión. . . Todo lo que se había perdido por el pecado, ha sido restaurado. . . El propósito primitivo que Dios tenía al crear la tierra se cumple al convertirse ésta en la morada eterna de los redimidos.” Maranata, 347.

 

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