por Gabriel Porras

Cuando pensamos en Lutero, pensamos en la Reforma del siglo XVI en Alemania, sus famosas noventa y cinco tesis, su coraje para enfrentarse a los obispos de Roma y la encrucijada que resultó de su protesta. Pero la Reforma de Lutero tiene mucho más que ver con los derechos que orgullosamente defendemos y que forman parte de nuestra sociedad. Muchos ven a Lutero como un revolucionario y creen que fue demasiado lejos en su esfuerzo por poner la Biblia al alcance de las personas. De hecho, hace algunos años los luteranos y los católicos celebraron el fin del “pecado de la separación”, y el concepto que tienen es que esto nunca debería haber ocurrido. Sin embargo, este mundo y la educación de hoy deberían agradecer al
Dr. Martín Lutero y a la Reforma por el legado que nos dejaron. La Reforma de Lutero y la enseñanza de la Biblia trajo una revolución en el área de la educación, y la educación cristiana trajo prosperidad a Alemania.

En muchos lugares del mundo se disfruta hoy en día del derecho a la educación, la igualdad y el respeto. Estos son conceptos y derechos que tomamos por sentado en el tiempo en que vivimos, pero al mirar hacia unos 500 años atrás, esto no era así.

La educación en el mundo de Martín Lutero era sólo para las clases más altas de la “sociedad o para los pocos elegidos por la iglesia quienes se convertirían en clérigos.“
Las clases medias y bajas eran en su mayoría analfabetas, incapaces de leer y escribir y, por lo tanto, podían ser manipuladas por el clero y la élite. La gente no podía y no debía aprender. La aristocracia y la educación iban de la mano, y era inconcebible pensar que las masas pudieran aprender o que se les diera la oportunidad de aprender.

¿Por qué Lutero estaba tan interesado en la educación?

Lutero estaba interesado en la educación porque sus padres “velaban con gran esmero por la educación y el gobierno de sus hijos. Procuraban instruirlos en el conocimiento de Dios y en la práctica de las virtudes cristianas… Hacían esfuerzos sinceros y perseverantes para preparar a sus hijos para una vida piadosa y útil. Siendo siempre firmes y fieles en sus propósitos y obrando a impulsos de su sólido carácter, eran a veces demasiado severos; pero el reformador mismo, si bien reconoció que se habían equivocado en algunos respectos, no dejó de encontrar en su disciplina más cosas dignas de aprobación que de censura” (El Conflicto de los Siglos, págs. 129-130).

Lutero descubrió en los libros, y especialmente en la Biblia latina que encontró en la biblioteca de la universidad, algo que nunca podría haber encontrado a menos que lo hubiera descubierto y estudiado por sí mismo. Estudiando la Biblia, recibió una profunda convicción de su condición de pecador y creció en él un ferviente deseo de ser libre del pecado y de encontrar la paz con Dios. Cuanto más estudiaba, más descubría y su fe crecía. Jamás podría guardar este conocimiento sólo para sí mismo y anhelaba que la gente pudiera abrir los ojos y ver lo que otros habían tratado de ocultarles. Cuanto más tiempo se mantuviera a las personas incultas, más iban a creer en mentiras y a sufrir bajo el pretexto de la piedad.

Cuando hablamos de educación, debemos hablar de la educación cristiana, ya que la educación más alta que existe viene de arriba. Dios es la fuente del conocimiento y la sabiduría y Él es el mejor educador. Dios usó diferentes métodos didácticos para enseñar el plan de salvación a su pueblo, así como otros recursos para hacerlos entrar en razón y hacerlos pensar en lo que querían para ellos y para su futuro.

Lutero, un hombre usado por Dios para llevar a la iglesia de vuelta a la Biblia, creía en la educación cristiana porque defendía la Biblia como la autoridad más alta y consideraba que Cristo y las enseñanzas de la Palabra de Dios debían ser enseñadas en los niveles más altos de los centros educativos. Creía que las universidades darían forma al futuro de los líderes de las próximas generaciones y que los líderes cristianos también se verían afectados por la secularidad y la incredulidad de las enseñanzas ahí recibidas. Esa es la razón por la que abogó por universidades cristianas donde creía que se podía enseñar la verdad.

Pero tenía claro a partir de dónde debía comenzar la reforma y hacia dónde las futuras generaciones debían enfocar su atención. Necesitaban centrarse en los tiernos años de la juventud y darse cuenta de lo importante que era establecer una base cristiana para ellos a través de la cual las normas y la moral del Evangelio pudieran ser moldeadas. Esto debía hacerse desde las escuelas primarias hasta las universidades; de hecho, debía comenzar en sus hogares.

