- 36 -

Los Mil Años

 

 

1. Principio

Creemos que los mil años forman el período de tiempo entre la primera y la segunda resurrección.

“A la venida de Cristo los impíos serán borrados de la superficie de la tierra, consumidos por el espíritu de su boca y destruidos por el resplandor de su gloria.” El Conflicto de los Siglos, 715. 2 Tesalonicenses 1:6-8; 2:8; Isaías 24:12, 22.

En este tiempo no existirá vida humana sobre nuestra tierra. Debido a poderosas catástrofes naturales la tierra se encuentra en una condición de absoluta devastación. Jeremías 4:23, 24; 25:32, 33.

Durante los mil años los santos vivirán y gobernarán con Cristo en el cielo y llevarán a cabo el juicio sobre los ángeles caídos y los impíos. La tierra se encontrará en una condición desolada. Sólo Satanás y sus ángeles vivirán allí. (El Conflicto de los Siglos, 717; Apocalipsis 20:1-3).

Al final de los mil años vendrá Jesús con todos los santos a esta tierra. Entonces los impíos serán resucitados de la muerte.

Luego la santa ciudad, descenderá, y Satanás y sus ángeles, con los impíos resucitados, la rodearán.

Dios dejará caer fuego del cielo y los pecadores y el pecado serán destruidos eternamente, con lo cual la tierra será purificada. Apocalipsis 20:4,5 primera parte, 7-10; Malaquías 4:1, 3.

 

2. Introducción

“O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo … O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?…” 1 Corintios 6:2, 3. Es interesante comprobar que del mismo modo que ocurren dos resurrecciones generales de justos y malvados en dos momentos diferentes, el juicio de estos dos grupos de personas también se realizan en tiempos diferentes:

 

• Primer juicio: Juicio del pueblo de Dios se produce antes de la segunda venida de Cristo

 “Porque es tiempo de que el juicio comience de la casa de Dios … primera comienza por nosotros …” 1 Pedro 4:17

 

• Primera resurrección general se produce en ocasión de la segunda venida de Cristo.

 “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección …serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años” Apocalipsis 20:6.

 

• Segundo juicio: Se produce antes de la tercera venida de Cristo a la tierra en el cual participantes los justos salvos.

 “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y les fue dado juicio … y reinaron con Cristo mil años” Apocalipsis 20:4.

 

• Segunda resurrección general, después de los mil años.

 “Mas los otros muertos no tornaron a vivir hasta que sean cumplidos mil años…” Apocalipsis 20:5.

 

“Después que los santos hayan sido transformados en inmortales y arrebatados con Jesús, después que hayan recibido sus arpas, sus mantos y sus coronas, y hayan entrado en la ciudad, se sentarán en juicio con Jesús.

Serán abiertos el libro de la vida y el de la muerte. El libro de la vida lleva anotadas las buenas acciones de los santos; y el de la muerte contiene las malas acciones de los impíos.

Estos libros son comparados con el de los estatutos, la Biblia, y de acuerdo con ella son juzgados los hombres.

Los santos, al unísono con Jesús, pronuncian su juicio sobre los impíos muertos.” Primeros Escritos, 52.

 

3. Definición

Las Sagradas Escrituras presentan un período de mil años en Apocalipsis 20, el cual se encuentra estructurado del siguiente modo:

 

• Acontecimientos que indican el inicio de los 1.000 años

1. Segunda venida de Cristo

 “Porque el mismo Señor … descenderá del cielo…” 1 Tesalonicenses 4:16.

 

2. Resurrección de los justos muertos

 “… y los muertos en Cristo resucitarán primero…” 1 Tesalonicenses 4:16.

 

3. Transformación y traslado de los justos vivos

 “…y nosotros seremos transformados” 1 Corintios 15:52.

 “Luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire” 1 Tesalonicenses 4:17.

 

4. Muerte de los impíos vivos

 “…serán castigados con eterna perdición por la presencia del Señor y por la gloria de su potencia. …el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida” 2 Tesalonicenses 1:9; 2:8.

 

5. Apresamiento de Satanás

 “Y prendió al dragón, aquella serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y le ató por mil años” Apocalipsis 20:2.

 

• Acontecimientos que indican los actos a realizar durante los 1.000 años

6. Juicio de los impíos con la participación de los justos

 “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y les fue dado juicio … Y vi los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios y los libros fueron abiertos … y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras” Apocalipsis 20:4, 12.

 

• Acontecimientos que indican el fin de los 1.000 años

7. Liberación de Satanás

 “Y cuando los mil años fueren cumplidos, Satanás será suelto de su prisión” Apocalipsis 20:7.

 

8. Resurrección de los impíos

 “Mas los otros muertos no tornaron a vivir hasta que sean cumplidos los mil años…” Apocalipsis 20:5.

 

9. Descenso de la nueva Jerusalén

 “.. vi la santa ciudad, Jerusalem nueva, que descendía del cielo …” Apocalipsis 21:2.

 

10. Engaño de Satanás a los impíos resucitados

 “Y saldrá para engañar las naciones que están sobre los cuatro ángulos de la tierra … a fin de congregarlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena de la mar” Apocalipsis 20:8.

 

11. Estrategia de guerra contra Dios y sus hijos por parte de Satanás y sus seguidores

 “… congregarlos para la batalla … y subieron sobre la anchura de la tierra, y circundaron el campo de los santos, y de la ciudad amada …” Apocalipsis 20:9.

 

12. Destrucción final de Satanás y sus seguidores

 “…de Dios descendió fuego del cielo y los devoró. Y el diablo que los engañaba, fue lanzado en el lago de fuego y azufre …y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue lanzado en el lago de fuego …y no fue hallado el lugar de ellos” Apocalipsis 20:9, 10, 15, 11.

 

“El fuego que consume a los impíos purifica la tierra. Desaparece todo rastro de la maldición.” El Conflicto de los Siglos, 732.

 

4. Características

Cuando concluye el juicio de los impíos y cuando cada cual ya ha recibido su sentencia, el Señor procederá a ejecutarla, tal como se describe en Malaquías 4:1 “Porque he aquí, viene el día ardiente como un forno; y todos los soberbios, y todos los que hacen maldad, serán estopa; y aquel día que vendrá, los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, el cual no dejará ni raíz ni rama” Así pues, el fin del milenio implica:

 

1. Eliminación de la muerte

 “… y la muerte no será más…” Apocalipsis 21:4.

 

2. Desaparición del dolor

 “… no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor…” Apocalipsis 21:4.

 

3. Destrucción de Satanás y/o el pecado

 “Y el diablo… fue lanzado en el lago de fuego y azufre…” Apocalipsis 21:10.

 

4. Transformación del planeta

 “Y vi un cielo nuevo, y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra se fueron, y el mar ya no es” Apocalipsis 21:1.

 

5. Gozo de los salvos

 “Mas a vosotros los que teméis mi normbre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salud; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada” Malaquías 4:2.

 

6. Nueva Jerusalén en la tierra renovada y morada de Dios en

 la tierra con sus hijos

 “.. vi la santa ciudad, Jerusalem nueva … He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos” Apocalipsis 21:2, 3.

 

7. Eternidad con Dios

 “Y no habrá más maldición; sino que el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus ciervos le servirán. Y verán su cara; y su nombre estará en sus frentes. … y reinarán para siempre jamás” Apocalipsis

22:3-5.

 

“El gran conflicto ha terminado. Ya no hay más pecado ni pecadores. Todo el universo está purificado. La misma pulsación de armonía y de gozo late en toda la creación. De Aquel de todo lo creó manan vida, luz y conocimiento por toda la extensión del espacio infinito. Desde el átomo más imperceptible hasta el mundo más vasto, todas las cosas animadas e inanimadas, declaran en su belleza sin mácula y en júbilo perfecto, que Dios es amor.” El Conflicto de los Siglos, 737.

 

5. Referencias

La destrucción final de Satanás y del mal, así como el gozo de los redimidos, es un tema constante a lo largo de las Escrituras, ya que implica el gran conflicto entre el bien y el mal. El plan de salvación por una parte y el plan de la impiedad, por otra. A continuación se exponen ciertas promesas y profecías que exponen este mismo pensamiento, ya desde los primeros libros de la Biblia:

 

• Batalla en el cielo

 “Y fue hecha una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lidiaban contra el dragón; y lidiaba el dragón y sus ángeles, y no prevalecieron, ni en su lugar fue más hallado en el cielo. Y fue lanzado fuera aquel gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás…” Apocalipsis 12:7-9.