“Cerca del final del escrito de Lutero, leemos su línea clásica sobre la educación, y sus consejos serían bien atendidos por los padres de hoy: ‘Pero no aconsejaría a nadie que enviara a su hijo a un lugar en el que las Sagradas Escrituras no están en primer lugar. Todo instituto donde los hombres no están constantemente ocupados con la Palabra de Dios se corromperá. Es por eso que observamos el tipo de personas que están y seguirán estando en las universidades… Me temo que las universidades no son más que puertas abiertas que llevan al infierno,
ya que no se aplican cuidadosamente en explicar las Sagradas Escrituras y en grabarla en el corazón de los jóvenes estudiantes’.”
(https://teachdiligently.com/articles/martin-luther-on-education-reformation)

El rol de la Biblia en la educación Martín Lutero creía que la educación era para todos, ya que todos eran hijos de Dios y merecían ser tratados como tales. El principal objetivo de Martín Lutero era ensalzar a Cristo y llevar la sanación del Evangelio a todas las clases de la sociedad. Por lo tanto, comenzó su inmenso proyecto de traducir la Biblia al idioma del pueblo, ya que la única manera en que las personas podían leerla y entenderla era solamente si estaba en su lenguaje y si ellos mismos tenían la suficiente educación para leerla.

Quería liberar a Alemania del poder del papado y deseaba que el pueblo pudiera educarse y ver los privilegios y la bendición de la verdadera educación proveniente de la Palabra de Dios, que los llevaría a encontrar la rectitud y la verdadera piedad.

“Pero una Biblia en alemán era de poca utilidad para una población analfabeta. Por ello, Lutero estaba comprometido con la idea de la educación universal. Una de sus primeras acciones como joven reformador fue recomendar que los monasterios se convirtieran en escuelas, y una de las últimas fue establecer una escuela en Eisleben, donde murió en 1546. Constantemente presionó a los gobernantes seculares para que abrieran nuevas escuelas, y sus seguidores se esforzaron para que cada parroquia tuviera su propia escuela.”

“La sola idea de una clase trabajadora letrada, leyendo e interpretando la Biblia por sí misma, o haciendo juicios políticos personales,
representaba una amenaza para la cristiandad y el orden establecido.”
(https://www.handelsblatt.com/english/from-our-magazine-how-martin-luther-invented-modern-education/23567636.html?ticket=ST-5744239-djgQXPvLVOsSfrhRSyzz-ap5)

Lo que la Reforma trajo a Alemania y a este mundo fue la luz del conocimiento para todos por igual. La educación era necesaria para que la gente pudiera leer la Biblia por sí misma y no depender de la iglesia para su interpretación. La traducción de la Biblia al idioma del pueblo lo cambió todo. Sistematizó la escritura del idioma alemán y su desarrollo. El rol y la influencia de la Biblia como base de la educación y la sociedad fue grande, y los rasgos que mantienen la cultura, el idioma y las personas de hoy en día, indescriptibles.

Las mujeres y la educación

“Pero Lutero fue aún más lejos en la reforma de la educación. La Reforma dio a las mujeres de la sociedad la oportunidad de educarse. Fue Lutero quien predicó por primera vez la importancia de la educación para las mujeres. Como resultado, la cantidad de niñas protestantes que asistieron a las escuelas en comparación con las niñas católicas fue de nueve a uno.” (https://www.handelsblatt.com/english/from-our-magazine-how-martin-luther-invented-modern-education/23567636.html?ticket=ST-5744239-djgQXPvLVOsSfrhRSyzz-ap5)

La educación de las mujeres, para Lutero, significaba que las familias tendrían la Biblia en casa, y ellas podrían leerla a sus hijos. De esa manera, las normas cristianas darían forma al mundo en los años subsiguientes.

Creía que la educación no comenzaba en las escuelas o universidades, sino en los hogares. Fue de esta reforma cristiana que nació un nuevo concepto en la educación, “pietas litterata”: la alfabetización para promover la piedad. Si los jóvenes pudieran aprender los principios de la Biblia, tomarían decisiones correctas en la vida y se protegerían de muchos vicios y la inmoralidad. Al mismo tiempo, esta educación ampliaría su comprensión y juicio y vivirían en paz y amor unos con otros siguiendo los mandamientos de Dios.