 

• Inicio de la historia de la humanidad

  “Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” Génesis 3:15.

 

• Estadía de Cristo en la tierra

 “…Yo veía a Satanás, como un rayo, que caía del cielo” Lucas 10:18.

 

• Persecución del pueblo de Dios

 “Entonces el dargón fue airado contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra los otros de la simiente de ella, los cuales guardan los mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo” Apocalipsis 12:17.

 

• Aprisionamiento temporal

 “Y prendió al dragón, aquella serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y le ató por mil años; y arrojólo al abismo, y le encerró y selló sobre él, porque no engañe más a las naciones, hasta que mil años sean cumplidos; y después de esto es necesario que sea desatado un poco de tiempo” Apocalipsis 20:2, 3.

 

• Destrucción final

 “Y el diablo … fue lanzado en el lago de fuego y azufre…” Apocalipsis 20:10.

 

“Todos han de oír el último mensaje de amonestación. Las profecías que se encuentran en el libro de Apocalipsis, en los capítulos 12 y 18, se están cumpliendo. En el capítulo 18 se registra el último llamado a las iglesias. Este ha de ser dado ahora.

En el capítulo 19 se describe el tiempo cuando la bestia y el falso profeta son tomados y arrojados en el lago de fuego.

El dragón, que fue el instigador de la gran rebelión contra el cielo, es atado, y lanzado en el profundo abismo durante mil años.

Luego sigue la resurrección de los impíos y la destrucción de Satanás junto con ellos, la victoria final y el reinado de Cristo en esta tierra.” Alza tus ojos, 276.

 

6. Comentarios

“El autor del Apocalipsis predice el destierro de Satanás y el estado caótico y de desolación a que será reducida la tierra; y declara que este estado de cosas subsistirá por mil años.

Después de descritas las escenas de la segunda venida del Señor y la destrucción de los impíos, la profecía prosigue: “Y vi un ángel descender del cielo, que tenía la llave del abismo, y una grande cadena en su mano. Y prendió al dragón, aquella serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y le ató por mil años; y arrojólo al abismo, y le encerró, y selló sobre él, porque no engañe más a las naciones, hasta que mil años sean cumplidos: y después de esto es necesario que sea desatado un poco de tiempo.” (Apocalipsis 20: 1-3.)

Según se desprende de otros pasajes bíblicos, es de toda evidencia que la expresión “abismo” se refiere a la tierra en estado de confusión y tinieblas. Respecto a la condición de la tierra “en el principio,” la narración bíblica dice que “estaba desordenada y vacía; y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo.” (Génesis 1: 2.) Las profecías enseñan que será reducida, en parte por lo menos, a ese estado. Contemplando a través de los siglos el gran día de Dios, el profeta Jeremías dice: “Miro hacia la tierra, y he aquí que está desolada y vacía; también hacia los cielos miro, mas no hay luz en ellos. Miro las montañas, y he aquí que están temblando, y todas las colinas se conmueven. Miro, y he aquí que no parece hombre alguno, y todas las aves del cielo se han fugado. Miro, y he aquí el campo fructífero convertido en un desierto, y todas sus ciudades derribadas.” (Jeremías 4: 23-26, V.M.)

Aquí es donde, con sus malos ángeles, Satanás hará su morada durante mil años. Limitado a la tierra, no podrá ir a otros mundos para tentar e incomodar a los que nunca cayeron. En este sentido es cómo está atado: no queda nadie en quien pueda ejercer su poder. Le es del todo imposible seguir en la obra de engaño y ruina que por tantos siglos fue su único deleite.

El profeta Isaías, mirando hacia lo por venir, ve en lontananza el tiempo en que Satanás será derrocado, y exclama: “¡Cómo caíste de los cielos, oh Lucero, hijo de la aurora! ¡has sido derribado por tierra, tú que abatiste las naciones!...

Tú eres aquel que dijiste en tu corazón: ¡Al cielo subiré; sobre las estrellas de Dios ensalzaré mi trono!” “¡Seré semejante al Altísimo! ¡Pero ciertamente al infierno serás abatido, a los lados del hoyo! Los que te vieren clavarán en ti la vista, y de ti se cerciorarán, diciendo: ¿Es éste el varón que hizo temblar la tierra, que sacudió los reinos; que convirtió el mundo en un desierto, y destruyó sus ciudades; y a sus prisioneros nunca los soltaba, para que volviesen a casa?” (Isaías 14: 12-17, V.M.)

Durante seis mil años, la obra de rebelión de Satanás “hizo temblar la tierra.” El “convirtió el mundo en un desierto, y destruyó sus ciudades; y a sus prisioneros nunca los soltaba, para que volviesen a casa.” Durante seis mil años, su prisión [la tumba] ha recibido al pueblo de Dios, y lo habría tenido cautivo para siempre, si Cristo no hubiese roto sus cadenas y libertado a los que tenía presos.

Hasta los malos se encuentran ahora fuera del poder de Satanás; y queda solo con sus perversos ángeles para darse cuenta de los efectos de la maldición originada por el pecado. “Los reyes de las naciones, sí, todos ellos yacen con gloria cada cual en su propia casa [el sepulcro]; ¡mas tú, arrojado estás fuera de tu sepulcro, como un retoño despreciado! . . . No serás unido con ellos en sepultura; porque has destruído tu tierra, has hecho perecer a tu pueblo.” (Vers. 18-20.)

Durante mil años, Satanás andará errante de un lado para otro en la tierra desolada, considerando los resultados de su rebelión contra la ley de Dios. Todo este tiempo, padece intensamente.

Desde su caída, su vida de actividad continua sofocó en él la reflexión; pero ahora, despojado de su poder, no puede menos que contemplar el papel que desempeñó desde que se rebeló por primera vez contra el gobierno del cielo, mientras que, tembloroso y aterrorizado, espera el terrible porvenir en que habrá de expiar todo el mal que ha hecho y ser castigado por los pecados que ha hecho cometer.

Para el pueblo de Dios, el cautiverio en que se verá Satanás será motivo de contento y alegría. El profeta dice: “Y acontecerá en el día que te haga descansar Jehová de tus penas y de tu aflicción, y de la dura servidumbre con que te han hecho servir, que entonarás este cántico triunfal respecto del rey de Babilonia [que aquí representa a Satanás], y dirás: ¡Cómo ha cesado de sus vejaciones el opresor! . . . Jehová ha hecho pedazos la vara de los inicuos, el cetro de los que tenían el dominio; el cual hería los pueblos en saña, con golpe incesante, y hollaba las naciones en ira, con persecución desenfrenada.” (Vers. 3-6.)

Durante los mil años que transcurrirán entre la primera resurrección y la segunda, se verificará el juicio de los impíos.

El apóstol Pablo señala este juicio como un acontecimiento que sigue al segundo advenimiento.

“No juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor; el cual sacará a luz las obras encubiertas de las tinieblas, y pondrá de manifiesto los propósitos de los corazones.”

(1 Corintios 4: 5, V.M.)

Daniel declara que cuando vino el Anciano de días, “se dio el juicio a los santos del Altísimo.” (Daniel 7: 22.) En ese entonces reinarán los justos como reyes y sacerdotes de Dios.

San Juan dice en el Apocalipsis: “Vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y les fue dado juicio.” “Serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.” (Apocalipsis 20: 4, 6.)

Entonces será cuando, como está predicho por San Pablo “los santos han de juzgar al mundo.” (1 Corintios 6: 2.)

Junto con Cristo juzgan a los impíos, comparando sus actos con el libro de la ley, la Biblia, y fallando cada caso en conformidad con los actos que cometieron por medio de su cuerpo. Entonces lo que los malos tienen que sufrir es medido según sus obras, y queda anotado frente a sus nombres en el libro de la muerte.

También Satanás y los ángeles malos son juzgados por Cristo y su pueblo. San Pablo dice: “¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?” (Vers. 3.) Y San Judas declara que “a los ángeles que no guardaron su original estado, sino que dejaron su propia habitación, los ha guardado en prisiones eternas, bajo tinieblas, hasta el juicio del gran día.” (S. Judas 6, V.M.)