La forma en que la Biblia moldeó la sociedad y la economía

Aunque la motivación de Lutero por la educación era principalmente religiosa, porque creía que una educación superior era de gran importancia para la sociedad, ese deseo produjo un poderoso movimiento que influyó enormemente en el concepto y la expansión de la escolarización.

La educación cristiana significaba para Alemania progreso, pensamiento de independencia (o tal vez, libertad de pensamiento) y éxito. El analfabetismo mantenía a la gente en la oscuridad, y no eran capaces de pensar por sí mismos o aplicar el conocimiento en todos los niveles de la sociedad. Esto significaba que el éxito no era del país sino de la elite. La educación de las masas significaba progreso y avance.

“En un estudio sobre la Prusia del siglo XIX, titulado provocativamente ‘¿Se equivocó Weber?’, se propusieron demostrar que una mejor educación triunfaba sobre la ética del trabajo en la formación del éxito protestante. En sus propias palabras: ‘Las economías protestantes prosperaron porque la instrucción en la lectura de la Biblia generó el capital humano necesario para la prosperidad económica’.” (https://www.handelsblatt.com/english/from-our-magazine-how-martin-luther-invented-modern-education/23567636.html?ticket=ST-5744239-djgQXPvLVOsSfrhRSyzz-ap5)

En esas estadísticas sobre Prusia se puede ver que, en más de 400 condados, entre 1816 y 1871, la alfabetización era un diez por ciento más alta en los condados protestantes que en los católicos. Al mismo tiempo, las comunidades alfabetizadas fueron más rápidas en aceptar el protestantismo que el catolicismo. En muchos casos, fue por imposición del gobierno; pero en otros casos, el pueblo se alegró de encontrar la verdad en la Biblia y de exponer las mentiras del papado y sus abusos contra el pueblo.

Otro punto muy importante es que el progreso económico de un país avanza gracias al estudio de la Biblia. Esto no sólo ocurrió en Alemania, sino en todos los demás países protestantes donde los principios de Dios fueron tomados en serio en sus enseñanzas y prácticas. Muchos de estos países pudieron disfrutar del progreso económico.

La importancia de la educación cristiana en nuestros días

Vivimos en una época de relativismo e incredulidad, en la que esta generación prefiere la inmoralidad y el materialismo a las normas y la fe en Dios. El resultado es simple, ya que hemos fallado en enseñar a nuestros niños y jóvenes lo más importante en la vida: un carácter como el de Cristo. Los jóvenes están siendo preparados para ganar dinero y forjar una carrera, pero muchos han fracasado en convertirse en mejores personas en la sociedad. No han aprendido lo que se necesita para defender los principios y la ética, para defender la verdad y el honor y, sobre todo, para conseguir la salvación de sus propias almas.

Tanto la reforma como la educación no son estáticas y se desarrollan continuamente a medida que nos acercamos a Dios. La verdadera educación nos ayuda a ser más considerados y amorosos. Nos hace pensar en la gente que nos rodea. Nos ayuda a restaurar el valor de los seres humanos donde el egoísmo se lo ha llevado. Sólo Dios puede darnos la verdadera sabiduría y el conocimiento que restaura y sana. Cuanto más estudiemos la Palabra de Dios y la sigamos, más nos daremos cuenta de que las lecciones y métodos de Cristo son los mejores que se han usado en la historia de este mundo, y que incluso los métodos actuales en la educación están siendo extraídos de la misma fuente de sabiduría.

Una de mis citas favoritas de Elena G. de White se encuentra en el libro La Educación, y dice: “La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia, aunque se desplomen los cielos
(La Educación, pág. 54).

Mi deseo es que todos seamos esos hombres y mujeres de honor, fieles a los principios de Dios y usados por Él para lograr un cambio en esta sociedad. Hagamos la diferencia dondequiera que estemos. Atrevámonos a hablar de la verdad y a glorificar al Creador con nuestras buenas acciones que provienen de la verdadera fe y la relación con Dios.

Necesitamos tomar esos principios de la educación de Lutero y aplicarlos en nuestras vidas. Debemos enseñar la verdadera educación a nuestros hijos y darles nuestro ejemplo personal de lo que es un carácter semejante al de Cristo y cómo se forma. Es necesario que nos demos cuenta que este es el mayor honor que podemos tener como seres humanos: ser fieles a Dios, fieles a nosotros mismos y firmes en esta sociedad en la que vivimos.

Que el Señor nos ayude a ser los educadores que este mundo necesita con tanta urgencia, para que podamos ser hoy una luz en este mundo. Amén.

por Gabriel Porras
Misionero | Países Bajos

 

 

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