Al fin de los mil años vendrá la segunda resurrección. Entonces los impíos serán resucitados, y comparecerán ante Dios para la ejecución del “juicio decretado.” Así el escritor del Apocalipsis, después de haber descrito la resurrección de los justos, dice: “Los otros muertos no tornaron a vivir hasta que sean cumplidos mil años.” (Apocalipsis 20: 5.) E Isaías declara, con respecto a los impíos: “Serán juntados como se juntan los presos en el calabozo, y estarán encerrados en la cárcel; y después de muchos días serán sacados al suplicio.” (Isaías 24: 22, V.M.).” El Conflicto de los Siglos, 717 - 720.

 

7. Conclusión

“Al fin de los mil años, Cristo regresa otra vez a la tierra. Le acompaña la hueste de los redimidos, y le sigue una comitiva de ángeles. Al descender en majestad aterradora, manda a los muertos impíos que resuciten para recibir su condenación. Se levanta su gran ejército, innumerable como la arena del mar. ¡Qué contraste entre ellos y los que resucitaron en la primera resurrección! Los justos estaban revestidos de juventud y belleza inmortales. Los impíos llevan las huellas de la enfermedad y de la muerte…

Cristo baja sobre el Monte de los Olivos, de donde ascendió después de su resurrección, y donde los ángeles repitieron la promesa de su regreso. El profeta dice: “Vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos.” “Y afirmaránse sus pies en aquel día sobre el monte de las Olivas, que está frente de Jerusalem a la parte de oriente: y el monte de las Olivas, se partirá por medio... haciendo un muy grande valle.” “Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre.” (Zacarías 14: 5, 4, 9.) La nueva Jerusalén, descendiendo del cielo en su deslumbrante esplendor, se asienta en el lugar purificado y preparado para recibirla, y Cristo, su pueblo y los ángeles, entran en la santa ciudad.

Entonces Satanás se prepara para la última tremenda lucha por la supremacía…

No obstante, fiel a su antigua astucia, no se da por Satanás. Pretende ser el príncipe que tiene derecho a la posesión de la tierra y cuya herencia le ha sido arrebatada injustamente. Se presenta ante sus súbditos engañados como redentor, asegurándoles que su poder los ha sacado de sus tumbas y que está a punto de librarlos de la más cruel tiranía. Habiendo desaparecido Cristo, Satanás obra milagros para sostener sus pretensiones. Fortalece a los débiles y a todos les infunde su propio espíritu y energía. Propone dirigirlos contra el real de los santos y tomar posesión de la ciudad de Dios. En un arrebato belicoso señala los innumerables millones que han sido resucitados de entre los muertos, y declara que como jefe de ellos es muy capaz de destruir la ciudad y recuperar su trono y su reino…

Al fin se da la orden de marcha, y las huestes innumerables se ponen en movimiento -un ejército cual no fue jamás reunido por conquistadores terrenales ni podría ser igualado por las fuerzas combinadas de todas las edades desde que empezaron las guerras en la tierra...

Por orden de Jesús, se cierran las puertas de la nueva Jerusalén, y los ejércitos de Satanás circundan la ciudad y se preparan para el asalto.

Entonces Cristo reaparece a la vista de sus enemigos. Muy por encima de la ciudad, sobre un fundamento de oro bruñido, hay un trono alto y encumbrado. En el trono está sentado el Hijo de Dios, y en torno suyo están los súbditos de su reino. Ningún lenguaje, ninguna pluma pueden expresar ni describir el poder y la majestad de Cristo. La gloria del Padre Eterno envuelve a su Hijo. El esplendor de su presencia llena la ciudad de Dios, rebosando más allá de las puertas e inundando toda la tierra con su brillo…

Los redimidos entonan un canto de alabanza que se extiende y repercute por las bóvedas del cielo: “¡Atribúyase la salvación a nuestro Dios, que está sentado sobre el trono, y al Cordero!” (Vers. 10.) Ángeles y serafines unen sus voces en adoración. Al ver los redimidos el poder y la malignidad de Satanás, han comprendido, como nunca antes, que ningún poder fuera del de Cristo habría podido hacerlos vencedores. Entre toda esa muchedumbre ni uno se atribuye a si mismo la salvación, como si hubiese prevalecido con su propio poder y su bondad. Nada se dice de lo que han hecho o sufrido, sino que el tema de cada canto, la nota dominante de cada antífona es: Salvación a nuestro Dios y al Cordero.

En presencia de los habitantes de la tierra y del cielo reunidos, se efectúa la coronación final del Hijo de Dios. Y entonces, revestido de suprema majestad y poder, el Rey de reyes falla el juicio de aquellos que se rebelaron contra su gobierno, y ejecuta justicia contra los que transgredieron su ley y oprimieron a su pueblo. El profeta de Dios dice: “Vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado sobre él, de cuya presencia huyó la tierra y el cielo; y no fue hallado lugar para ellos. Y ví a los muertos, pequeños y grandes, estar en pie delante del trono; y abriéronse los libros; abrióse también otro libro, que es el libro de la vida: y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los libros, según sus obras.” (Apocalipsis 20: 11, 12, V.M. )

Apenas se abren los registros, y la mirada de Jesús se dirige hacia los impíos, éstos se vuelven conscientes de todos los pecados que cometieron. Reconocen exactamente el lugar donde sus pies se apartaron del sendero de la pureza y de la santidad, y cuán lejos el orgullo y la rebelión los han llevado en el camino de la transgresión de la ley de Dios. Las tentaciones seductoras que ellos fomentaron cediendo al pecado, las bendiciones que pervirtieron, su desprecio de los mensajeros de Dios, los avisos rechazados, la oposición de corazones obstinados y sin arrepentimiento -todo eso sale a relucir como si estuviese escrito con letras de fuego.

Por encima del trono se destaca la cruz; y como en vista panorámica aparecen las escenas de la tentación, la caída de Adán y las fases sucesivas del gran plan de redención. El humilde nacimiento del Salvador; su juventud pasada en la sencillez y en la obediencia; su bautismo en el Jordán; el ayuno y la tentación en el desierto; su ministerio público, que reveló a los hombres las bendiciones más preciosas del cielo; los días repletos de obras de amor y misericordia, y las noches pasadas en oración y vigilia en la soledad de los montes; las conspiraciones de la envidia, del odio y de la malicia con que se recompensaron sus beneficios; la terrible y misteriosa agonía en Getsemaní, bajo el peso anonadador de los pecados de todo el mundo; la traición que le entregó en manos de la turba asesina; los terribles acontecimientos de esa noche de horror -el preso resignado y olvidado de sus discípulos más amados, arrastrado brutalmente por las calles de Jerusalén; el hijo de Dios presentado con visos de triunfo ante Anás, obligado a comparecer en el palacio del sumo sacerdote, en el pretorio de Pilato, ante el cobarde y cruel Herodes; ridiculizado, insultado, atormentado y condenado a muerte- todo eso está representado a lo vivo.

Luego, ante las multitudes agitadas, se reproducen las escenas finales: el paciente Varón de dolores pisando el sendero del Calvario; el Príncipe del cielo colgado de la cruz; los sacerdotes altaneros y el populacho escarnecedor ridiculizando la agonía de su muerte; la oscuridad sobrenatural; el temblor de la tierra, las rocas destrozadas y los sepulcros abiertos que señalaron el momento en que expiró el Redentor del mundo…

Todos los impíos del mundo están de pie ante el tribunal de Dios, acusados de alta traición contra el gobierno del cielo. No hay quien sostenga ni defienda la causa de ellos; no tienen disculpa; y se pronuncia contra ellos la sentencia de la muerte eterna.

Es entonces evidente para todos que el salario del pecado no es la noble independencia y la vida eterna, sino la esclavitud, la ruina y la muerte. Los impíos ven lo que perdieron con su vida de rebeldía. Despreciaron el maravilloso don de eterna gloria cuando les fue ofrecido; pero ¡cuán deseable no les parece ahora! “Todo eso -exclama el alma perdida- yo habría podido poseerlo; pero preferí rechazarlo. ¡Oh sorprendente infatuación! He cambiado la paz, la dicha y el honor por la miseria, la infamia y la desesperación. Todos ven que su exclusión del cielo es justa. Por sus vidas, declararon: “No queremos que este Jesús reine sobre nosotros.”

Como fuera de sí, los impíos han contemplado la coronación del Hijo de Dios. Ven en las manos de él las tablas de la ley divina, los estatutos que ellos despreciaron y transgredieron. Son testigos de la explosión de admiración, arrobamiento y adoración de los redimidos; y cuando las ondas de melodía inundan a las multitudes fuera de la ciudad, todos exclaman a una voz: “¡Grandes y maravillosas son tus obras, oh Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, oh Rey de los siglos!” (Apocalipsis 15: 3, V.M.) Y cayendo prosternados, adoran al Príncipe de la vida…

El archiengañador ha sido desenmascarado por completo en su último gran esfuerzo para destronar a Cristo, destruir a su pueblo y apoderarse de la ciudad de Dios. Los que se han unido a él, se dan cuenta del fracaso total de su causa. Los discípulos de Cristo y los ángeles leales contemplan en toda su extensión las maquinaciones de Satanás contra el gobierno de Dios. Ahora se vuelve objeto de execración universal.

Satanás ve que su rebelión voluntaria le incapacitó para el cielo. Ejercitó su poder guerreando contra Dios; la pureza, la paz y la armonía del cielo serían para él suprema tortura. Sus acusaciones contra la misericordia y justicia de Dios están ya acalladas. Los vituperios que procuró lanzar contra Jehová recaen enteramente sobre él. Y ahora Satanás se inclina y reconoce la justicia de su sentencia.

“¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? porque tú solo eres santo: porque todas las naciones vendrán y adorarán delante de ti; porque tus actos de justicia han sido manifestados.” (Vers. 4.) Toda cuestión de verdad y error en la controversia que tanto ha durado, ha quedado aclarada. Los resultados de la rebelión y del apartamiento de los estatutos divinos han sido puestos a la vista de todos los seres inteligentes creados. El desarrollo del gobierno de Satanás en contraste con el de Dios, ha sido presentado a todo el universo. Satanás ha sido condenado por sus propias obras. La sabiduría de Dios, su justicia y su bondad quedan por completo reivindicadas. Queda también comprobado que todos sus actos en el gran conflicto fueron ejecutados de acuerdo con el bien eterno de su pueblo y el bien de todos los mundos que creó. “Todas tus obras alabarán, oh Jehová, y tus piadosos siervos te bendecirán.” (Salmo 145: 10, V.M.) La historia del pecado atestiguará durante toda la eternidad que con la existencia de la ley de Dios se vincula la dicha de todos los seres creados por él. En vista de todos los hechos del gran conflicto, todo el universo, tanto los justos como los rebeldes, declaran al unísono: “¡Justos y verdaderos son tus caminos, oh Rey de los siglos!”

El universo entero contempló el gran sacrificio hecho por el Padre y el Hijo en beneficio del hombre. Ha llegado la hora en que Cristo ocupa el puesto a que tiene derecho, y es exaltado sobre los principados y potestades, y sobre todo nombre que se nombra. A fin de alcanzar el gozo que le fuera propuesto -el de llevar muchos hijos a la gloria- sufrió la cruz y menospreció la vergüenza. Y por inconcebiblemente grandes que fuesen el dolor y el oprobio, mayores aún son la dicha y la gloria. Echa una mirada hacia los redimidos, transformados a su propia imagen, y cuyos corazones llevan el sello perfecto de lo divino y cuyas caras reflejan la semejanza de su Rey. Contempla en ellos el resultado de las angustias de su alma, y está satisfecho. Luego, con voz que llega hasta las multitudes reunidas de los justos y de los impíos, exclama: “¡Contemplad el rescate de mi sangre! Por éstos sufrí, por éstos morí, para que pudiesen permanecer en mi presencia a través de las edades eternas.” Y de entre los revestidos con túnicas blancas en torno del trono, asciende el canto de alabanza: “¡Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder, y la riqueza, y la sabiduría, y la fortaleza, y la honra, y la gloria, y la bendición!” (Apocalipsis 5: 12, V.M.)

A pesar de que Satanás se ha visto obligado a reconocer la justicia de Dios, y a inclinarse ante la supremacía de Cristo, su carácter sigue siendo el mismo. El espíritu de rebelión, cual poderoso torrente, vuelve a estallar. Lleno de frenesí, determina no cejar en el gran conflicto. Ha llegado la hora de intentar un último y desesperado esfuerzo contra el Rey del cielo. Se lanza en medio de sus súbditos, y trata de inspirarlos con su propio furor y de moverlos a dar inmediata batalla. Pero entre todos los innumerables millones a quienes indujo engañosamente a la rebelión, no hay ahora ninguno que reconozca su supremacía. Su poder ha concluido. Los impíos están llenos del mismo odio contra Dios que el que inspira a Satanás; pero ven que su caso es desesperado, que no pueden prevalecer contra Jehová. Se enardecen contra Satanás y contra los que fueron sus agentes para engañar, y con furia demoníaca se vuelven contra ellos.

Dice el Señor: “Por cuanto has puesto tu corazón como corazón de Dios, por tanto, he aquí que voy a traer contra ti extraños, los terribles de las naciones; y ellos desenvainarán sus espadas contra tu hermosa sabiduría, y profanarán tu esplendor. Al hoyo te harán descender.” “Te destruyo, ¡oh querubín que cubres con tus alas! y te echo de en medio de las piedras de fuego.... Te echo a tierra; te pongo delante de reyes, para que te miren.... Te torno en ceniza sobre la tierra, ante los ojos de todos los que te ven.... Serás ruinas, y no existirás más para siempre.” (Ezequiel 28: 6-8, 16-19, V.M.)

“Porque toda batalla de quien pelea es con estruendo, y con revolcamiento de vestidura en sangre: mas esto será para quema, y pábulo de fuego.” “Porque Jehová está airado sobre todas las gentes, e irritado sobre todo el ejército de ellas; destruirálas y entregarálas al matadero.” “Sobre los malos lloverá lazos; fuego y azufre, con vientos de torbellinos, será la porción del cáliz de ellos.” (Isaías 9: 5; 34: 2; Salmo 11: 6.) Dios hace descender fuego del cielo. La tierra está quebrantada. Salen a relucir las armas escondidas en sus profundidades. Llamas devoradoras se escapan por todas partes de grietas amenazantes. Hasta las rocas están ardiendo. Ha llegado el día que arderá como horno. Los elementos se disuelven con calor abrasador, la tierra también y las obras que hay en ella están abrasadas. (Malaquías 4:2; 2 Pedro 3:10.) La superficie de la tierra parece una masa fundida un inmenso lago de fuego hirviente. Es la hora del juicio y perdición de los hombres impíos,- “es día de venganza de Jehová, año de retribuciones en el pleito de Sión.” (Isaías 34: 8.)

Los impíos reciben su recompensa en la tierra. (Proverbios 11: 31.) “Serán estopa; y aquel día que vendrá, los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Malaquías 4: 1.) Algunos son destruídos como en un momento, mientras otros sufren muchos días. Todos son castigados “conforme a sus hechos.” Habiendo sido cargados sobre Satanás los pecados de los justos, tiene éste que sufrir no sólo por su propia rebelión, sino también por todos los pecados que hizo cometer al pueblo de Dios. Su castigo debe ser mucho mayor que el de aquellos a quienes engañó. Después de haber perecido todos los que cayeron por sus seducciones, el diablo tiene que seguir viviendo y sufriendo. En las llamas purificadoras, quedan por fin destruídos los impíos, raíz y rama, -Satanás la raíz, sus secuaces las ramas. La penalidad completa de la ley ha sido aplicada; las exigencias de la justicia han sido satisfechas; y el cielo y la tierra al contemplarlo, proclaman la justicia de Jehová.

La obra de destrucción de Satanás ha terminado para siempre. Durante seis mil años obró a su gusto, llenando la tierra de dolor y causando penas por todo el universo. Toda la creación gimió y sufrió en angustia. Ahora las criaturas de Dios han sido libradas para siempre de su presencia y de sus tentaciones. “¡Ya descansa y está en quietud toda la tierra; prorrumpen los hombres [justos] en cánticos!” (Isaías 14: 7, V.M.).” El Conflicto de los Siglos, 721 - 733.

 

© Copyright 2017, SMI - Conferencia General